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Magazine

16 septiembre 2019
Polifonía impostada

Vatiu Nicolás Koralsky

Alguien decide hacer un focus group con 20 artistas de habla hispana residentes en Barcelona venidxs de distintas partes de Latinoamérica y España para  consultarles y estudiar  sus opiniones sobre “las imposturas”. En un cubo blanco se disponen 20 sillas, ingresan lxs participantes, todxs saben la consigna y el tema que lxs convoca. Los primeros minutos son incómodos.  Alguien rompe el silencio del círculo diciendo que la impostura tiene que ver con hacerse pasar por otrx. Alguien dice que es una forma de engaño. Alguien suelta que a lo único que no se puede engañar es la muerte. Alguien conceptualiza diciendo que la impostura es asumir la fijeza de algo o alguien para transformarse en ello. Alguien explica que confunde impostura con postura y postura con postureo y con descompostura. Alguien dice que postura es el modo de un cuerpo de acatar una orden y el riesgo de sostener una misma postura es la inmovilidad. Alguien dice que la impostura pone en cuestión la idea que se puede ser unx solx. Alguien agrega que hablar de una identidad “propia” es ficción. Alguien dice que la identidad es la repetición de eso que creemos ser. Alguien dice que la única identidad que conoce es la de las arrugas, esos surcos en la piel que muestran la vitalidad expresada. Alguien enuncia que la impostura es algo que se interpone ante la verdad. Alguien dice que “la verdad” no existe. Alguien dice que leyó que “el éxito personal consiste en realizar imposturas, infiltrar identidades vacantes”. Alguien señala que la impostura está vinculada con la mímesis, con la copia. Alguien dice que el concepto rompe con la idea de lo único, lo auténtico y la autoría. Alguien dice que no hay nadie que sea unx. Alguien dice que la legitimación se produce por repetición. Alguien dice que tanto en la impostura como en la  “identidad”, lo sensible se endurece. Alguien dice: “hablar de impostura es trabajar con una constelación de conceptos, entre ellos: lo verdadero y lo falso, el aura y lo auténtico,  las verdades como correspondencia, las verdades pragmáticas, lo comprobable, la hermenéutica y  las interpretaciones, el fraude, la verdad y la posverdad, el autor como impostor, los simulacros, los artificios, y las poses”.  Alguien dice que prefiere correrse del saber académico y sus solemnidades, porque también son una impostura. Alguien dice haber llorado cuando descubrió  –en medio de un show de MTV y por culpa de un disco rayado– que el dúo alemán Milli Vanilli era una farsa. Alguien coge el móvil y dice que llora de risa cada vez que ve a Thamsanqa Jantjie, el falso traductor en la ceremonia de entierro de Mandela. Alguien dice que llora al darse cuenta del dinero que gastó comprando por teléfono en la década de los 90 pastillas para adelgazar, productos para quitar las manchas, aparatos para abdominales.  Alguien expone: “Todo acto de consumo es un acto de fe”.  Alguien apunta que  Welles es el maestro del engaño y que lo ha comprobado con  The War of the Worlds y el mítico episodio de Octubre de 1938 de la serie radiofónica The Mercury Theatre on the Air, donde cientos de personas creyeron lo que estaban escuchando y despavoridas se agolparon en las calles de New York y New Jersey intentando escapar a los gases de la invasión extraterreste. Alguien comenta que ese es el antecedente a las Fakenews, y a cómo los medios de comunicación pueden manipularnos. Alguien confronta diciendo que Welles  superó su “Guerra de los dos mundos” con la película F of Fake (1973), traducida al castellano como “F” de  Fraude o de Falso. Alguien explica que la película, ya con su título, adelanta que seremos engañados. Alguien dice que “F” instala la falsificación como una de las bellas artes y es un trabajo de montaje indiscutible. Alguien declara que tuvo que verla tres veces para entenderla porque no podía seguir el relato dentro del relato. Alguien cuenta el argumento de “F” diciendo: “se trata de la historia de un falsificador de arte, Elmyr de Hory y su representante Clifford Irving; el primero falsifica pinturas (Modiglianis, Picassos, entre otros) que el segundo introduce a diversas colecciones de arte en el mundo”.  