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Magazine

04 agosto 2020
¿Por qué sigue usted trabajando?… Porque soy esclavo

Gisela Chillida

VÍCTOR JAENADA, artista, 22 de junio

Yo sigo en esto, principalmente, para estar tranquilo de espíritu, y luego hay un montón de subrespuestas.

 

ÀNGELS MIRALDA, crítica y comisaria, 23 de junio

En mis primeros años, creciendo entre España y los Estados Unidos – dos estados cuyos sistemas legales son una burla a la justicia – decidí no seguir más leyes que las leyes de la naturaleza. En el siglo XVII, Sir Isaac Newton escribió sus teorías en The Principia. La más conocida es la primera, la ley de movimiento, a veces llamada ley de la inercia. Afirma que un objeto en reposo permanece en reposo y un objeto en movimiento permanece en movimiento con la misma velocidad y en la misma dirección a menos que sea accionado por una fuerza desequilibrada. Por supuesto, esta ley se imagina en el contexto teórico abstracto del vacío físico y en la ausencia total de cosas tan comunes como la fricción o la gravedad. En realidad, vivimos en un mundo lleno de fuerzas conflictivas, algunas físicas, otras culturales. Como individuo, estoy en movimiento, y detener ese movimiento requeriría una gran cantidad de acción de una fuerza desequilibrada. Durante los últimos años, he gastado una gran cantidad de energía en técnicas de propulsión que me han hecho ganar velocidad en un grado cada vez mayor al contrarrestar la fricción natural del mundo con mayores salidas de fuerza aceleradora. Todo esto se hizo simplemente trabajando.

La definición física de trabajo es la transferencia de energía, en otras palabras, se debe ejercer una fuerza y se debe producir algún desplazamiento en la dirección de esa fuerza. En esos términos, se podría decir que apenas trabajo, salvo mi propia propulsión física de un punto a otro. En resumen, sigo trabajando porque simplemente no hay otra opción. Aunque la hubiera, dudo que fuera tan beneficiosa como mi actual sistema de autosuficiencia basado en el movimiento personal de un lugar a otro. Socialmente, la inercia también funciona en mi capacidad de trabajo en términos de confianza. Una vez que comisarias una exposición en un museo, otros museos ya no encuentran extraño invitarte a organizar una exposición. Por lo tanto, la inercia es simplemente un gasto de energía de toda la vida para saltar a través de aros y obstáculos y mantener la velocidad al menos a un nivel constante.

 

ORIOL FONTDEVILA, crítico y comisario, 2 de julio

Por entusiasmo (piqué el anzuelo).

 

PABLO DEL POZO, artista, 2 de julio

Creo que si esa pregunta me la hiciese a menudo o viniera de mí mismo dejaría de trabajar de inmediato. Debido a los tiempos en el que nos encontramos, cada día le veo menos sentido a muchas cosas, incluido el trabajo artístico que tan solo da más comederos de cabeza y un agujero más grande en el bolsillo. Pero, aquí sigo.

 

BERNAT DAVIU, artista y galerista, 2 de julio

De hecho yo hacía tiempo que no tenía tanto tiempo para trabajar en mi obra. Todos mis compromisos laborales se pararon de golpe con el coronavirus, así que me he podido dedicar casi exclusivamente a hacer lo que quería. Es por eso que, aunque parezca contradictorio con los tiempos que corren y con las pocas perspectivas de futuro, continúo trabajando porque para mí, ahora mismo, lo que hago tiene más coherencia y sentido que nunca.

 

MARCEL RUBIO JULIANA, artista, 6 de julio

Trabajo para construir un lugar común. Para conseguir que la gente sea un poco menos ciega, un poco menos ignorante, un poco menos dura, un poco menos brutal. Siempre, en toda obra de arte, hay un programa de humanidad un poco menos brutal.

 

ROC PARÉS, artista, 6 de julio

Aunque, a menudo preferiría no hacerlo, sigo trabajando para alcanzar lo desconocido.

