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Magazine

06 febrero 2007
Los años que nunca volverán…

David Armengol

Another Album, título de la exposición que Johanna Billing (Jönköping, Suecia, 1973) muestra actualmente en el Espai Montcada – Sala 4 de Caixafòrum, remite directamente a la carga emocional y nostálgica que solemos encontrar en un disco tributo, ya sea a un músico, banda de culto o, como muestra dicho trabajo, a una escena musical específica: la desconocida – al menos en España – Novi Val (“nueva ola”) que caracterizó el ambiente cultural y musical de la antigua ex Yugoslavia durante la década de los 70 y los 80, algo truncado de manera irreversible a partir del conflicto bélico de los 90; un rico contexto musical, con infinidad de grupos, sellos discográficos y distribución nacional que ya nunca más volvió a recuperarse.


Pese a ser un video excelentemente filmado (y expuesto en sala con un efectivo display) Another Album supone a su vez un homenaje colectivo, melancólico y sutil a dicha Novi Val yugoslava, una colección de canciones clásicas en las que unos intérpretes esporádicos – en este caso un grupo de jóvenes treintañeros que beben, tocan la guitarra y cantan una noche cualquiera de verano en la isla de Krapanj, en la costa croata – incorporan a los temas originales un importante poso de memoria y recuerdo personal desde un presente – evidentemente más estable – aunque herido de por vida.

Quizá es en este perfecto equilibrio entre cotidianidad banal (una cena de amigos gratamente amenizada por el alcohol y la música en el jardín) y compromiso político (la recuperación emotiva de un legado cultural y juvenil destruido por la guerra) donde reside el gran poder de atracción y seducción de Another Album, y del trabajo de Johanna Billing en general, muy sensibilizado y próximo a la historia reciente de los Balcanes debido al hecho de vivir en Croacia durante 2004 y 2005.

Another Album se convierte en un tributo en primera persona del plural con 27 temas interpretados en directo que recuperan de manera afectiva algunos de los hits míticos del rock yugoslavo que tanto marcó (o debió marcar) a determinadas generaciones de jóvenes.

A partir de esta estancia de la artista en Croacia, concretamente en Zagreb, surge Magical World (2005), verdadero preámbulo de Another Album, y primer análisis en profundidad del impacto dramático del conflicto bélico en relación a la música popular yugoslava y su incapacidad de resurgimiento posterior. Y ahí, en esas micro-historias secundarias, como la reflejada por la escena rock, sus grupos de referencia y su inevitable fragmentación o desaparición, es donde la artista encuentra las herramientas necesarias para cuestionar y reflexionar sobre aquello que nos rodea, nos marca o nos condiciona de manera directa o indirecta.

En este sentido, Another Album puede recordarnos – por la belleza y la sencillez de sus imágenes: primeros planos de los jóvenes, tomas generales del jardín, de la mesa repleta de botellas, pequeños detalles como la luna, el viento sobre las ramas, un perro, ritmo lento, silencioso… – a un cine cercano a Eric Rohmer (podría ser una bonita escena de amistad de “Cuento de verano”); un momento en el que prácticamente no pasa nada aunque, como también sucede en las películas de Rohmer, muchos son los detalles que se remueven a nivel emocional, y que de hecho llegan al espectador a partir de otras estrategias de relato. Algo parecido pasa con el lenguaje fílmico de Johanna Billing. Por un lado apuesta por una construcción narrativa sin diálogos, sin comunicación oral entre los personajes, otorgándole así todo el protagonismo a las canciones o fragmentos de las mismas que intercambian entre ellos. Por otro lado, y como apuntaba al principio, la carga emotiva de la acción se intensifica por la noción de memoria, pérdida y nostalgia de tiempos mejores. De hecho, Another Album se convierte en un tributo en primera persona del plural con 27 temas interpretados en directo (con un par de guitarras, unas maracas, unas palmas, etc…) que recuperan de manera afectiva, amistosa y personal algunos de los hits míticos del rock yugoslavo que tanto marcó (o debió marcar) a determinadas generaciones de jóvenes.

No obstante, es cierto que, sin un conocimiento previo de dicho contexto musical, resulta algo complejo entender realmente las intenciones de la artista – más allá de disfrutar de un momento entrañable de amistad, canción y nostalgia que todos hemos vivido, seguro, más de una noche. Por este motivo, resulta fundamental para una buena recepción de la pieza el folleto – en formato libreto desplegable de cd – que acompaña la proyección de Another Album: un material textual ameno y riguroso a la vez que ofrece breves textos informativos dedicados a cada uno de los 27 temas interpretados en el video. De este modo, podemos conocer – seguramente por primera vez para el visitante del espai Montcada – la historia de algunos grupos clave para la música popular contemporánea de los Balcanes (al margen de Goran Bregovic o la No Smoking Orchestra de Emir Kusturica, más familiar para nosotros gracias al cine de este último), como por ejemplo la banda de rock croata Azra y su líder Branimir “Johnny” Stulic, uno de los referentes más carismáticos de la New Wave de la antigua Yugoslavia; el grupo de rock bosnio Bijelo Dugme (considerado por algunos críticos como los Beatles yugoslavos); los también bosnios Zabranjeno Pusenje, con un sonido garage de influecias folk que los convirtieron en uno de los principales fenómenos musicales de los años ochenta o el grupo de Belgrado Idoli (considerada la banda del año en 1982) que, con su single “Retko te vidjam sa devojkama” ofrecieron la primera composición de temática gay de los Balcanes accesible al gran público.

En definitiva, y como su propio título indica, Another Album ofrece realmente otro álbum posible (es interesante plantearse la pieza como un disco en directo) en el que de manera efectiva y sugerente se enlaza el pasado reciente de la antigua Yugoslavia con el presente y la situación actual tras un conflicto bélico de tal magnitud. En este sentido, el hecho de que Another Album hable del circuito musical, no supone una relajación de la tensión dramática de la pieza. Más bien al contrario, reflejando así una crisis de valores a gran escala, capaz de afectar a todos los niveles, evidentemente al humano pero también al cultural.

Mientras escribía, inconscientemente me venía a la mente un pegadizo estribillo de los Selenitas, un grupo de pop de Barcelona desaparecido ya hace unos años. Es cierto, no hay que dejarse llevar en exceso por la nostalgia, pero realmente hay años que nunca volverán. Y eso hay que asumirlo.

David Armengol (Barcelona, 1974) es comisario independiente y combina su práctica curatorial con otras actividades paralelas como la gestión cultural y la docencia. Le interesa especialmente la música, la naturaleza y el relato, pero desde el ámbito del arte contemporáneo. Es decir, no sabe tocar ningún instrumento, no es un gran aventurero y no domina el arte de narrar. En cierto modo, le basta con que sus pasiones sonoras, paisajistas y narrativas convivan en el formato de una exposición. Por eso siempre piensa en artistas.

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