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Magazine

12 septiembre 2011
Ryan Gander o la frustración placentera

Lorena Muñoz-Alonso

Una nave industrial abandonada en el este de Londres es el escenario escogido por el británico Ryan Gander para representar su último y más ambicioso proyecto hasta el momento, auspiciado por la prestigiosa productora Artangel. La elección de verbo ‘representar’ no es circunstancial: “Locked Room Scenario” es un híbrido entre una exposición de arte, una obra de teatro, una novela de misterio y un viaje mental paranoico.


Es probable que muchos de los que empezaron a leer en los años 80 recuerden la colección “Elige tu propia aventura”, esos libros infantiles en los que la elección de distintas opciones/páginas producía diversos desenlaces, ofreciendo al intrépido lector varios libros en uno. Su lema, que incluía sugerentes frases como “Las posibilidades son múltiples: recuerda que tú decides la aventura, que tú eres la aventura”, se ajusta a la perfección para describir este proyecto de Ryan Gander, donde el visitante ha de desengrasar los resortes de su imaginación para poder navegar en esta inquietante instalación.

Para visitar “Locked Room Scenario” es necesario concertar una cita, puesto que sólo ocho personas puede estar en el espacio a la vez. El día de mi visita, de buena mañana, recibo un mensaje de texto en la que un tal Spencer A. me insta a quedar con él en un pub cercano, diez minutos antes de mi cita. Claro, que eso lo supe después porque de entrada, sin haber visto el pub de camino, achaqué el mensaje a una extraña equivocación. La información previa disponible sobre el proyecto es más bien escasa: uno sabe la dirección y que tendrá que adoptar una cierta mentalidad detectivesca para estudiar los objetos y las personas presentes y desentrañar el misterio.

Al llegar a la puerta de la nave veo un grupo de personas esperando para entrar. Miradas esquivas y frontales se intercambian sin rubor. Sospecho que algunos de ellos pueden ser actores a las órdenes de Gander y creo que ellos sospechan lo mismo de mí. De repente, se oyen unos gritos, que parecen provenir de unos animales o de unos seres humanos asilvestrados. La verja se abre y nos van dejando pasar con cuenta gotas. Tras adentrarme en el edificio tomo un pasillo sin iluminar. Todo está negro y he de deslizar mi mano por la enmoquetada pared para poder avanzar. Voy despacio, a ciegas, con miedo a chocarme con los otros visitantes que han entrado antes de mí. De repente oigo el sonido de un proyector de diapositivas, que se materializa en un hueco en la pared a mi derecha, a ras de suelo y proyectado a la inversa, como si estuviera pensado para ser visto desde una habitación central a la que– pronto descubro– no hay acceso. Pienso en las laberínticas instalaciones del artista Mike Nelson y por un momento, en la oscuridad, tengo miedo de no saber encontrar la salida.

Tras varios trompicones y encontronazos con puertas cerradas, llego a lo que supongo la entrada principal. Veo una puerta doble, con un cartel que me informa de que nos encontramos en una galería llamada Kimberling, para ver la exposición colectiva “Field of Meaning”, con una lista de artistas tan desconocidos (y ficticios) como la propia galería, entre los que se encuentra Spencer Anthony, al que ahora reconozco como el autor del mensaje de texto mañanero. La puerta de acceso a la exposición está, como no, cerrada.

Consigo colarme por otro pasillo poco iluminado, donde oigo una música de salón que me hace pensar los fantasmas congregados en el bar del hotel de El Resplandor. Mientras avanzo, cada vez más frustrada, no puedo parar de pensar que alguien nos observa en directo, a mí y a todos los otros, a través de las cámaras de seguridad instaladas. ¿Somos ratas de laboratorio de un experimento sociológico-artístico? ¿Se está riendo Ryan Gander de mi poca astucia, de mi inhabilidad para acceder a la habitación cerrada del título? Al final del pasillo, una ventana con unos estores medio echados me permite ver la parte trasera de la habitación y algunas piezas de la elusiva exposición: un peluche gigante en azul Klein firmado por Santo Sterne, una especie de altar de madera con una colección de imágenes en las que abundan fotos de Lee Miller y otras obras de corte Moderno, un par de pinturas figurativas sobre madera… A lado, una habitación también cerrada, en las que unas luces de neón parpadean sin cesar me hace pensar en Martin Creed y en su pieza “The Lights Going On and Off”.

