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Spotlight

18 octubre 2018
Alienación y aceleracionismo. Un manifiesto xenofeminista

Ana Llurba

En la década de los ochenta comenzaron a gestarse, desde los emergentes ciberfeminismos, las primeras herramientas teóricas para descolonizar la instrumentalización de la ciencia y la tecnología. Varias teóricas del feminismo hicieron implosionar la presunción de androginia y dominación masculina en esos campos. Entre las más relevantes, Donna Haraway, Judy Wajman, Sadie Plant y el grupo VNS Matrix proponían una utopía en la que cabía imaginar la descolonización de la ciencia y la tecnología en favor de la emancipación de las mujeres y de otras identidades marginales históricamente marcadas por la diferencia. Al igual que los demás feminismos y poscolonialismos, la cuestión de la identidad es uno de los temas centrales del ciberfeminismo. Sin embargo, el vértigo de las grandes cuestiones de la modernidad, como la aceleración del progreso capitalista, también es abordado por sus epígonos contemporáneos, como el xenofeminismo.

Publicado en 2015, “Xenofeminismo. Una política por la alienación” es un manifiesto polifónico creado por el colectivo Laboria Cuboniks, nombre escogido por un grupo de seis activistas ciberfeministas que viven en diferentes latitudes y que se conocieron en la conferencia Emancipación como navegación que tuvo lugar en Berlín. La traducción al castellano de este manifiesto se puede leer junto con otros ensayos en Xenofeminismo. Tecnologías de género y políticas de emancipación (Caja negra, 2018).

Con las características programáticas propias de los manifiestos, éste es un artefacto textual administrado por diferentes subtítulos que como verbos, llamados a la acción, interpelan al lector de manera imperativa (“Interrumpir”, “Ajustar”, “Cargar”, “Desbordar”). El xenofeminismo reivindica el prefijo griego “xeno” (popularizado en la franquicia cinematográfica Alien para referirse a las especies no humanas como xenomorfas) que significa “extraño, extranjero”. Y lo hace confluir de una manera original con la teoría de la “alienación” marxista:

“XF aprovecha la alienación como estímulo para generar nuevos mundos. Todxs estamos alienadxs – pero ¿ha habido algún momento en que no lo hayamos estado? Es a través de, y no a pesar de, nuestra condición alienada que podemos liberarnos de la basura de la inmediatez. La libertad es algo dado y ciertamente no se nos da por “naturaleza”. La construcción de la libertad no involucra menos alienación, sino más; la alienación es el trabajo de la construcción de la libertad. No deberíamos admitir nada como fijo, permanente o “dado” – ni las condiciones materiales ni las formas sociales. XF muta, navega y sondea cada horizonte”.

Al igual que Donna Haraway hiciera con el cyborg, el xenofeminismo embandera el alien (lo otro, lo extraño, lo extranjero, lo no humano) y la alienación (el trabajador convertido en mercancía) como mito y herramienta simultáneamente. Sin embargo, a diferencia de Haraway, renuncian a la parodia, la ironía y la performance que caracterizan a la posmodernidad como estrategias retóricas y método político para posicionarse como un nuevo racionalismo. Así es como reclaman lo que consideran el legado huérfano de la modernidad, afirmando que sostener que la razón o la racionalidad son “por naturaleza” una empresa patriarcal sería conceder la derrota. Además, el xenofeminismo critica a la izquierda contemporánea por atrincherarse en las luchas de los colectivos marginales al sistema, en replegarse en las pequeñas resistencias contra el capitalismo globalizado: “Tomamxs la posición de que la política que valoriza lo enteramente local disimulando subvertir las corrientes de la abstracción global es increíblemente insuficiente. Secesionarse de o negar la maquinaria capitalista no hará que desaparezca.”

En este punto, el xenofemismo coincide con el “Manifiesto por una política aceleracionista” (2013) firmado por Nick Srnicek y Alex Williams, donde proponían que “la única respuesta política radical al capitalismo no es protestar, agitar, criticar, ni tampoco esperar su colapso en manos de sus propias contradicciones, sino acelerar sus tendencias de desarraigo, alienantes, descodificantes, abstractivas”. De esta manera, el aceleracionismo de izquierda sostiene que precipitar las dinámicas destructivas del capitalismo, en vez de atenuarlas, significa entender que la modernidad es una fuerza transformadora y no una condena. A su manera, ambas corrientes, xenofemisnimo y aceleracionismo, apelan al colapso del sistema, acentuando sus contradicciones a través de una política racionalista, globalista, antiracista, antijerárquica y, por supuesto, transfeminista.

A Ana le fascina zambullirse en libros y películas, acercarse con precaución a esos tentáculos que yacen en las profundidades y volver para contar lo que ha visto. Estudió Teoría Literaria y Literatura Comparada en la UAB. Actualmente trabaja en el medio editorial, colabora con algunas revistas y fanzines y coordina el proyecto Honolulu Books.

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