Alguien explica que, hasta aquí, parece ser una historia más, pero Welles se encarga de poner una capa sobre otra capa manipulando los fragmentos, dando a ver una falacia donde podemos intuir la verdad. Alguien cree que Welles nos hace chocar con los límites de la representación y nos pone en el lugar del estafador estafado. Alguien considera que Welles subvierte la idea instalada de que el cine documental muestra “lo verdadero”. Alguien dice que lxs productorxs de El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999) fueron más astutxs que el propio Welles, porque por cada dólar que invirtieron en la película, produjeron diez mil dólares en recaudación, siendo la rentabilidad inversión/taquilla más alta de la historia del cine. Alguien explica que en esos falsos documentales se usa la técnica del  found footage. Alguien pregunta qué es eso. Alguien explica lo que es. Alguien dice que El proyecto de la bruja de Blair no es un documental y no está hecho con found footage. Alguien dice que el found footage es viejo, que ahora está probando con el deep fake. Alguien pone cara de no saber que es eso. Alguien cuestiona la ética de los deep nudes. Alguien dice que es amiga de Bill Posters, el artista que hizo el deep fake Spectre (2019) viralizando la imagen de Mark Zuckerberg contando como vulnera nuestra privacidad y usa nuestros datos. Alguien dice que este tipo de piezas nacen en respuesta a la manipulación social que produjo Cambridge Analytica. Alguien revela que se partió de risa cuando vio el deep fake que hizo Posters de Marina Abramovic y  de Kim Kardashian. Alguien recomienda ver el trabajo del colectivo Brandalism del cual forma parte Posters. Alguien pregunta si se parece al trabajo de Banksy. Alguien agrega Banksy “cotiza en bolsa” y se vende en Sotheby’s. Alguien comenta la subasta de su obra autodestructiva. Alguien dice que hay varios que dicen ser Banksy, que Banksy no existe. Alguien relata la historia de Petia Cervera Krupova, una artista emergente de origen búlgaro compuesta con todos los ingredientes necesarios para ser la favorita para ganar cualquier convocatoria de arte. Alguien agrega que Petia es como un perfil falso de Facebook hecho realidad. Alguien dice que Petia es para lxs comisarios y juradxs de arte el equivalente a Megan en el documental Catfish (Henry Hoost y Ariel Schulman, 2012), donde el director cree haber encontrado al amor de su vida en una joven que solo conoce a través de Facebook. Alguien dice conocer a lxs inventores de Petia. Alguien dice ser lector de Vila-Matas y que su literatura está plagada de la impostura como un recurso literario. Alguien recuerda al Desconocido, a Barnaola, al Doctor Virgil, tres de los personajes de una de sus novelas ambientada en una Barcelona en donde nadie quería ser quien era. Alguien recomienda la lectura de El Impostor de Victoria Ocampo y agrega que la impostura es un desdoblamiento, una equivocación en donde alguien está en un lugar que no debería estar. Alguien dice: ”es el reemplazo de uno por otro, es un acto de suplantación”. Alguien dice que la suplantación de identidad le recuerda a la historia de Nicholas Barclay, un niño desaparecido en San Antonio (Texas, USA)y encontrado años después en Linares (España). Alguien incorpora que ese caso es el argumento del documental El Impostor (Bart Layton, 2012). Alguien diagnostica al personaje y dice que el impostor (Frédéric Bourdin, un joven francés que logró ser reconocido por la propia familia de Nicholas sin parecerse en lo más mínimo, sin siquiera tener la misma edad, sin poder hablar inglés sin acento) que aparece en el documental es un padeciente mental. Alguien empatiza con Bourdin y se enternece con su engaño. Alguien dice que la impostura trabaja con la necesidad y el deseo que puede tener otrx de que algo o alguien sea verdadero. Alguien se pregunta si están hablando de la película de Isa Campo