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29 mayo 2013
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Santiago Morilla. Index falls: Una nota sobre la caída

Avelino Sala


Durante las intervenciones que se realizaron en las históricas canteras de Colonnata, el 24 de abril, se proyectaron varias imágenes de “caídas” a gran escala, en la noche, iluminando parte de los Alpes Apuanos. Estas imágenes, comisariadas por Federica Forti, proyectadas en los momentos exactos de la acción que precede la caída (a la inevitable herida, al daño potencial, encerrado y proyectado en piedra) eran visibles a gran distancia; desde las carreteras de acceso, desde la autopista, desde los pueblos cercanos. Eran el recuerdo del impacto que precede a nuestra inevitable caída: disolvieron definitivamente el paisaje, para volar la montaña por los aires si era necesario, para usarla no como género de representación, sino para cuestionarla como medio para conseguir un fin personal.” (S. Morilla, Marzo 2013).

En tiempos como estos en los que parece que todo se desmorona la representación de “la caída” en una escala gigantesca nos enfrenta directamente al conflicto o lo que se debe entender como un espacio mutable donde el arte, como siempre debería ser, cuestione la verdad, la realidad y el mundo. Morilla lleva años escapando del cubo blanco de la galería para proponer otras lecturas del arte, de la actividad del artista, y sobre todo, de como entender el acto vital. La particular perspectiva de la vida del artista suele ser proteica y honesta como su trabajo, en este caso la obra de una escala siempre monumental, nos tiende puentes y recrea un imaginario particular que pone de relieve sus obsesiones. La mayoría de las intervenciones de Morilla son proyectos ‘site specific’, trabajos que aparte de elaborarse con una compleja factura, son difíciles de ver.

Esa extraña e incómoda localización del lugar del espectador es un aliciente que hace que las piezas de este artista sean a veces casi invisibles, camufladas en las azoteas, borradas por la marea o realizadas con animales vivos como ovejas. Si este mismo año ha realizado un proyecto llamado “Por donde habéis venido” donde con un tractor realiza uno de los dibujos mas grandes que jamás hayamos visto, hace cuatro años realizó una pieza en la Academia de Roma donde literalmente ocupaba la azotea con una intervención de unos 50 metros cuadrados, donde el mito de Ícaro se volvía sangriento. Santiago Morilla ha cuestionado continuamente tanto los límites del paisaje como los límites del dibujo, estos no son temas ni sencillos ni superficiales. Esa epidermis de la pintura se transforma en “otra cosa” en las obras de Morilla donde las caídas tanto individuales como en grupo nos conducen directamente al fracaso, a la pérdida y sobre todo, a la ruina. El lugar escogido para materializar estos espacios del accidente no son otros que un extraño lugar llamado Carrara, las canteras y el museo del mármol. Una ciudad un tanto particular donde la decadencia se mezcla con lo opulento y el propio material otorga el peso de la historia a la vida. Un lugar perfecto para localizar la obra de Santiago Morilla. El origen y el fin.

Castro Flórez ha apuntado acerca de la capacidad para el dibujo de este artista: “Morilla dibuja y expande figuras y relatos, va más allá de las retóricas actuales de cierto “dibujismo” encontrando un camino propio de enorme fecundidad. Sus trabajos son tan ‘site specific’ cuanto pensados para la google-globalización. No hay, a fin de cuentas, un punto de mira privilegiado sino enfoques y posicionamientos, focalizaciones y procesos dislocados, modos de estar dentro del dibujo inmenso o a distancia, contemplando algo extraordinario en una computadora. Se trata de impulsarnos a tener un pensamiento (estético) del afuera, de tratar de comprender nuestro paisaje aunque sea a partir de una cartografía que no es otra cosa que unas figuras que flotan en lo alto de un espacio expositivo”.

Y esa es la intención de Morilla, dar nuevos sentido a los centros de poder, estos necesitan nuevas traslaciones iconográficas -sin rostro- para sus templos. Este proyecto, dentro del ciclo Database Carrara, plantea la creación y producción de frontones y bajorrelieves en mármol según el ritmo y la composición de las líneas de cotización en bolsa de los principales monopolios industriales y bancarios, que ejercen, de hecho, el dominio económico, político y estético en los países imperialistas. Así como la representación de la caída como símbolo de este tiempo. Todo un reto en una Carrara decadente y bella. Casi, casi, como el arte en sí mismo.

Avelino Sala es artista, comisario a ratos y editor. Desde 2012 gestiona el espacio Studio Avelino Sala en Gracia. Vive y trabaja en Barcelona. Su trabajo como artista le ha llevado a cuestionar la realidad con una mirada crítica en un continuo explorar el imaginario social y político e intentar meter el dedo en la llaga para comprobar si el arte puede ser un generador de espacios nuevos y de experimentación capaces de re-crear otras realidades.

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