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Magazine

19 marzo 2012
«Desde el ámbito de las artes, quedarse fascinado por el concepto de participación me parece peligroso»

Saioa Olmo

Roger Bernat y su equipo han estrenado “Pendiente de voto” en el Centro Nacional de Teatro de Madrid. Durante el tiempo que dura la función el teatro se convierte en un parlamento en el que los espectadores pasan a ser los actores políticos del falso debate parlamentario vigente. Las votaciones dirigen el proceso. Roger Bernat es uno de los ejemplos más significativos de cómo el teatro puede ser una plataforma para la investigación y la experimentación, sin olvidar la crítica y la emoción.


SAIOA OLMO: Ayer tú eras quien preguntaba y hoy soy yo ¿sientes que tienes el poder?

ROGER BERNAT: En todo proyecto artístico uno acepta tomar la palabra y tomar la palabra ya es tomar una parte del poder. Si además cuando yo tomo la palabra lo que hago es hacerte preguntas, sólo por el hecho de contestarme ya aceptas que yo soy el que domina la situación.

SO: ¿Cómo ha sido el proceso artístico en “Pendiente de voto”? ¿Cómo suele ser tu proceso artístico, partes de un interés, de una intuición, de un objetivo o de una hipótesis? ¿Consideras tu trabajo artístico como una investigación?

RB: Desde hace unos años estoy en este trabajo en el que nos tomamos el teatro desde una perspectiva terriblemente arcaica. Teatro entendido como ese lugar en el que se reúne una serie de gente para preguntarse qué significa vivir en comunidad y si el concepto de comunidad es real o es una fantasía que necesitamos construirnos para más o menos sobrevivir. En esa línea de trabajo, lo que estoy haciendo desde hace tiempo es ese tipo de proyectos en los que desaparece el actor como centro de la mirada y el espectador toma un poco el papel que normalmente había tomado el actor. De lo que se trata básicamente es de generar una especie de situación, un espectáculo en el que el grupo de personas que vienen a verlo formalizan algo. Es decir, el espectáculo no toma forma hasta que no llega el espectador. En la teoría de la recepción clásica, es el lector el que da forma al libro leyéndolo, pero aquí realmente ese libro casi ha desaparecido y cada función toma una forma diferente en función de los espectadores que han venido y de las vías que ellos deciden tomar. En “Pendiente de voto” esto es especialmente así puesto que vosotros estáis delante de un hipertexto y tomáis una de las vías posibles. Debe de haber unas 1.000 pantallas posibles y vosotros al final del espectáculo acabáis viendo unas cien, ciento cincuenta.

SO: ¿Dirías entonces que lo que estás haciendo es crear una situación que dejas que se desenvuelva? ¿Te sientes cómodo con el concepto “Teatro”? ¿O quizás te sientes más cómodo con otros términos como “Performance” o “Live Arts”? ¿Dónde te sitúas?

RB: Yo soy un ferviente defensor de la palabra teatro y me parece que “Performance”, “Live Art”, son palabras que hemos necesitado importar más porque el teatro ha sido monopolizado por un tipo de creación, por un tipo de interpretación de lo que ello significa y no tanto por una necesidad. Yo creo que tenemos que reapropiarnos de la palabra teatro, reapropiarnos de la tradición de la que viene el teatro, reapropiarnos del sentido de teatro público, puesto que en los países en los que vivimos, el teatro público sigue teniendo un lugar, sigue teniendo una importancia y yo soy defensor de ese lugar.

SO: Sin embargo quizás tú lo que estás ofreciendo es más una experiencia que una representación para ser vista… ¿Genera esto un tipo de conocimiento y disfrute en las personas? ¿Experiencia vs contemplación?

