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01 julio 2013
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Economía del arte

El tema de la exposición del verano en el Museo de Arte Contemporáneo de Cracovia (MOCAK) no es precisamente ligero. Comisariada por Monika Koziol, Delfina Piekarska y Maria Anna Potocka, Economía del arte se propone analizar aspectos como los posibles diálogos entre arte y economía, la dependencia del arte del mercado o cómo se define el valor en arte. El resultado es una exposición que reúne trabajos de treinta y cinco artistas, entre los que encontramos un estudiado equilibrio entre nombres de referencia, como Joseph Beuys, Antoni Muntadas, Alfredo Jaar, Andreas Gursky, Santiago Sierra o Rirkrit Tiravanija; una buena representación de la escena artística polaca (Rafal Bujnowski, Oskar Dawicki, Pola Dwurnik) y otros artistas bien activos en la escena internacional, como Dan Perjovschi, Christoph Büchel, Leopold Kessler, Michael Landy o Jota Castro, entre otros.

Si hace diez años el Museo Ludwig de Colonia en el proyecto Economía del tiempo proponía un tema parecido pero mucho más acotado y concreto: la ambigüedad de las nociones de producción y efectividad en arte, Economía del arte pone de nuevo en evidencia como la exposición sigue siendo un problema para los proyectos de tesis y, como ocurre demasiado a menudo, se acaba convirtiendo en un muestrario de posibilidades de aquello que el catálogo termina explorando más a fondo. En este caso, la exposición apunta diversos temas y aproximaciones, de los que mencionaremos solo algunos: la anotación “Künst-Kapital” escrita en un billete de 10 marcos por Joseph Beuys (y reinterpretado años más tarde por Alfredo Jaar); el tiempo que tardan en desaparecer 1000 $ tras sucesivos cambios de moneda (Antoni Muntadas); la destrucción de todas las pertenencias del artista planteada como una cadena de producción (Michael Landy); la subasta en ebay de la participación artística en la bienal Manifesta (Christoph Büchel); un programa de teletienda en el que se venden obras de arte (Christian Jankowski), o la actualidad comentada mediante dibujos tan directos como precisos (Dan Perjovschi).

La exposición es convencional en relación a lo que muestra y como lo muestra. Incluye diversas propuestas relacionadas con el papel moneda pero no, por ejemplo, el Time Bank iniciado por Anton Vidokle que es una propuesta real de otro tipo de economía, tan alternativa como antigua, basada en el intercambio. Y si pensamos en propuestas idiosincráticas que cuestionan la economía del arte de una manera real, encontramos a menos de 100 Km del Museo de Arte Contemporáneo de Cracovia, Bury Mis, el estudio de un artista-diseñador-inventor, independiente de galerías y mercados, que recoge tanto la herencia de Schwitters y su Merzbau como las ideas de Monte Veritá, tan apreciadas por Harald Szeemann.

Pero volviendo al catálogo de la exposición, es el texto del periodista y escritor Edwin Bendyk “La fábula de las abejas: los dividendos artísticos y la economía de Warhol” el que centra el tema y amplia el ámbito de reflexión más allá de las artes visuales. Según Bendyk, la tradicional teoría del valor no sintoniza bien con los artistas, a no ser que estos estén directamente relacionados con un trabajo productivo, es decir, creando valor en el mercado. Sin embargo, a partir de la noción de economía de la singularidad (que va más allá del valor objetivo porque tiene en cuenta otros factores y contribuciones) el arte y la cultura deberían ser tratados siguiendo el ejemplo de las abejas que narra el economista francés Yann Moulier Boutang en su libro L’abeille et l’économiste, de modo que el valor del trabajo de las abejas no vendría determinado por la producción de miel, sino por las consecuencias de su trabajo previo en las flores. “Desafortunadamente”, conluye Bendyk, “la lógica del capitalismo ha impedido que los campos del arte y la cultura se conviertan en un espacio para la inversión que expanda el prado donde las abejas puedan trabajar de forma creativa”.

El ejemplo de las abejas enlaza perfectamente con un libro del artista Antonio Ortega recién publicado y comentado aquí por Gloria Guirao no sólo por el gusto de Ortega en ilustrar sus teorías con ejemplos sino porque en Demagogia y propaganda en arte, la economía del arte es uno de los temas centrales, en este caso desde el punto de vista del papel determinante de la institución.

A Montse Badia nunca le ha gustado estarse quieta, por eso siempre ha pensado en viajar, entrar en relación con otros contextos y tomar distancias para poder pensar mejor el mundo. La crítica de arte y el comisariado ha sido una vía desde la que poner en práctica su convencimiento en la necesidad del pensamiento crítico, de las idiosincracias y los posicionamientos individuales. ¿Cómo si no podremos cuestionar la estandarización a la que nos vemos abocados?
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