e Isaki Lacuesta (La propera pell, 2016). Alguien confunde el documental con la película que protagonizó Angelina Jolie (El sustituto, Cilnt Eastwood, 2008). Alguien relaciona  El impostor con la película El empleo del tiempo (Laurent Cantent, 2001). Alguien recita el argumento: “un hombre afectado por el desempleo le hace creer a sus familiares y amigos que trabaja en Naciones Unidas, sosteniendo una farsa día tras día”. Alguien sostiene que esa película está inspirada en la vida de la Jean-Claude Romand que decía  tener la cura contra el cáncer y trabajar como alto funcionario en la OMS. Alguien añade que Romand, cuando no pudo sostener más la farsa, asesinó a toda su familia. Alguien dice que algunos impostores, como la catalana Alicia Esteve Head, que se hizo pasar por Tania Head, una sobreviviente de los atentados del 11 de septiembre,  han ayudado mucho a las víctimas de las Torres Gemelas. Alguien agrega que Alicia estudió en ESADE. Alguien recuerda que el padre de la impostora es el empresario acusado de fraude Francisco Esteve Corbella. Alguien confiesa que el nieto de Corbella le compró varias piezas para su colección privada. Alguien dice que nunca le vendería su trabajo a un estafador. Alguien le llama moralista. Alguien dice que es sobrino de Alicia. Todxs se quedan mudxs. Alguien se esfuerza por remontar la charla diciendo que el engaño en el cine comercial vende y que en la última semana vio dos películas que rodean el tema de la impostura: Can you ever forgive? (Marielle Heller, 2018)The Kindergarten Teacher (Sara Colangelo, 2018). Alguien  agrega que las dos protagonistas son mujeres y blancas. Alguien comienza una discusión sobre las prácticas coloniales en el cine de Hollywood. Alguien le pide que se concentren en el tema que lxs tiene en esa habitación sentadxs. Alguien dice que “todo tiene que ver con todo”. Alguien dice que si hablamos de Hollywood Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002) y  El talento de Mr. Ripley (Anthony Minghella, 1999) son sus preferidas. Alguien hace referencia a las películas de Gastón Duprat, Mi obra maestra (2018) y El Artista (conjuntamente con Mariano Cohn, 2008), dice: “son radiografías del engreimiento y la petulancia característicos del mundo del arte”.  Alguien dice que uno de los engaños más grande del arte se reveló cuando Max Aub fue descubierto como el creador de Jusep Torres Campalans (1886–1957), quien había sido considerado uno de los fundadores del cubismo. Alguien anota que Roberto Jacoby, Raúl Escari y Roberto Costa, realizaron en Julio de 1966 El happening de Participación Total o Happening para un jabalí difunto, haciéndole creer a la prensa un evento que nunca sucedió. Alguien agrega que esa experiencia armó un revuelo inusitado. Alguien señala que Jacoby es uno de los precursores del arte de los medios. Alguien dice que el medio del arte es una gran impostura. Alguien explica que ella misma se engaña todos los días a causa de la precarización que vive cómo artista. Alguien sentencia que si no eres precaria, no puedes definirte como artista contemporánea y, si eres artista contemporánea y precaria, no tienes pasta para producir. Alguien relata que las artistas, cuando dejan de ser emergentes y se consolidan, pierden sensibilidad y se alejan de los problemas “reales”. Alguien dice que hay un ejército de hijxs de familias blancas clase media-alta eurocentradas que estudian arte para ser un poco más cool, y que son un  híbrido hipster, trash, gender fluid, progre; que posiblemente se autodenominen anarco, vegans y feministas. Alguien dice que un buen ejemplo es la hija del presidente Macri o el hijo de Cerati o la hija de Marcelo Tinelli. Alguien grita: ¡Macri  Gato!. Alguien dice que estxs artistas tienen “culpa de clase”. Alguien menciona a la sobrina de Vargas Llosa y a Florencia Kirchner. Alguien dice no conocer a ninguna de las mencionadas anteriormente. Alguien se ofende por considerar a Cande Tinelli una artista. Alguien habla del peso de “ser hijx de”. Alguien confiesa que ser artista emergente la obligó a inventar otra