RB: Bueno en general ser partícipe de las cosas hace que tu relación con ellas sea más cercana, pero eso yo no lo tacharía de experiencia porque me parece que tiene ahí un elemento así como casi mágico que yo no metería en una cosa tan simple como es el teatro. Por otro lado, la experiencia teatral siempre ha tenido algo de participativo, que iba más allá de la experiencia del observador. No sé, el teatro de El Siglo de Oro, los corrales de comedias, allí no sólo se iba a ver, se iba a beber, se iba a hacer el amor, puesto que había prostitutas asociadas a los distintos teatros. Se iba a hacer un montón de cosas. No ibas ahí una hora y media, ibas allí por la tarde y te quedabas hasta la noche y aquello era como el que se va de fiesta. Y por eso estaban prohibidos los teatros intramuros, eran realmente un lugar de perdición, pero en el buen sentido de lo que el arte debería ser, esa contraimagen de la vida social. Intentar llevar esas ideas a la actualidad me lleva de una manera natural a eso que tú llamas teatro de experiencia, pero que yo no lo llamaría así, sino que simplemente por el hecho de tener un cierto grado dionisíaco, sí que tienes esa sensación de ser más partícipe, de estar más en peligro. Pero toda experiencia artística debería ponerte como espectador en esa situación de abismo.

SO: Respecto a “El espectador emancipado” de Jacques Rancière, que plantea que no se trata de hacer pasar al espectador una situación activa sino que la propia contemplación pueda ser un acto activo dependiendo de cómo se haga, ¿estarías de acuerdo con esta consideración?

RB: Sí, sobretodo porque toda la idea de la participación ha sido secuestrada por los poderes públicos. Yo creo que cuanta más participación se pide desde los estamentos de poder, de alguna manera más se está escondiendo la poca performatividad del ciudadano respecto de las políticas a las que se siente sometido. Desde el ámbito de las artes, quedarse fascinado por el concepto de participación me parece peligroso. Yo no confrontaría participación vs observación. En mis espectáculos una persona puede ser totalmente pasiva. En el espectáculo una persona puede entrar y no tocar el mando de votación, no va a cambiar nada para él. Puede seguir el transcurso del espectáculo hasta el final. Yo dejaría de lado esa discusión.

SO: Vale. ¿Cuánto de dirigido o abierto es el efecto que pretendes crear en el público? ¿haces un diseño predefinido en el que el espectador encaja o un planteamiento de una situación final es imprevisible?

RB: Es totalmente dirigido. Yo pretendo llegar a que el espectador entienda una serie de cosas y voy a hacer todo lo posible por que eso sea así. Sí que el espectador tiene muchos caminos por los que transitar, sí que el espectador tiene momentos durante el espectáculo en los que puede incluso hablar y discutir con otros espectadores de ciertos temas, pero el espectáculo te va a llevar al final a una serie de escenas donde se explican una serie de cosas. Además, en función de lo que ha pasado anteriormente, yo puedo demostrar que el espectador es mucho más previsible de lo que muchas veces pensamos. Por ejemplo en la primera parte del espectáculo se hacen una serie de preguntas, de tipo político, y en la tercera parte se repiten algunas de esas preguntas y el sentido del voto del espectador cambia. ¿Qué ha cambiado de la primera a la última parte? Que en la primera parte el voto es individual y en la última parte el voto tiene que consensuarse en un colectivo, en un partido político. Cuando tiene que consensuarse el voto, la decisión es mucho más “progresista” que en la primera parte cuando el espectador vota en íntima convicción. Y es una de las cosas que explica el espectáculo. Si eso no ocurriera así, el momento en el que yo explico “¿Te has fijado cómo ha cambiado vuestro voto?”, eso no pasaría por ahí, pero es que desde que hemos empezado el espectáculo, pasamos por ahí.

SO: ¿La lectura que hacemos de ese resultado es que las personas seguimos patrones más estándares de lo que pensamos o que las condiciones o el diseño del espectáculo hacen que todo el mundo vaya hacia una dirección?

RB: No, yo diría más. Yo diría que lo que demuestran de alguna manera estas dos escenas confrontadas del espectáculo, es que las condiciones de decisión de una comunidad cambian las decisiones mismas, lo que demuestra que una democracia representativa tiende a modelos más conservadores que una democracia más de tipo asambleario.