Las pistas o signos se suceden rápidamente: En una pared una cronología explica los detalles de la vida de los artistas y su participación en movimientos clave del siglo XX como el Situacionismo, el Conceptualismo y Fluxus. A la salida, dos adolescentes sentados en la escalera fumando cigarrillos vilipendian a otra visitante, que indignada les insulta de vuelta. “Actores”, pienso, mientras mis ojos se topan con una tela de peluche azul Klein tirada en un contenedor, exactamente igual a la de la obra que atisbé unos momentos antes. Horas después, consumida por la fiebre de entender qué he visto, descubro que Santo Sterne es un artista ficticio creado por Gander, y que ha contado con su fantasmagórica presencia en varios proyectos anteriores. En Internet, descubro alguna dudosa mención a algunos de los artistas de la lista. Incluso visito la Web de la galería, para toparme con una página-espejismo, vacía.

“Locked Room Scenario” es la astuta culminación de muchas de las inquietudes que recorren la obra de Gander. El artista, obsesionado con los enigmas y con contar historias, ha creado aquí un escenario, por momentos frustrante, que obliga al espectador a llenar los huecos que él se niega a cubrir. “Locked Room Scenario” es una pieza donde la sugestión del visitante lo es todo, donde sólo aquellos que usen su imaginación disfrutarán plenamente (o sufrirán) la experiencia. Es un misterio cuya resolución llegará o no dependiendo de las ganas de seguir investigando una vez que se abandona el recinto. Gander, fascinado por las asociaciones tangenciales, ha conseguido en este proyecto materializar a gran escala cuestiones que ya planteó en piezas anteriores, como sus charlas performativas tituladas “Loose Associations” o en sus exposiciones “You walk into a space, any space” (Lisson Gallery, Londres, 2010) o “It’s a right Heath Robinson affair” (Gb Agency y Kadist Art Foundation, Paris, 2009), donde grandes cantidades de referentes y signos se insinúan al espectador, encargado de desentrañar las sugestivas narrativas propuestas con no poco esfuerzo.

Muchos podrán acusar a Ryan Gander de ser un artista opaco, difícil de leer. Y elitista, puesto que esa lectura sólo puede efectuarse con un suficiente conocimiento de la(s) historia(s) del arte y de la producción cultural contemporánea. No es un arte democrático ni accesible, y en ningún momento aspira a serlo. Como el propio Gander explica en una reciente entrevista: “Los espectadores de mi trabajo han de emplear tiempo y energía en él para poder recibir algo a cambio. Es mi manera de filtrar y encontrar a la gente que no sólo busca un tema de conversación para una cena. El verdadero valor de la obra de arte reside en la experiencia que se tiene con la pieza una vez que se deja físicamente”. “Locked Room Scenario” supera esa misión con creces. Ryan Gander, opaco, irritante y también brillante, lo ha vuelto a hacer.

Lorena Muñoz-Alonso está interesada en los puntos de fricción la entre crítica y comisariado y en cómo esa tensión puede ser productiva. Quiere comunicar discursos artísticos contemporáneos a una audiencia lo más amplia posible a través de ensayos, reseñas, entrevistas, exposiciones o webs. Colabora con medios como frieze o Art-Agenda y con diversos artistas e instituciones. Sus dos proyectos web son [SelfSelector->http://selfselector.co.uk/] y [Machinic Assemblages of Desire->http://machinicassemblagesofdesire.tumblr.com/].

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)