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Spotlight

23 septiembre 2021
Sobre otros modos de hacer, otras formas de producir INDUSTRIA / MATRICES, TRAMAS Y SONIDOS

Antes de entrar, una sirena toca, cada hora. Su sonido se mezcla, a veces, con voces de manifestantes. ¿Una llamada a qué? ¿La manifestación de qué? ¿quién nos convoca en una sala lateral del museo?

No es una exposición al uso. No hay comisarias articulando una propuesta de narrativa, sino un proyecto abierto a la especulación que usa las herramientas de lo curatorial y también de la arqueología o la sociología, y de lo que identificamos como arte. No hay artistas en una lista, sino una relación de personas, colectivos, corales, institutos, universidades, laboratorios, y otras asociaciones participantes y colaboradoras. Tampoco hay obras colocadas con “aire” alrededor. Las únicas piezas que nos remiten a un formato expositivo clásico son máquinas de aprendizaje del funcionamiento de sistemas industriales, provenientes de los fondos de maquinaria industrial del campus de Alcoi de la Universitat Politècnica de València.

Industria / Matrices, tramas y sonidos se plantea como una investigación, una reflexión crítica y un proceso abierto para replantear el concepto de patrimonio, concretamente el patrimonio industrial valenciano, tanto material (los vestigios clásicos arquitectónicos, incluyendo la ruina romantizada) como inmaterial (sonidos de máquinas, cantos de trabajo o ejemplos de músicas de raves, junto a los testimonios orales de integrantes de los movimientos sociales de participación ciudadana, desde el anarquismo a los sindicatos o asociaciones vecinales). Se ha iniciado de manera colectiva gracias al trabajo cómplice de investigación, archivo y, ahora, activación, de un arqueólogo, Tono Vizcaíno, y un artista y curador, Lorenzo Sandoval. Invitados primero por Sergio Rubira, anterior subdirector del IVAM, e incentivados a continuar y a ampliar el proyecto por la nueva dirección de Nuria Enguita, han sido los responsables de comenzar un recorrido por varios de los lugares fundamentales en la historia oficial de la industrialización y la colectivización de esta región: Alcoi, Elda y Elche/Elx en Alacant, Port de Sangunt en València, y L´Alcora y Onda en Castelló. Han encontrado allí unos primeros registros institucionalizados, que les ha servido para preguntar y aunar más ejemplos hasta ahora no considerados, muchos olvidados y, en muchos casos, fruto  el deseo que nace desde el margen oficioso. Un archivo ha llamado a otro, y a otro, y a otro… hasta formar un primer núcleo de registros y documentos que inician el fondo que, desde ahora, será parte de la biblioteca del IVAM.

Trabajadoras de la fábrica El Bambú, Alcoi. Arxiu Municipal d’Alcoi

La idea de archivo, colección y lugar donde se reúnen y custodian una selección de objetos y documentos a los que se les otorga un valor muy preciso, está en la génesis de la idea del museo occidental como Wunderkammen. En ellas se atesoraba lo que se quería poseer, lo que se quería detener en el tiempo como símbolo y/o imagen de una determinada concepción del mundo y su organización, como parte de una gramática muy precisa para la creación de un imaginario civilizatorio, un relato que sustentara y justificara la existencia de un poder. Hoy, releída la versión determinista de la Ilustración, así como a través de las diferentes teorías decoloniales o de género, plantear un archivo debiera hacerse desde un patrón abierto, móvil y siempre en construcción. Y este es para mi el gran acierto de Industria, en su contenido, en su forma y en su tentativa de diseño actual.

Mirar a nuestra historia desde una visión materialista, entendiendo quién controla los medios de producción, se quedaría siempre coja si no comprendemos también los medios de difusión y control de su mensaje, y de su imagen asociada. Estudiar sólo las grandes estructuras de esta maquinaria también se nos ha quedado insuficiente, por excluyentes, y la labor ahora es completarla, fractalizarla en la multitud de voces discordantes, infiltradas y, en su esencia, subalternas. Para ello, aquí se reúnen revistas, octavillas, carteles, documentos, portadas de disco, álbumes y fotografías, que realizan una genealogía de la imagen y la gráfica que dio forma la cultura entorno a lo industrial, desde la década de 1930 a la de 2010, con algún ejemplo de fines del siglo XIX. Pero no sólo “papel”, que no deja de estar al borde de convertirse en otro fetiche romántico, si no también toda una variedad de ejemplos de lo que se considera “inmaterial”: grabaciones de discursos, canciones, sonidos de máquinas, emisiones radiofónicas, que por su propia característica no objetual ha servido de lugar para la manifestación, a través de la autoedición, de lo diverso y crítico a un poder hegemónico. De esta manera, se pueden trazar diferentes líneas que unen historias que tradicionalmente no se han contemplado ni oído juntas, y que pueden dar muchas claves para entendernos o repensarnos. Siguiendo la idea de “buena vecindad” del atlas warburguiano en esta sala se puede escuchar el sonido de un telar mecánico a la experimentación de la música electrónica a lo largo del siglo XX, llegando hasta el sonido “máquina” valenciano. En esta amalgama sonora y diacrónica, entre lo tradicional y la vanguardia, se puede entender el escenario de la fábrica y su vida en ella (patronizada, colectivizada, intervenida, abandonada) como un espacio de análisis social que nos atañe a todas. No es casual que esta exposición esté siendo la más visitada de esta institución.

La reunión de materiales que rastrean la conformación del imaginario (imagen, objeto y sonido) de unos discursos y periodos históricos, desarrollados en el siglo XX, hace que el contenido entre dentro de la materia de estudio de una institución como el IVAM, museo de arte moderno. Lo interesante es que, además, se apuesta por la experimentación en su diseño: Sandoval y Vizcaíno han propuesto una serie de módulos recombinables, reubicables y que permiten una estructuración espacial flexible y preparada para la manipulación de sus contenidos, como ellos mismos dicen para “reproducir el gesto del archivo”. Siguiendo la estética del constructivismo ruso -referente de la concepción de la producción material y de imagen- así como la redefinición del dispositivo como soporte/ayuda articulado por Céline Condorelli, la visita puede seguir tres itinerarios diferenciados por colores: en verde “Tomar la palabra”, centrado en la enunciación y la oralidad en el espacio público; en azul “El sonido de las máquinas”, que presenta cómo suena la máquina y sus tecnologías; y en rosa “Dispositivos de interdependencia”, que plantea las relaciones con procesos instituyentes y de colectivización en torno a los complejos fabriles.

Este esquema se convierte en un patrón que redefine, y así me gustaría creerlo, la función de una institución museística: un lugar de investigación en proceso abierto y colectivo para el análisis de nuestra memoria, y desde estos conocimientos, la proposición colectiva de futuras potencialidades como sociedad. Esta sería una gran forma de convertir el canto de sirenas en un espacio para el pensamiento radical.

PD: el 1 y 15 de octubre se realiza el seminario “Industria / Lectura y escucha” sobre productividad y reproductividad contando con Silvia Federici en la primera sesión, Bonaventure Soh Bejeng Ndikung y Amador Fernández Savater en la segunda.

 

 

Marta Ramos-Yzquierdo está acostumbrada al cambio y a la adaptación. Por eso ha tocado los palos más diversos del campo del arte y la gestión cultural. Ha vivido en París, Granada, Madrid, Santiago de Chile, muchos años en São Paulo, y ahora en Barcelona. Habla y escucha mucho a artistas y otros seres para buscar muchas preguntas, sobre todo, sobre estructuras de poder, formas de percepción y modos de actuar, sentir y vivir.

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