SO: ¿Tu proceso de creación con tu equipo de trabajo, se parece a un sistema parlamentario, dictatorial, presidencial, anárquico, asambleario…?

RB: Es interesante. Yo diría que de una manera u otra, nuestros procesos de trabajo se asimilan mucho a los espectáculos. Somos grupos grandes de personas haciendo el espectáculo, yo de alguna manera asumo la presidencia de la cámara, en tanto que ordeno los turnos de palabra etc. y al final acabamos consensuando una formalización determinada. Si quieres, de alguna manera yo tiro la primera piedra, pero funcionamos de una manera muy anarquizante.

SO: Recientemente leía al filósofo Reinaldo Laddaga que decía que “lo que los artistas de todo tipo van a consagrarse a inventar son formas de asociar la construcción de imágenes y discursos con la promoción de formas inéditas de conversación”. ¿Lo que tú tratas de crear en tus obras son nuevas formas de conversación con el público o no es un elemento prioritario?

RB: No sé si yo lo que pretendo es elaborar formas de conversación con el público sino formas de conversación entre el público. Es decir que los espectadores entren en relación los unos con los otros desde diferentes perspectivas, desde diferentes lugares. En el espectáculo esto ocurre varias veces, por ejemplo la relación que tú tomabas en tanto que única persona con el poder al final del espectáculo, con el resto de los espectadores era una relación muy curiosa y me parece que eso es parte de la riqueza del espectáculo.

SO: Me llamó la atención una pantalla en el espectáculo que decía “¿y si dejamos de votar?”. Primero la estaba interpretando como una sugerencia de la obra a abandonar el juego, puesto que “hagas lo que hagas da igual lo que votes, ya que pesa mucho más el sistema que tu votación individual”. A lo mejor el sistema estaba diciendo que los espectadores dejáramos de votar porque él lo haría por nosotros. Tu obra sin lugar a dudas explicita una situación, pero ¿crees que el arte puede proponer modelos alternativos?, ¿consideras que es su función?, ¿te interesa?

RB: Sí, creo que el arte propone continuamente modelos alternativos, porque precisamente trabaja con las formas y en esa construcción de formas aparecen nuevas posibilidades y formas más complejas, que hacen que otra manera de imaginarse la vida del ser humano sea posible. Que luego eso se traslade a la sociedad civil es lo que me parece más dudoso, pero sólo por el hecho de imaginarlo, me parece que ya se abre la puerta de lo posible.

SO: ¿Te pretendes alejar de la idea de espectáculo en tus obras o no necesariamente? ¿Cómo te posicionas ante la idea de espectáculo?

RB: Son un espectáculo. Son espectáculos, sí, en tanto en cuanto tienen que estar preñados de ese elemento dionisíaco y un poco fascinador del espectáculo ¿no?

SO: ¿Hay una reflexión a la vez que estetización del juego democrático en “Pendiente de voto”? ¿El arte con intención política o el arte sobre la política está de moda en el contexto artístico? ¿Es seña de intelecto, espíritu crítico y/o compromiso social?

RB: Yo creo que no hay más que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que es un clamor, que están rebajando el sueldo de la gente, que están echando a la gente a la calle.
Sería terrible que no fuera así, porque la indignación que se vive en la calle es muy palpable. Me imagino que sí que es posible trabajar en una línea artística mucho más ensimismada, pero entiendo que haya mucha gente que como vehículo de comunicación use el arte para denunciar, para intentar comprender, para ayudar.

A Saioa le interesan esos misteriosos seres que son las personas: con sus manías, apetencias, patrones de conducta e imprevisibilidades… y sobretodo por sus maneras de relacionarse unas con otras y con el contexto en el que se mueven. En su práctica artística revuelve sobre el comportamiento grupal y a través de sus textos intenta poner en conexión los conocimientos y experiencias que va teniendo mientras husmea en esta dirección.

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