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02 mayo 2013
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El Futur

Marina Vives

El Futur (el futuro) es el título que ha elegido el colectivo Morir de Frío para realizar un proceso habitual: abrir convocatoria – recibir propuestas – proceder a la selección de las más adecuadas y/o interesantes – exhibir en público. Lo que no es tan habitual es que los responsables del proyecto sean todos menores de 25 años y estén aun estudiando. Primer toque de atención.

Segundo toque de atención: el tema y las propuestas. Como en un acto natural de supervivencia, esta generación demuestra su necesidad de subir a superficie. Ahogados por cada letra de la palabra crisis, o más bien, por la retórica y práctica a su alrededor; lamentando cada anuncio de cierre, fin de subvención, disminución de ayudas, y sobre todo, agotados por cada vez que han oído decir “antes tal”, “en otra época cual”, en la línea de lo que ya apuntara Caterina Almirall hace unos meses aquí.

El colectivo Morir de frío está compuesto por Anna Dot (colaboradora de A*DESK que precisamente hablaba sobre el tema en primera persona hace unos días), Palma Lombardo, Blai Marginedas, Raquel Vila y Alba Vilamala y tienen varios frentes abiertos. A parte de sus respectivos estudios, realizan críticas de todo tipo y comisarían proyectos de distinta índole. En esta exposición, que inauguraron en l’Escola Massana el día 3 de abril y que pudo verse también -hasta el día 29 de Abril- en la Facultad de Bellas Artes de la UB, dieron con el puño sobre la mesa: se oirá hablar de ellos. El Futur congregaba piezas de Adrián Montenegro (Espejo en blanco y Pelos en la espalda); Ana Gallardo (El futur mola); Aurora Caja (Súbdits); Daniel Moreno Roldán (Exercicis d’Àrea); Xavi Rodríguez Martín (De la utopia de la projecció infantil, a la distòpia futura de la frustració adulta); Estel Boada (Béns de campana, Déu els dóna i el diable els escampa); Harley Martínez (El milagro español. Cadáveres que viven tras inyecciones de resignación); Miquel Garcia (La Asamblea); Neus Casas y Núria Gómez (Mapa Utilitari dels desnonaments); y Sergi Selvas (Chat Between Gods).

De entre todas ellas, destaca la performática propuesta de Estel Boada, quien invitó, tan fresca como sus mejillas, a los participantes de la muestra a jugarse al póquer la autoría de sus piezas. En la inauguración en La Masana, vimos como los participantes firmaban el contrato en una sala azul (oscura y de ambiente cargado), donde el verde del tapete de juego resaltaba bajo el foco del espacio central de la habitación, repleta de gente. No todos los participantes seleccionados en El Futur jugaron. Los que aceptaron el reto venido del mañana: Daniel Moreno, Xavi Rodríguez Martín, Miquel Garcia y la propia Estel Boada. Daniel Moreno ganó en La Masana, pero quien se llevó finalmente la partida (tras la timba en BBAA) fue Miquel Garcia, autor espontáneo –y por contrato- de todas las obras en juego.

El Futur significa dos cosas de forma especialmente notoria: una, que la salvia corre por el árbol por mucho que lo recorten (sin ir más lejos, la propia Estel Boada está comisariando en estos días el Ciclo Macarena de intervenciones esporádicas y extra-institucionales). Dos, que el Futuro que Morir de Frío nos deja entrever no es para nada, y a pesar de lo que nos parece obvio, desastroso.

Porque a propósito de podas: un árbol bien regado y con luz, ofrece ramas espesas y crece esplendoroso. Se cortan ramas en general para fortalecerlo y hacerlo más «armónico». Si se recorta mal, no es que el árbol muera, si no que brota por donde no se esperaba, siguiendo un orden nuevo. Y es que como apuntaba Montse Badia ayer, a pesar de las contradicciones y anacronismos que persisten en el sector, el trabajar en arte «tiene que ver con ser crítico, con cuestionarse las cosas, con el descontento, con buscar y crear sentido», algo imprescindible en el día de hoy. Ante el dantesco panorama actual de acoso y derribo a centros de cultura contemporánea (solo en Catalunya: Espai Zero1, Bòlit, Can Xalant, Can Felipa, Centre d’Art Santa Mònica, CA Tarragona…) y a la cultura en general, resulta necesario -y genera cierta sensación de efecto salvavidas-, el abrir la puerta a la opción B (o F, de futuro), sin dejar de reclamar lo que costó tanto conseguir y se ha probado como bueno. Seamos fieles a lo que está por venir, y cual árbol asilvestrado, crezcamos por donde no se nos esperaba.

Marina se pasó los primeros dos años de su vida sin hablar: les dijeron a sus padres que estaba interiorizando. Y aunque hace ya un tiempo que habla, sigue necesitando interiorizar. Y luego sacudir, dudar, ordenar y desordenar, celebrar. Encuentra política en muchos lugares y tiene un especial interés en lo subalterno, el "commons" y en los puntos donde todo impacta con la expresión creativa.

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