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23 septiembre 2019
Escritores artificiales y escritura para robots

Víctor Balcells

I

Dos mañanas a la semana las dedicábamos al estudio de las novedades en el ecosistema de Google. Primero, leíamos las noticias de los grandes portales generalistas, Search Engine Land, o bien Search Engine Journal. Luego, pasábamos a los artículos de fondo: estudios de patentes en SEO by the Sea, por ejemplo. Nuestro oficio, el de posicionadores, nos exigía comprender con la máxima profundidad posible cómo funcionaba el algoritmo de indexación de Google y anticiparnos a sus evoluciones. En cartera, teníamos algunas webs comerciales con varios millones de usuarios mensuales. Portales web cuyos puestos de trabajo dependían del tráfico que conseguíamos los posicionadores.

Extraño oficio, el de SEO (Search Engine Optimization), sacerdotal y divagante; la servidumbre a un dios oscuro que, para mí, de alguna forma ya toca a su fin. Hay un desgaste incesante, una cuadriculación de la mente que se acostumbra a pensar constantemente en términos mecánicos. Uno, tarde o temprano, debe abandonar este oficio por puro cansancio. Por no poder seguir el ritmo de la bestia indexadora.

En la horas muertas, cuando ya habíamos dado respuesta a los clientes y toda contingencia había sido abordada y resuelta, nos entregábamos a la experimentación técnica. Pensábamos: ¿Qué podemos hacer con este conocimiento que tenemos? Porque: si logramos posicionar páginas webs de coches, portales gigantescos de información de salud, ¿por qué no probar con algo más sofisticado? En esas horas muertas, creamos webs extrañas e informes, con la intención de ver cómo respondía el algoritmo de indexación a planteamientos anómalos. Uno de esos proyectos tuvo un desarrollo parcial pero es el que quiero rescatar para este artículo, cuyo tema es la impostura.

Ya que a algunos de nosotros nos gustaba escribir (de forma diletante), se nos ocurrió inventarnos un escritor de ciencia ficción y tratar de posicionarlo primero en la indexación orgánica de Google y luego en la red de ebooks de Amazon mediante técnicas artificiales de posicionamiento. Decidimos planearlo todo de la manera más sofisticada posible. Una manera, o técnica, que reseñaré aquí resumidamente y a efectos imaginativos. Para señalar, a su vez, que la industria del ebook por internet funciona de esta manera, artificialmente, y para ver cómo es posible el éxito, aunque parcial, tan sólo con el dominio de la técnica.

 

II

Lo primero que hicimos fue construir una página web de temática literaria y optimizada para los buscadores en el dominio escribien.com. Hay más de doscientos factores, si es que es factible decir un número, que determinan el posicionamiento de una web. Pero sin duda, los esenciales, son el contenido, la estructura, la velocidad de carga y el link building (considerando que cada una de estas palabras esconde muchos otros factores susceptibles de optimización). Nuestro objetivo fue consolidar una página web informativa sobre dos temas: escritura creativa y gramática. En la sección de gramática, publicamos exhaustivas guías del estilo: “Tipos de preposiciones: guía completa”. En la sección de escritura, publicamos exhaustivas guías del estilo: “Cómo escribir una novela en nueve pasos”. Siempre a partir de una investigación previa a través de herramientas como Ahrefs o Semrush para saber qué busca la gente en internet, de qué manera, y que dificultad de posicionamiento tiene cada búsqueda. Con estas herramientas analizábamos el contenido de la competencia, así como los mejores resultados indexados: con el objetivo de igualarlos y superarlo. El contenido se escribía para el usuario pero teniendo en cuenta las complejas reglas inferidas de lectura de los robots. Escritura para robots, en definitiva. A su vez, comprábamos paquetes de enlaces en páginas como Enlazator o Enlazalia y creábamos lentamente estructuras de enlaces externos que sortearan los mecanismos de vigilancia del algoritmo Panda de Google. Luego, en páginas como Publisuites, Prensarank o Leolytics, comprábamos enlaces de mayor autoridad en periódicos y webs de relevancia (muchos de ellos muy conocidos y de lectura diaria para el ciudadano promedio español). La construcción de autoridad externa (medida con métricas como el Domain Rating de Ahrefs), si se hacía bien y en conjunción con un buen contenido y una optimización del tiempo de carga de la web y otros factores, redundaban en el grial de todo SEO: tráfico orgánico.