 

ANTONIO ORTEGA, artista, 6 de julio

Proponerse no hacer nada como contribución al contexto del arte puede parecer poco razonable. Más, si esta posición, exige la demanda de cierta cantidad de atención durante el transcurso de dicha contribución que, recordemos, se basa en «no hacer nada».

Sin embargo, cuando alguien se propone contribuir no haciendo nada, es necesario considerar algunas de las preguntas que emanan de tal “posición»: (a) ¿estoy simplemente presentando una IDEA, es decir, la idea de que no tengo que hacer nada? O (b) ¿estoy presentando una REIVINDICACIÓN, esto es, la afirmación de que no quiero hacer nada?

Estas preguntas, a su vez, plantean la pregunta adicional; aquella que plantea que, si mi contribución se considera una IDEA o una REIVINDICACIÓN, sería lógico que alguien quisiera saber exactamente cuáles son los modos de existencia respectivos de la IDEA o la RECLAMACIÓN en cuestión Pero resulta que éstas son, en realidad, simplemente unas CIRCUNSTANCIAS.

CIRCUNSTANCIAS que surgen de (1), ser considerado a contribuir en el contexto del arte, (2), la aceptación de contribuir, y finalmente (3), que la condición para aceptar ser considerado a contribuir en el contexto sea, entonces, NO HACER NADA.

 

FRANCESC RUIZ ABAD, artista, 7 de julio

Porque es mi amor y mi condena: “I’m a slave to art… I love it”.

El dibujo de Oliver Kossack lo explica muy bien.

 

GINO RUBERT, artista, 6 de julio

Para mi trabajar es básicamente una forma de combatir la angustia, el estrés, la inseguridad crónica, para así llegar a la cama tranquilo, cansado, y con ilusión por que llegue el día siguiente.

 

MARLA JACARILLA, artista, 7 de julio

Aquí van una decena de razones, por orden de importancia (o no):

–Porque es la mejor manera de hacerme preguntas, aunque no tengan respuesta.

–Porque el camino más fácil no acostumbra a ser el más interesante.

–Porque si no, me sobraría demasiado tiempo libre.

–Porque es el mejor modo de evitar la rutina.

–Porque todavía queda mucho que hacer en el mundo del arte.

–Para seguir equivocándome.

–Para seguir aprendiendo.

–Para seguir disfrutando.

–Para seguir sufriendo.

–Para seguir buscando.

 

VICENÇ ALTAIÓ, escritor, crítico de arte y traficante de ideas, 9 de julio

Trabajo para poder escribir, para poder ser libre. Hasta ahora he trabajado la escritura sin escritura para poder escribir. Ahora lo dejo definitivamente para hacer de enlace con otros activistas de la cultura y salgo de la espiral hacia afuera para situarme en un tiempo intemporal y conclusivo, sin tabiques. Escribir es un impulso de vida contra la fatalidad de la vida corriente y domesticada, que representa la muerte del lenguaje cuando éste es estrictamente práctico, útil y comercial. No gestiono la escritura. La escritura no es trabajo a cambio de. Contra el nombre de «catástrofe» con el que se escribe la historia, escribir es un acto de libertad. Quien escribe no escribe él, sino la mutación permanente de la tecnología humana, que es también el lenguaje cuando no es instrumental. La lectura es una forma de captar la sombra de la escritura en el ojo o en la voz. La escritura de lo visual se manifiesta en la concentración del espacio o el tiempo. Qué hay que hacer: leer y caminar; investigar; vivir en profundidad y transformar.

 

JOAN MARIA MINGUET BATLLORI, escritor de arte y profesor jubilado de la UAB, 10 de julio

1. Lo primero es tomar conciencia de que lo que hacemos en el ámbito cultural es trabajar. Es decir vendemos nuestra fuerza de trabajo a alguien que se aprovecha de él, una institución pública o privada.

