close

En A*DESK llevamos desde 2002 ofreciendo contenidos en crítica y arte contemporáneo. A*DESK se ha consolidado gracias a todos los que habéis creído en el proyecto; todos los que nos habéis seguido, leído, discutido, participado y colaborado. En A*DESK colaboran y han colaborado muchas personas, con su esfuerzo y conocimiento, creyendo en el proyecto para hacerlo crecer internacionalmente. También desde A*DESK hemos generado trabajo para casi un centenar de profesionales de la cultura, desde pequeñas colaboraciones en críticas o clases hasta colaboraciones más prolongadas e intensas.

En A*DESK creemos en la necesidad de un acceso libre y universal a la cultura y al conocimiento. Y queremos seguir siendo independientes y abrirnos a más ideas y opiniones. Si crees también en A*DESK seguimos necesitándote para poder seguir adelante. Ahora puedes participar del proyecto y apoyarlo.

Magazine

06 noviembre 2012
Magali_Charrier.jpg
VAD: relaciones, contrastes y fragmentos de un sistema

Con piezas y estrategias muy ilustrativas que iban desde lo documental a lo subjetivo, a veces con matices lúdicos, la 10ma. Edición del Festival Internacional de Vídeo y Arts Digitals VAD aseguraba un manejo de diferentes tesituras o conexiones entre el “high” y el “low”, lo connotado o lo banal, lo público y lo privado. Siguiendo un emblema que desde el 2008 propone “afinar la selección”, esta última edición de VAD ha sido un homenaje a los 10 años del evento, y más allá de las inconformidades del ser humano que pueden aparecer bajo muchos nombres, la muestra que recibía al visitante en la Casa de Cultura de Girona cumplía su promesa.

Si su directora, Nuria Font, había manifestado dejarse llevar por el “coup de foudre”, una vez que la entrevistamos supimos que no había sido una selección tan emocional como motivada por la investigación, la experiencia y el examen riguroso. Primeramente no se trató de una convocatoria abierta como lo fue hasta el año 2008, donde una gran cantidad de obras llegaban a abrumar al espectador, sino una propuesta curatorial hecha en base a lo aprendido todos esos años, una edición “especial”, como lo manifiesta la propia Nuria: “un programa que se nutre de lo que hemos vivido” y que, “ante la imposibilidad de considerar la totalidad de lo que hemos presentado hasta ahora, de seleccionar entre las más de 1.200 obras vistas a lo largo de los años, de valorar correctamente a los más de 800 artistas que han dado nombre a las obras expuestas y a los espectáculos presentados,(…) Hemos decidido invitar a 10 artistas que han estado presentes en varias ediciones, que siguen trabajando con una fuerte marca de autor y de quienes podemos presentar obra nueva”. Los criterios de selección aseguraban que estos 10 artistas elegidos tuvieron una participación notable en ediciones anteriores, pero que también mantenían en activo una experimentación técnica y conceptual y eran capaces de lograr una presentación de piezas novedosas en las que se sintiera palpitar el aquí y el ahora.

En las obras se advertía un abanico de tensiones y sentimientos contenidos, desde un video juego del artista Manel Bayo donde al espectador se le presenta la posibilidad de eliminar las obras de arte contemporáneo de Girona, la habitación Giftmatón de Beatriz Sánchez que parece escenario de una fantasía recurrente, con máscara de mono peluda incluida, el juego y animación de Juan Domingo Ferris, que a través de una gráfica informal y sugerente propone alimentar el odio ciudadano y hacerlo explotar en el ámbito público, el miedo visto por Dionis Escorsa que se transforma en una experiencia trascendental, con narrativa y estilo cinematográficos que nos hace movernos en tres realidades simultáneas, la expansión urbana de Jacobo Sucari (mi predilecta por la connotación histórica), donde se explota cabalmente lo documental para unir las tramas del espacio con las del tiempo pasado, presente y futuro, y por último, y en un registro diferente, la hermosa pieza titulada Swing de Bettina Hoffmann, de una intensidad que destaca el fragmento, las tensiones y el silencio.

Espacios bien delimitados convertían cada pieza en un mundo autosuficiente capaz de atrapar al espectador en experiencias muy variadas. En algunos casos se imponía la conexión de la obra a una localidad física o a ideas que marcan una determinada comunidad, de manera que el guiño a sucesos o sentimientos locales llegaron a manifestar un enlace que no distanciaba sin embargo al espectador. Entre los eventos que acompañaron el Festival cabe destacar un ciclo de proyecciones dedicadas a la realizadora Magali Charrier cuyos vídeos aparecen como una relación de eventos domésticos y subjetivos que buscan nuevas relaciones con nuestros referentes más cotidianos y familiares.

Mi final (que debió ser el principio por el orden del programa) fue la pieza BLAUS de Eloi Maduell, Álex Posada y Santi Vilanova, donde la técnica iba encaminada a crear efectos inmersivos como los describen sus autores. A partir del cuidado por todos los detalles, desde la modelación del espacio, sus volúmenes y formas geométricas hasta a nivel acústico, las frecuencias y resonancias existentes, el resultado era una pieza de un contraste audiovisual grandilocuente. Con BLAUS se ponían de manifiesto años de experimentación con instrumentos audiovisuales originales, que parten de diseños de hardware y software creados especialmente para espectáculos puntuales y que en esta ocasión se servían de la combinación de luz y sonido electrónico para explorar toda una atmósfera de relaciones y contraposiciones entre la instalación láser y los húmedos muros de la antigua cisterna gigante del Museu d´Història de Girona.

En los momentos actuales, donde cada noticia desalentadora sobre la crisis y los recortes parece que van minando la voluntad investigadora y la capacidad de experimentación, valió la pena desplazarse hasta Girona para ver el Festival. Lástima que la concentración y grandilocuencia de eventos en Barcelona muchas veces le disminuya visibilidad e importancia a lo que acontece fuera y se nos olviden las posibilidades de escapar, aunque sea temporalmente.

Mabel está convencida de que todo se construye siguiendo normas que regulan nuestro quehacer: la identidad; los patrones de comportamiento social; la membrecía pública; o los paradigmas que rigen la práctica artística y curatorial. Piensa que desarrollar un profundo sentido crítico en todo lo que hacemos nos lleva a preguntarnos hasta qué punto estamos dispuestos a cuestionar estos patrones y reglas, aunque sólo sea para entrar en otros esquemas.

Media Partners:

close