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Magazine

17 enero 2013
a. Pop Politics
Pop Politics: Dios salve al rock de estadio

Ángel Calvo Ulloa

No es tarea fácil abordar una exposición temática y concebirla descargada de tópicos. Ser capaz de mirar desde fuera mientras uno se encuentra inmerso en el embrollo y salir airoso de lo que a priori presagia una más que improbable victoria. Así es como se habrá sentido Iván López Munuera, comisario de Pop Politics: Activismos a 33 Revoluciones, que permanecerá en el CA2M hasta finales de abril.

El proyecto parte en lo teórico de la matanza que Charles Manson y su Familia perpetraron el 9 de agosto de 1969 en Cielo Drive, Los Ángeles. De la relación de este suceso con una canción de los Beatles (“Helter Skelter”), del fin de la despreocupación hippie. Pero ojo, esto no es una exposición de fanzines y vitrinas a modo de relicario con olor a naftalina. La relación de la música que desde los citados Beatles hasta la actualidad –englobada aquí por López Munuera dentro del denominador común Pop- ha supuesto un revulsivo capaz de cambiar a generaciones enteras y suscitar transformaciones de calado político cuyos efectos se extienden hasta nuestros días.

No solo la música se ha visto inmersa en esta vorágine, las artes plásticas han caminado de la mano de las bandas que abanderaron el cambio. El CA2M ha dado buena cuenta de esto en su corta historia con las exposiciones de Sonic Youth en 2010, a cuya bajista Kim Gordon ha entrevistado Iván López Munuera para el catálogo de la presente muestra o la exposición del colectivo Discoteca Flaming Star en 2008 y que también ahora incluyen trabajos en Pop Politics. Está claro que más allá de lo estrictamente musical, las subculturas se han elaborado un firme decorado como forma de vida que implica todo tipo de disciplinas y compromete a profesionales de los diferentes campos de la creación.

b. Pop Politics La exposición se organiza en base a cinco bloques, que parten de la configuración de la imagen corporativa de todos los movimientos aquí integrados. Echa mano de figuras como el omnipresente Daniel Johnston o de la visión de la cotidianeidad que ha recogido Red Caballo en sus instantáneas. Espacios de felicidad extrema analiza los espacios en los que se desarrolla la actividad, basándose en los locales y festivales en los que cobra sentido y se manifiesta el poder de estos movimientos. Aquí nos encontramos una serie de retratos en los que Ryan McGinley capta ese estado de satisfacción en los rostros del público de diferentes conciertos. En este mismo bloque se incluye Helter, Skelter, Shelter, instalación del alemán Till Gerhard en la que recrea una barraca de feria en la que el público puede hacer una siniestra parada a ritmo de Helter, Skelter –tema de The Beatles incluido en el White Album que supone un punto de inflexión dentro del discurso de esta muestra-.

El fan emancipado nos introduce en el universo del melómano y en la configuración de figuras que rebasan lo musical para convertirse en imágenes mesiánicas a las que imitar y seguir a todas partes. Aitor Saraiba analizó este fenómeno en los seguidores de Morrisey –líder de la banda Smiths- en la ciudad de Los Ángeles o Jeremy Deller y Nick Abrahams con la banda Depeche Mode. Lorea Afaro analiza también la incesante aparición de estas figuras proyectando un concierto de la cantante Amy Winehouse que, recientemente fallecida, se ha convertido en un nuevo fenómeno de masas.

Por supuesto no podían faltar nombres como Robert Crumb o Raymond Pettibon, que constituyen junto con otros artistas como June Crespo, Pepo Salazar o Azucena Vieites un apartado temático que fija en la cultura del do it yourself un espacio desde el que mostrarse a un público que, por numeroso, ha provocado la aparición de medios de comunicación propios. Como último punto, Cover versions, habitado por segunda vez es un bloque más ecléctico que reúne diferentes trabajos acerca a la modificación y diferentes usos de las grabaciones musicales. Bajo este lema nos encontramos una imponente escultura de William Cordova o las interesantes propuestas de Lyota Yagi o Bozidar Brazda.

Una selección de textos de figuras como Greil Marcus, Peio Aguirre o Lucy O’Brien completa un trabajo hecho a conciencia, con catálogo de consulta, para subrayar. Más allá de lo complejo de abordar un tema como este, de la posibilidad de repensar el discurso o del mayor o menor interés que puedan suscitar alguno de los trabajos expuestos, nadie puede negar a estas alturas que Pop Politics es una gran exposición en la que distinguimos una mano joven que llega pegando fuerte. Como proclamaron los geniales Muletrain: Dios salve al rock de estadio. Claro que sí.

Ángel Calvo Ulloa nació en un lugar muy pequeño plagado de infames personajes. En la facultad en la que realizó sus estudios jamás le hablaron de la crítica ni el comisariado, por eso ahora dedica sus días a leer, escribir y de vez en cuando hace alguna exposición. Adora viajar y sentirse pequeño en una gran ciudad. También adora volver a casa a odiar de nuevo ese pequeño lugar.

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