personalidad para poder seguir haciendo “obra” y sobrevivir. Alguien dice que después de terminar la universidad, luego de gastarse los pocos ahorros que tenía para pagarse el master, una vez que mermó la cosecha de subsidios y becas,  habiendo pasado la barrera de los 35 años, no le quedó más remedio que volver a trabajar de camarera. Alguien dice que trabaja de canguro tres veces por semana porque con lo que gana dando talleres de “redacción creativa” y “mirada crítica” no llega a fin de mes y mucho menos a poder producir su documental. Alguien explica que acomodó su paro para poder producir, tiene 6 meses para dedicarse a su obra. Alguien dice que trabaja de noche como recepcionista en una pensión porque al ser sin papeles no consigue otra cosa. Alguien explica que su jefe la cogió porque entiende que se ahorra unos euros contratando migrantes y  pagándole menos de lo que debería, dice: “sabe que no puedo denunciarlo”. Alguien dice que es su condición de hija de clase obrera lo que le da la superioridad moral de pensar y hacer arte contemporáneo. Alguien dice que el tiempo que le lleva hacer lobby en el mundo del arte la obliga a ser estratégica con el uso de su tiempo, solo saluda a contactos de interés. Alguien dice que su mayor impostura es la impositiva, ser falsa autónoma. Alguien explica que para facturar como artista y evadir al fisco hay que vivir entre los huecos que existen entre una ley y otra. Alguien dice que vivir en los huecos hace que le falte el aire. Alguien expresa que para obtener el carnet de “artista contemporáneo” hay que usar al menos 5 de los siguientes términos en su statement, recitando: “abyecto, algoritmo, alienación, ambiente, antítesis, aparato, artificial, archivo, arqueología, automatización, capitalismo, cartografía, circulación, cis, código, cognitiva, colaboración, colectivo, colonial, comunidad, conceptual, constelación, constructivismo, contexto, contrapunto, coreografía, crisis, crítica, cruce, deconstruir, desautomatización, deseo, deshabituación, desnaturalización, devenir, dialéctica, diálogo, disconformismo, discurso, dispositivo, disruptivo, documento, doméstico, ecológico, efectividad, enfoque, error, esencialismo, estructura, explotación, expositivo, fábrica, feminista, fetiche, ficción, fragmento, geografía, gesto, giro, global, heteropatriarcal, humanismo, iconografía, identidad, imagen, imaginación, imposibilidad, inclusión, inconcluso, indígena, individualidad, inmaterial, instalación, instrumentalización, instrumento, interactivos, interconectado, interdisciplinario, interfaz, interferencia, intimidad, íntimo, lenguaje, lucha, máquina, materia, materialidad, mecanismo, medio, mediación, memoria, metodológico, migración, manifestaciones, morfológico, multiplicidad, nada, narración, neofascismo, neoliberal, nostalgia, objeto, opacidad, orgánico, paisaje, paradoja, participativa, patriarcal, performance, perspectiva, política, post*(en todas sus variantes), potencia  práctica, proceso, producción, proliferación, radical, raza, refugiado, régimen, representación, reproducción, resistencia, resonancia, serie, site-specific, sistema, soporte, subalternidad, subjetividad, subordinado, sujeto, superficie, territorio, tiempo, trans, tránsito, ubicuidad, vacío video, violencia, virales, virtual”.  Alguien recuerda como un coleccionista, en un acto de generosidad, le compró a un artista casi toda su obra para que pudiera tratarse una enfermedad incurable. Alguien agrega que el coleccionista esperaba codiciosamente que el tratamiento fracasase para que, una vez en el más allá, la obra subiera de precio. Alguien se horroriza. Alguien dice que siente asco del arte como mercancía, del blanqueo de capitales en el arte y de la especulación.  