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Magazine

26 noviembre 2012
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Seminario Gramsci: evocando la resistencia ante la pérdida de la cultura

Anna Dot

Durante la década de los 80, y mientras en Chile se vivía una dictadura militar, el filósofo chileno Pablo Oyarzún llevó a cabo en su país de origen un seminario clandestino alrededor del pensamiento del filósofo y político marxista italiano Antonio Gramsci. Este seminario, significativo por su ilegalidad en el contexto en el que se dio, y que supuso un gesto de reivindicación de la cultura en un momento de inestabilidad política y social, se recupera ahora en La Capella, con el proyecto “Seminario Gramsci”, una propuesta de Luís Guerra, artista visual, escritor y teórico chileno.

Luís Guerra convierte el espacio expositivo en testigo de los hechos que se llevan a cabo dentro, evocando las jornadas clandestinas gestionadas por Oyarzún. Al fondo de la sala hay unas cuantas sillas a disposición de los asistentes, una mesa y un micrófono para el conferenciante, ordenador y proyector, que parecen ser todo lo que se necesita para estas charlas. Seis altavoces colgados del techo reproducen lecturas en italiano de textos de Gramsci: fragmentos que pertenecen a los Cuadernos de la cárcel, breves escritos recopilados por el pensador italiano durante sus días de encarcelamiento. En una de las naves laterales de La Capella hay una serie de 20 hojas de papel colgadas de las paredes, la mayoría en blanco, excepto 5, que contienen unos dibujos a lápiz, carboncillo y tinta, de estilo aparentemente naíf y cargados de referencias, tanto escritas como ilustradas, a Gramsci. En la segunda nave lateral, tan solo se encuentra la colección de “Cuadernos de la cárcel”, formada por cuatro volúmenes de unas mil páginas cada uno, colocada directamente en el suelo. De la pared cuelga la página de alguna revista en la que se ve la foto de una montaña nevada.

Aunque se ha intentado llenar el espacio expositivo con algunas piezas, como los dibujos o los altavoces, el eje central de “Seminario Gramsci” es el programa de actividades que se pusieron en marcha el 9 de noviembre con la presentación del proyecto por parte del autor, y que termina el 28 del mismo mes con “Sudamerican”, una performance de Pamela Desjardins y Verónica Lahitte. La visita a la sala sin la asistencia a ningún acto del seminario se hace fatigante y difícil de comprender, debido a que se trata de una obra procesual y que adquiere todo el sentido en el momento en que se llevan a cabo las ponencias, los debates o las performances. La muestra de las obras sin la existencia de los seminarios no tendría ningún sentido.

Luís Guerra fue comisario de un centro de Santiago de Chile en el que, en un momento determinado, se invitó a un grupo de artistas del graffiti. Éstos, en vez de hacer lo que ya sabían, lo previsible, crearon una escuela dentro del centro que duró el tiempo de la exposición, poniendo así su forma de actuar en crisis, enfrentándose a más imprevistos y dificultades que si los que hubieran tenido de hacer “lo esperado”. En cierto modo, Guerra se apropia de este hecho. Y es que la propuesta del seminario no deja de ser similar a la de los artistas del graffiti.

Así, la potencia de la propuesta de Guerra se encuentra en el paralelismo que se atreve a hacer entre el contexto histórico del seminario de Oyarzún, y el actual, aquí en Barcelona. Aunque la situación política en ambos casos sea muy diferente, en los dos se encuentra inestabilidad y crisis política y social, que insinúan el retorno hacia un fuerte nacionalismo conservador, no sólo ideológico, sino también, como se va haciendo evidente a lo largo de los días, cultural. Y es que si en la dictadura militar de Chile el seminario Gramsci era ilegal, en nuestra contemporaneidad la censura se puede interpretar en el cierre de centros como el Espacio Zero1 o Can Xalant. Frente a ello, la recuperación de la figura de Gramsci no es una elección caprichosa, sino que, como Guerra explicaba en la ponencia “Cultura popular, el arte de no ser gobernados”, el interés por este personaje se encuentra en su tesis fundamental que nacía de la pregunta “¿por qué somos siempre derrotados por el fascismo?”. Los escritos de Gramsci entorno la cultura popular en relación a las políticas fascistas, releídos ahora bajo el pensamiento de Luís Guerra, vinculan sus exhaustivos análisis lingüísticos con el contexto más actual.

Anna Dot nació un domingo de abril. Es de Torelló y trabaja entre dos mundos que no percibe separados de ninguna manera: el de la producción artística y el de la reflexión sobre los contextos artísticos a través de la escritura.

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