Así, a lo largo de un año tejimos una red cuyo objetivo era capturar tráfico interesado de alguna manera en temas literarios. [Aquí empieza la parte imaginativa, no desarrollada]. En la misma web empezamos a ubicar reseñas de libros y algunos artículos fundamentales para nuestro objetivo, crear a un autor de ciencia ficción de la nada. Uno de ellos era, lógicamente, la guía: “Los mejores libros de ciencia ficción hasta 2019”. Nuestro objetivo aquí era posicionar una guía de lectura para interesados en la ciencia ficción. Una vez posicionada, ubicaríamos a nuestro autor. Con el mismo objetivo posicionamos “Los mejores libros sobre naves espaciales” o “Los mejores libros de terror”. Primero realizábamos el estudio, luego aplicábamos la técnica cuidadosamente y, finalmente, recibíamos tráfico.

Esto sucedía sin incidentes ni problemas siempre y cuando no hubiera cambios de algoritmo. Con los cambios de algoritmo el buscador se hace más inteligente y más vale que uno haya sido muy fino en su táctica si no quiere ser descubierto y penalizado. Así, en poco tiempo, teníamos una web con varios miles de usuarios diarios, con un porcentaje importante de ellos entrando directamente en nuestras guías de “libros de ciencia ficción” y otros. Usuarios interesados en la lectura y los libros.

 

III

Por otro lado, escribimos un libro de relatos. Lo titulamos “El futuro ya no es lo que era” porque nos pareció una palabra clave interesante. Dicha palabra clave, según Ahrefs, se busca 2200 veces (a fecha agosto 2019) y tiene una dificultad 0. Al parecer, corresponde con una pésima película de 2016. Por lo que ahí teníamos un hueco para ubicar nuestro libro. Incluso el título de nuestro libro era SEO e íbamos a posicionarlo para obtener tráfico. Y, naturalmente, en ningún momento voy a entrar en materia acerca de qué escribimos, qué literatura hicimos, o no, porque para el caso eso es totalmente irrelevante. Si nos aseguramos de que por lo menos uno de los relatos tuviera una mínima calidad, para ofrecerlo como muestra gratuita descargable.

Una vez hecho el libro, lo subimos a Amazon KDP y e implementamos enlaces de compra en todas nuestras guías de lectura posicionadas en la web. A continuación, compramos reseñas de influencers del mundo cultural y literario, a ser posible especializados en ciencia ficción o cosas afines, en Tomoson. Financiamos en esta ocasión las adquisiciones con el dinero que habíamos cosechado en nuestra web de la publicidad y, a su vez, de revender espacios para artículos. Es decir, nos autofinanciábamos. A su vez, puesto que conocíamos bien los nichos de ads de tema cultura, compramos tráfico en páginas como Exoclick, Adwords o Facebook Ads. A su vez, nos encargamos de posicionar nuestro producto en Amazon, con su respectiva técnica asociada. En esencia, construimos un canal, un chorro a presión, una eyaculación suprema de tráfico especializado sobre banners, páginas de aterrizaje y toda clase de reclamos para la compra de un libro para el que, por otro lado, habíamos creado decenas de reseñas reales pero artificiales, dándole un aura y un empaque que en absoluto tenía. Lo escribimos en apenas una tarde, para pasar el rato. Recibíamos tráfico orgánico que compraba, y tráfico pagado que compraba. Este procedimiento, con múltiples variantes y sutilezas es el que utilizan centenares o miles de ebooks que ahora mismo copan las listas de venta.

Con inteligencia y finura es posible construir mentiras de la nada. Ignoro hasta cuándo, y con qué efectos.

 

Víctor Balcells Matas (Barcelona, 1985). Es licenciado en Humanidades y Comunicación Audiovisual por la Universidad de Salamanca. Ha trabajado como editor, crítico literario, vigilante de seguridad, operador del metro y en la actualidad es especialista en posicionamiento. Es autor de los libros de relatos Yo mataré monstruos por ti (2010), y Aprenderé a rezar para lograrlo (2017), finalista del Premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en España. En el ámbito del arte contemporáneo, es autor del libro de artista 189 errores (Can Editions, 2017) fue finalista del premio Art Nou en 2016.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)