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Magazine

27 febrero 2014
Fran Meana,
¿Estoy paseando o estoy trabajando?

Juan Canela


Cuando uno se desplaza hasta Madrid para ir a ARCO, siempre es recomendable visitar alguna de las muchas exposiciones en marcha en la ciudad, salir del recinto ferial y volver a ver arte en espacios más amables. Así que el viernes decidí darme un paseo matinal por Doctor Fourquet, que estos días reúne un puñado de interesantes propuestas expositivas.

Fran Meana ha desplegado una serie de extrañas piezas de cemento en las paredes de NoguerasBlanchard. Son detalles de los relieves de las Escuelas Ave María de Arnao, creados en 1913 por la Real Compañía Asturiana de Minas como parte de un complejo microcosmos industrial situado al borde del Cantábrico. Meana, a través de un proceso en el cual se entrecruzan técnicas digitales y analógicas, ofrece una mirada fragmentada que deja ver sólo algunos detalles de los relieves originales. Las formas resultantes son instaladas por el espacio entre modulos metálicos, imágenes y documentos, generando cierta sensación de incertidumbre y desasosiego.

Pensar bien y dibujar mal –así se titula la muestra- da continuidad a la investigación en torno al pasado industrial de su región de origen. Estos relieves son uno de los pocos restos materiales de un momento clave del desarrollo industrial de la zona y, según Meana, señalan un momento en el cual el trabajo físico empieza a transformarse en producción cultural e inmaterial. Un cambio en la actividad productiva, que se atribuye comúnmente a la llegada del capitalismo cognitivo pero que en realidad estaría ya inscrito en el inicio de la revolución industrial. En efecto, en una evolución lógica, ese componente de desmaterialización está ya inscrito en el ADN del capitalismo, un sistema que aspira a una circulación sin fricción, a un intercambio instantáneo.

Inmiscuidos de lleno en esa evolución, el artista y los trabajadores culturales nos hemos convertido en punta de lanza del sistema, en un engranaje esencial en la nueva fábrica de ideas y conocimiento capitalista.

Unas puertas más abajo, en García Galería, Elena Bajo reúne otra serie de restos arqueológicos, en este caso del proceso de producción artística: varios papeles y cartones con restos de pintura, cortes y arañazos del cristal procedentes de talleres de enmarcación son ahora enmarcados como si fueran un nuevo trabajo, configurado esta vez por el azar de la culminación.

En An Arbitrary Issue, Bajo reutiliza el concepto de ready-made deconstruyendo el objeto artístico en sus componentes económicas, laborales o sociales. Los restos de pintura funcionan como archivo de tiempo y forma e investigan el ritmo que se establece en la producción, cuestionando el límite entre la labor mecanizada y la producción artesanal, e incidiendo de nuevo en esa incierta dicotomía entre trabajo manual y producción cultural.

Si Meana visibiliza el desplazamiento de la factoría al espacio social que permite al artista cuestionar las relaciones entre las formas de producción y la construcción de símbolos e imágenes, en un movimiento similar, Bajo nos induce a cuestionar el concepto de imagen, lo que esperamos encontrar en ella y las nociones de autoría y premeditación.

Y apurando un poco más, si en los relieves de Meana la abstracción y el extraño aspecto atemporal de las formas eran fruto del cruce de técnicas digitales y analógicas usadas en el proceso, en los cartones de Bajo los restos azarosos de otros procesos de enmarcado son re-enmarcados y, mediante ese desplazamiento, pasan a formar parte de lo cognitivo. Pero quizá lo verdaderamente reseñable es que en ambos casos existe una verdadera dificultad para identificar qué es el trabajo y dónde tiene lugar, un síntoma particularmente característico de nuestro día a día.

Porque, al fin y al cabo, este viaje a ARCO por ejemplo… la visita a la feria, a las galerías, a exposiciones… las reuniones con artistas, con curadores, con galeristas, con amigos… con amigos que son artistas que son curadores que son… ¿esto es trabajo o es ocio? ¿dónde empieza uno y acaba el otro? ¿es posible todavía diferenciarlo, o se ha convertido en un ente indescifrable e indisoluble? Y sobre todo, ¿quién se beneficia de nuestro trabajo, nuestra flexibilidad, nuestros no-horarios, nuestra súper-movilidad y nuestra precariedad?

Pues eso, ¿qué es el trabajo y dónde se produce?

Juan Canela es comisario independiente. Tras muchas vueltas, hace unos años que vive en Barcelona. Entiende el comisariado como un espacio de trabajo que se bifurca en diversos formatos - exposiciones, acciones, encuentros, libros, charlas, radio, paseos, baile, - en el cual lo performativo tiene un papel relevante. Entiende la escritura como una vertiente más de su práctica curatorial.

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