Que Marx ya incluyó el trabajo cultural cuando, en El capital, definió la fuerza de trabajo como «el conjunto de las facultades físicas y mentales que hay en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole».

Que quien se aprovecha de tu fuerza de trabajo sea a veces un cándido (¿como tú?), el nervio más bajo del sistema capitalista, no anula la posición subalterna que tu trabajo tiene en la cadena de producción cultural.

Que te guste tu ocupación no ha de convertirte en un esquirol sumiso con las condiciones de trabajo que te imponen. Para no ser, además de explotado, imbécil.

2. En consecuencia, debes decidir, no si trabajas o no, eso sólo se lo pueden plantear los que viven en la opulencia, lo que significa que ellos o sus parientes se aprovechan o se han aprovechado de la fuerza del trabajo de unos cuantos integrantes de la clase subalterna, sino que tienes que decidir tu grado de compromiso, inversamente proporcional al grado de concesiones que estás dispuesto a ofrecer al sistema.

Que esto dependerá, por supuesto, de si te comprometes con algo en tu vida como sujeto político, cuestión inseparable del trabajo que despliegues como artista, teórico, crítico, etc.

Que Antonio Gramsci escribió: «La conquista del poder cultural es previa a la del poder político». Estar de acuerdo con esta frase o no estarlo, ponerla en práctica con tu trabajo o prescindir de lo que quiere decir, aunque afirmes que comulgas con su enunciado en el plano teórico, es sustancial y divide los obreros de la fábrica de la cultura entre los que buscan grietas en el sistema cultural/político para ponerlo en cuestión y los que trabajan para complacer al poder.

Que complazcas al poder con tu obra conscientemente te convierte en un miserable. Que lo hagas siendo consciente de ello, pero pensando que has hecho un trabajo tan bueno que nadie se lo puede perder por el bien de la humanidad, te convierte en un miserable insolidario.

Que buscar brechas de seguridad en el sistema cultural por las que bombardear consciencias individuales y colectivas con el arte y el pensamiento es tarea compleja y cenagosa. Sí, ¿y qué?

3. Yo sigo trabajando, en primer lugar, porque todavía hay quien me encarga o me acepta proyectos o cosas, a pesar de que cada vez me asqueen más los consensos del mundo del arte y de la literatura, o porque al sistema le importa una mierda cual sea mi actitud política. Yo sigo trabajando, en segundo lugar, para poder (sobre)vivir, pensando que tengo la suerte de que mi lucha por el igualitarismo la puedo desplegar en el terreno de las ideas y no es necesario que venda mi fuerza de trabajo en una factoría metalúrgica, química, automovilística… como tantas personas han hecho, hacen y, desgraciadamente, harán.

 

ARIADNA GUITERAS, artista, 10 de julio

Me llega esta pregunta en un momento en el que no estoy trabajando de manera activa. Hace tres meses que estoy de baja de maternidad y antes de estarlo me propuse parar y aprovechar cada segundo de los primeros meses de mi hije. No sabía si podría hacerlo, es fácil decirlo, pero los fantasmas asoman cuando no participas del ouroboros que supone trabajar como artista. De momento lo estoy consiguiendo y me pierdo (casi) sin culpa entre pliegues de carne, leche, lloros y mucho, mucho amor.

 

JOSÉ CAEROLS, artista, 10 de julio

Partiré por desmembrar cual sádico esta pregunta, imponiéndole una  pregunta previa a esta misma que sería ¿Que entiendo por trabajo?

Mi relación con lo que se entiende por trabajo no deja de ser nubosa, amorfa e indefinida por decirlo de algún modo. Por un lado, el concepto de trabajo lo entiendo desde la idea marxista que lo define como “proceso entre la persona  y la naturaleza, proceso en que esta media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. Enfrentándose la persona  a la materia natural misma como un poder natural”. Dicha descripción que comparto en el plano conceptual, se contrapone a la visión hipercapitalista impuesta por el Mercado y el sistema que actual que lo defiende con garras, permitiéndole realizar la simplista definición de qué trabajo es lo que haces para obtener un fin en relación a dicho sistema.

