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Magazine

15 abril 2014
Stools. 6000 taburetes de madera de la Dinastía Qing (1644-1911), diferentes tamaños © Ai Weiwei
Nombra a un artista chino en menos de diez segundos

Marina Vives


Si tuvieras que pronunciar el nombre uno de los mil trescientos millones de habitantes que viven en China, ¿cuál sería? Si tuvieras que nombrar alguna de las problemáticas socio-políticas y culturales más relevantes que ocurren en uno de los países más poderosos del planeta, ¿cuáles serían? Si te plantearas visibilizar e internacionalizar alguna de estas cuestiones, ¿cómo lo harías? Si las respuestas te resultaron relativamente fáciles, ¿te han parecido por ello poco importantes?

Desde el pasado dos de abril, el Museo Martin Gropius Bau ofrece lo que la prensa alemana insiste en subtitular como la “mayor exhibición en Berlín” de Ai Wei Wei. Y como suele ocurrir en esta ciudad con exposiciones de tal importancia, las colas se suceden en la entrada del edificio durante semanas. Pero una vez dentro, ‘Evidence’ no solo aporta evidencias, como título y artista resuelven de un plumazo, también resulta demasiado evidente a nivel de lectura, y esto puede ser motivo de disgusto para algunos. El caso es que más allá de la grandeza mediática a la que parece haberse abonado el ‘Gropius Bau’[[Al mismo tiempo presenta la exposición sobre David Bowie del año pasado en el Victoria&Albert Museum de Londres, otra de Richter y otra de Wols, fotógrafo alemán de los años 30, y no hace tanto, estuvo la “grandísima” muestra de Anish Kapoor.]], las dimensiones de la muestra son indiscutibles:

En número, porque el artista y activista chino parece tener cierta tendencia a contabilizar. 6000 son los taburetes tradicionales de madera que te reciben en la gran sala de la claraboya (Lichthof) de entrada: Stools es una impactante plantada del que fuera el mueble más usado en cada hogar chino durante varios siglos de la Dinastía Qing (algunos de ellos tienen más de 500 años), y ahora rechazado a nivel doméstico en aras del plástico de la modernidad. 81 son los días que Wei Wei pasó ilegalmente en prisión en 2011 y el título de la reproducción exacta de su celda. 4851 da nombre al video que comprende los más de (actualmente) 5000 nombres recopilados por iniciativa del artista y con colaboración ciudadana tras el silencio gubernamental posterior al desastroso terremoto de Sichuan, en 2008.

En discurso, porque sea a partir de cifras o no, la ideología ocupa un lugar fundamental en la biografía y obra de Wei Wei. Piezas que se desarrollan a través de un proceso más poético o simbólico también se caracterizan por ser percutores de una realidad que el artista desea señalar, poner en evidencia, y en fin, denunciar. Una plaga de cangrejos de porcelana (He xie) rememora su fiesta –vetada- para acompañar la destrucción de su taller, al lado del río, por orden policial. Jarrones de la dinastía Han, recubiertos con una capa de pintura metalizada para automóvil, desactivan en sí mismos la poderosa preeminencia de su historia y su propia veracidad. Circle of Animals (cabezas doradas de animales zodiacales) disparan a la idea de autenticidad (versus fake), la legitimidad del patrimonio o la repatriación.

Al pasar de una sala a otra no solo se ven piezas del artista chino más conocido a nivel mundial. Con muy poco esfuerzo también se entiende una evidente crítica política y lucha por los derechos humanos. En cuatro de las salas las paredes están recubiertas por algunos de los certificados firmados que Wei Wei envió a cada ciudadano chino que le ayudó a pagar los 17M€ de su acusación por corrupción. Es verdad, no hay que escarbar mucho para darse cuenta de que la selección y disposición de las obras en Evidence demuestran el triunfo del artista chino en su voluntad de transformación de una realidad que quiere denunciar: la traslación de ideología a experiencia tangible directa, mediante el uso de materiales, cantidades o prácticas, es automática. Wei Wei conoce su condición y juega sus cartas como le da la gana; acaso por ello su exhibición viaja a Berlín y él sigue sin visado para salir de China, cautivo en un país donde quizás con pocas capas ya se pueda decir mucho.

Al salir de la exposición la palabra que me vino a la cabeza fue “fácil”, pero ese pequeño fastidio mutó, en pocas vueltas de rosca mental, en celebración de la eficacia: A un discurso claro, un producto claro. Ante una crítica específica, un objeto; instalación; acción; edificio; demolición, lo que sea que convenga, también claros. En cualquier caso, dudo que a partir de ahora esta argüible ausencia de fondo en la obra de Wei Wei me resulte oportunista o solamente mediática. Y si esto ocurre, será para mi un síntoma de éxito en cuanto a los propósitos del agitador chino, porque sí, puede que sus herramientas sean fáciles de interpretar, pero no por ello, teniendo en cuenta el propósito de su existencia, menos importantes.

Marina se pasó los primeros dos años de su vida sin hablar: les dijeron a sus padres que estaba interiorizando. Y aunque hace ya un tiempo que habla, sigue necesitando interiorizar. Y luego sacudir, dudar, ordenar y desordenar, celebrar. Encuentra política en muchos lugares y tiene un especial interés en lo subalterno, el "commons" y en los puntos donde todo impacta con la expresión creativa.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)