Alguien recuerda una historia que escuchaba de forma reiterada de pequeño, donde un artista contaba en cada reunión social que desde los 80 venía costeándose la vida haciendo “nuevas” obras de Pedro Figari, este alguien explica: “Figari era un abogado defensor de pobres, filósofo y pintor uruguayo que se hizo conocido como artista después de haber cumplido los 60 años,  para este señor era fácil de imitar, según lo que repetía. Siempre sentí que este hombre contaba esta  anécdota, como modo de llamar la atención, sacando a relucir, cada vez que podía, sus dotes para figariar. La historia se me tornó interesante cuando de más grande, un día, el  fraudulento artista, agregó un capítulo que terminó movilizándome, dijo: ‘durante la última dictadura cívico militar argentina (1976-1983) el gobierno se enfrentó al  Reino Unido en la Guerra de Malvinas, año 1982. En un gesto de generosidad, doné uno de mis cuadros para colaborar en el financiamiento del conflicto. Con las donaciones se componía un Fondo Patriótico que durante tres meses recaudó dinero, ropa y comida para solventar la guerra. Con el fondo se llegó a recolectar un total de US$ 54 millones de dólares. El pico de popularidad en donaciones lo tuvo el teletón “Las 24hs horas por Malvinas”.  Hasta hoy, a dónde fue a parar el Fondo Patriótico es un “enigma” que no se termina de resolver, lo duro fue que un día, pude resolver a dónde había ido a parar mi donación. Pasados un par de años, una noche después de un “vernissage””.  Alguien interrumpe al narrador refunfuñando: “¡qué palabra  pretenciosa! ¿Por qué no usaban  inauguración? Hoy es aún peor, el colonialismo anglófono la reemplazó por  “opening”“. Alguien continua la historia: “el falsificador de Figari fue invitado a tomar una copa a la casa de un oficial retirado de la armada, el ex militar quería presumirle su colección de arte latinoamericano, en el living comedor colgado al lado de un Berni pudo reconocer a su Figari. La pieza se sumaba al fraude que significó el ‘Fondo Patriótico’ ”.  Alguien sentencia: defraudador defraudado. Alguien se conmueve con Malvinas y sus combatientes. Alguien recuerda la instalación  Veteranos (2016) de Lola Arias. Alguien recuerda a lxs desaparecidxs y a lxs bebxs apropiadxs. Alguien asocia impostura a los años en la clandestinidad, al “poder” vivir gracias a la ficción de otro nombre, sin apropiarse de la identidad de nadie. Alguien cree que en la clandestinidad la impostura fue el recurso para no desaparecer. Alguien pregunta ¿es el anonimato una impostura?. Alguien explica que no se llega a la clandestinidad como un juego de roles, sino que es producto de la persecución política. Alguien dice que la migración por razones económicas o políticas es un proceso similar al de la clandestinidad, donde los atributos que se tenían en un sitio desaparecen en otro. Alguien recuerda la novela Los Topos (2008) de Félix Bruzzone. Alguien agrega que el libro comienza con un epígrafe de la canción Amor Descartable (1984) del grupo VIRUS. Alguien dice que  Roberto Jacoby escribía las letras de Virus. Alguien añade que en el año 1994, Jacoby inventó junto a Mariana Sainz la  falsa agencia creativa Los Fabulous Nobodies e hicieron la campaña Yo tengo Sida estampando camisetas con la frase y repartiéndolas de forma masiva. Alguien dice que era una intervención que buscaba atacar la discriminación. Alguien agrega que cuando le diagnosticaron el virus, se impuso otro orden de prioridades en su vida. Alguien explica que una impostura es un modo de falsearse a sí mismo, parecerse a algo que no se es, es aprender un código para disfrutar su privilegio. Alguien pregunta:”¿cuánto tiempo se puede sostener ser otro?, ¿llega un momento en donde uno absorbe al otro?, querer llegar a ser otro, ¿es un auto-engaño?, ¿es impostar un propio acto de creación?”. Alguien dice que la impostura es algo incómodo, vaciado. Alguien dice que la impostura no quiere llegar a nada, sino que ella misma es el acontecimiento.

 

Vatiu Nicolás Koralsky® prácticas curatoriales encarnadas. Pastiche inquieto, hipocondríaco, campy, sobrepsicoanalizado, pisciano, migrante, inconformista, disléxico, pseudochamán. Un tucumano en el Raval. Google de la sensibilidad. Rehuye a la timidez que le produce el lobby y el networking, escapándose entre afinidades. Algunas veces ladra, otras escribe. Se incomoda al definirse.

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