Entonces ¿qué entiendo por trabajo? O más bien ¿considero mis actividades un trabajo?…..

Por mis actividades me refiero al constante análisis y pensamiento crítico que desarrollo mediante proyectos que me conduce a la realización de piezas físicas denominadas socialmente en el contexto contemporáneo como artes visuales, pero también me refiero a mi trabajo en la “constru” (como le decimos en Chile ) u obra, en la reforma de pisos, en el trabajo de barman o en la docencia universitaria. Esta amplitud de actividades que he realizado como individuo claramente  se posicionan de diferente forma en la sociedad, según ésta, claro.

Por que sigo trabajando?, hoy a dos días de cumplir casi 4 meses de cuarentenas fallidas respondo ¿por que seguir trabajando? y en qué forma?…..

Primero abordaré la segunda pregunta, yo he desarrollado dos formas de “trabajo” durante mi encierro, La primera se desarrolla como un método de supervivencia directo a mi situación actual, la reinvención de mis actividades desde mi actual situación (encierro) es materia obligatoria para mi sobrevivencia en un sistema híper capitalizado donde la precarización de la vida afecta todo sus niveles, acercándome mucho al concepto de Walter Benjamin cuando afirma que “El autor es un productor”. La segunda forma de trabajo -la que me ocupa casi todo el tiempo- no tiene una fijación con la súpervivencia, si no con la vivencia; Me explico, mis prácticas  tanto conceptuales, investigativas y productivas ligadas al mudo identificado como arte contemporáneo, son una proyección de factores sociales y emocionales que por una relación sentimental y política con la vida no me es posible obviarlos. La vida y la existencia en ella es una obvención que lejos de acabarse crece, como un  individuo que se reconoce de personalidad adictiva esta es la más grande, ya que no consiste en un fin claro sino en una  práctica  diluida entre reflexiones, pensamientos, referentes, sensaciones y acontecimientos.

Entonces la pregunta ¿por qué usted  sigue trabajando?, tendría desde mi persona la obvia respuesta , para sobrevivir tanto física como espiritualmente, aclarando que esto no es una opción.

EDUARDO RUIZ, artista, 12 de julio

Para no ver cómo se me cae el techo encima.

Si queremos que el arte se considere justo y siga dando frutos en el tiempo, debemos dejar de diferenciar entre este y otros trabajos.

Creérnoslo de verdad.

Nadie puso tanta perseverancia como nosotros.

Tratando de apuntalar una estructura agrietada, sosteniendo el peso de los problemas que nos acontecen.

¡Esto, esto es un trabajo! Y yo soy una fábrica.

¡Debemos ponernos manos a la obra!

 

 

(Imagen destacada: Dibujo de Oliver Kossack propuesto por Francesc Ruiz Abad en su respuesta)

 

 

Gisela Chillida (Barcelona, 1987) es crítica de arte, comisaria independiente y gestora cultural. Escribe regularmente para las revistas y publicaciones Bonart, Hänsel i Gretel, Núvol-Digital de Cultura, La Maleta de Portbou, Politica&Prosa o Diario Levante. Recientemente, ha editado el libro “Galeries d’art a Catalunya” y el catálogo sobre la muestra “Tàpies/Alcaraz/Rubert” en Kunst Lager Haas de Berlín. Algunas de sus exposiciones como comisaria se han podido ver en las galerías Àngels Barcelona (Enésima Intempestiva), Arte Aurora (El pliegue y Seastanding) y Àcid Sulfúric (€uropolis), el espacio Cera 13 (Luna y polvo) o en Fase Espacio de Creación y Pensamiento. Desde 2018, coordina el Premio Loop Discover, celebrado en el marco del festival y feria de videoarte LOOP Barcelona.

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