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Spotlight

26 abril 2019
Fábulas del compost

Ana Llurba

A través de la critica especulativa, es decir, desde la exploración de las preguntas mas que la formulación de respuestas, esta exposición, comisariada por Àngels Díaz Tena Miralda, indaga en las posibles arqueologías de futuro especulando con sus fronteras poshumanas. De esta manera, esta propuesta evita la autocomplacencia pasiva y unidimensional ante los más severos diagnósticos y proyecciones sobre la actual crisis ecológica. Y así es como el compromiso “extraplanetario” augurado en su nombre, evoca a la vez un espejo y ventana, reflejo y proyección, ejercicio de distancia con lo terrestre.  Un presente que se disuelve en elasticidad inorgánica y no biodegradable de un futuro cercano. Un presente inquietante que es invocado desde el texto inaugural del catálogo, es acunado por la oscura poesía de los profecías del Antropoceno:

“Estamos arrastrados por la gravedad, por la lentitud de la invención, por la viscosidad del concreto húmedo. Mientras que un pequeño brote orgánico murió por la exposición a la luz de la luna, nuestro planeta, nuestro hogar, está cada vez más repleto de toxicidad”.

Como si fuera un astronauta en una prueba piloto, el espectador romperá la velocidad de escape de la Tierra, la fuerza de gravedad terrestre, pero solo para comprobar que ahí afuera, en ese compromiso “extraplanetario” que promete esta exposición, solo se encontrará con nuestra más prosaica realidad terrestre. Un presente extendido, elástico,  donde el concreto y el hormigón, las huellas de la promesa del modernismo utópico encarnado en la Bauhaus adquiere agencia no humana en las esculturas con inquietantes atributos orgánicos de Evita Vasiljeva. Los ecos agonizantes del modernismo también son invocados a través de la pospornografía y el horizonte de una sexualidad poshumana. Aleaciones de la carne mutante y la geometría kinética confluyen interpelando los regímenes visuales contemporáneos en la obra de Ad Minoliti. Un objetivo plástico que también está presente en el retrofuturismo weird y cyberpunk con ecos de arquitectura suprematista del imaginario fundado en los murales y pinturas de Borond Keresztesi.

Vista de la exposición, ‘Extra-Planetary Commitment’, lítostgallery, Prague, 16 Marzo 2019 – 28 Abril 2019. De izquierda a derecha:Evita Vasiljeva, ‘Hormones’, (2017), metal, cemento, madera, cables, lu sensible al ruido, alambres, cada parte 25 cm x 57 cm x 57 cm – Cortesía de la galería del artista; Botond Keresztesi,“Miss Universe 1”, aerografía sobre papel, 29.7 cm x 42 cm – Courtesía del artista; Botond Keresztesi,“Miss Universe 2”, aerografía sobre papel, 29.7 cm x 42 cm – Cortesía del artista; Evita Vasiljeva – ‘There is no Grace in Shrinking’, (2017), latex, bomba, tubos de plástico, tamaños diversos– Courtesía del artista; Botond Keresztesi, “The Audience”, aerografía sobre papel, 29.7 cm x 42 cm – Courtesía del artista. Fotografías de Lenka Glisníková. © lítost

Sin embargo, la pieza que quizás resuma con su poder de interpelación de esta exposición es un rectángulo de arena gris con destellos sospechosamente brillantes que el espectador se encontrará en cuanto ingrese en la galería Lítost. Algo inquietante en su color, un gris ceniciento advierte que no es exactamente arena y todas las promesas de felicidad que el paisaje de playa promete. Esto no será más que la introducción. Con el video complementario con esta pieza, asistimos a una puesta en abismo. Estas son las cenizas de las omnipresentes pantallas de plasma que, como espejos negros, se convierten en la piel de nuestro presente. Una superficie “extraplanetaria” que a la vez evoca la piel de un animal anfibio. Entre lo humano, lo animal y lo poshumano, lo orgánico y lo inorgánico en Mehr Fantasie (2017-2018) de Julia Varela la toxicidad que nos habita se materializa dejando de ser solo una metáfora para devenir un oscuro indicio de la superficie que pisamos y respiramos.

Desde los textos introductorios de su catálogo, esta exposicióninvoca los imaginarios de la ciencia ficción clásica como R.U.R. (1920) de Karel Capek y Los desposeídos (1974) de Ursula K. Le Guin que plantearon las relaciones entre modernidad, alienación y especulación utópica de manera precursora en sus respectivos contextos históricos. Sin embargo,  Extra-Planetary Commitment solo nos remite al pasado para formular una propuesta de resurrección desde las cenizas de esos futuros caducos reclamando “Do not let the dream die—this is a bid to keep exploring other worlds”. La utopía ha muerto. Larga vida a la utopía auguran estas piezas, estas ficciones de un presente continuo, presente extendido, ese kainos donde habitamos este tiempo breve, la transición del Antropoceno-Capitaloceno-Plantacionoceno al Chthuluceno  advertido por  Donna Haraway (2016) en Staying with The Trouble. Making Kin in the Chthulucene, 2016). Desde el concepto de Chthuluceno Haraway se resiste a caer en un nuevo en una definición del presente determinada por  Anthropos. Evita así el lugar común de regodearse con un relato del apocalipsis distópico desde la perspectiva antropocéntrica y propone una estrategia de la disidencia que admita especular, en sentido de reflejo y conjetura, sobre la posibilidad una ecojusticia transespecista. Una fábula del compost, emergente entre superficies de concreto, floreciendo entre desechos contaminantes. Como si, al igual que en las cenizas de plasma de Julia Varela, el oscuro compost del Chthuluceno anidara nuevas posibilidades de emergencia de nuevas mitologías y relatos en un planeta en constante mutación más allá de la agencia humana.

Julia Varela, ‘Mehr Fantasie’, (2017 – 2018), super HD, stereo, 20m 4s – Cortesía de la artista. Fotografía de Lenka Glisníková. © lítost

 

 

A Ana le fascina zambullirse en libros y películas, acercarse con precaución a esos tentáculos que yacen en las profundidades y volver para contar lo que ha visto. Estudió Teoría Literaria y Literatura Comparada en la UAB. Actualmente trabaja en el medio editorial, colabora con algunas revistas y fanzines y coordina el proyecto Honolulu Books.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)