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08 enero 2018
Empacho, obsesión y otros (necesarios) males de archivo

Vista Oral

Maite Muñoz – Desde que tengo uso de memoria he tenido cierta tendencia al TOC, ese trastorno que, entre otras muchas cosas disparatadas, te lleva a alinear obsesivamente los objetos en la mesa de trabajo varias veces al día o a subrayar indefectiblemente los libros con regla. Sobre el vínculo más o menos metafórico de esa perturbación persistente con la archivística ya se encargó de hablar hace un tiempo Jorge Blasco[1]. Rasgos de personalidad aparte, todavía hoy me pregunto qué hago yo metida en esto de los archivos, qué hay en ellos que me fascina (y, a ratos, me repele a la vez). Que el archivo es un trending topic en el ámbito cultural y en el del arte contemporáneo en particular, es un hecho. Los intentos de establecimiento de genealogía de este fenómeno, las múltiples aproximaciones teóricas al fenómeno y la proliferación de seminarios y encuentros sesudos sobre el tema lo corroboran. La herencia de la posmodernidad, la crisis de la noción de archivo institucional, especialmente en relación al colonialismo y los múltiples tanteos y aciertos de creación de memorias alternativas han puesto a la palabra archivo en boca de todos. Ante este panorama de popularidad, –yo, que adoro esa parte de la creación que se mantiene en los márgenes, la que se mueve con gracilidad por los espacios de centros de documentación, archivos y bibliotecas– empiezo a sentir desasosiego. ¿Estaremos desactivando la potencia que pudiera tener el archivo con la construcción de otro discurso hegemónico más? ¿O es simplemente temor a ver cómo el archivo se convierte temporalmente en la reina del baile y a que la gente deje de mirarme raro cuando explico que lo mío son los archivos?

Intento pensar estos aspectos desde mi posición actual: después de ocho años formando parte del equipo del Centro de Estudios y Documentación MACBA, donde aprendí en un ámbito institucional el a,b,c de los archivos con el privilegio que supone ver un proyecto desde su tierno nacimiento, ahora me muevo en las arenas movedizas del freelancismo. Esta nueva etapa me ha permitido involucrarme en proyectos de archivos independientes como el de Los Angeles Contemporary Archive, el de la guatemalteca Fundación YAXS o el del Archivo de Muntadas. Ámbitos geográficos, sociales, políticos, económicos y culturales extremadamente diferentes, con la riqueza de perspectiva y la apertura de mundos que esta variedad proporciona.

Y luego está Vista Oral, ese colectivo autogestionado y deficitario que tantas alegrías me da y que nos ha permitido disfrutar experimentando con artistas que, algunos de ellos, se han aproximado a la cuestión del archivo con mirada fresca, explorando y haciendo explotar los límites del mismo. Es el caso de Enric Farrés Duran, Antoni Hervàs o Hailey Loman. También en el contexto del colectivo, supongo que por filias nuestras y por seguir la corriente viendo los tiempos que corren, hemos trabajado el archivo en nuestras investigaciones sobre el fenómeno del bakalao, así como en propuestas para diferentes convocatorias (fallidas todas ellas y que verán la luz próximamente en una recopilación de fracasos que estamos preparando). Todos estos proyectos me cautivan por entender el archivo no como un receptáculo pasivo, sino como un ente en torno al que se generan colaboraciones, interpretaciones y activaciones a través de procesos abiertos y dialógicos con diferentes agentes. Y sin más dilaciones, en este pin-pon que es una breve observación sobre la pertinencia de la reflexión y la práctica críticas en torno a las tecnologías, políticas y economías del archivo, doy paso a mi compañera de andanzas en Vista Oral, Alicia Escobio.

 

Cartela de Realizar un Papel de la exposición de Enric Farrés en 55x45x25 dentro del ciclo de INÚTILES, 21 de abril, 2017- 21 de abril 2042.

Alicia Escobio – Creo que a mi me pasa un poco como a Enric, que soy consciente de mi aproximación al archivo a partir de las investigaciones comunes que emprendemos juntas. Creo que al igual que él, comienzo con Leland Palmer, en “Lo tengo, no lo tengo”, trabajando el concepto de colección, como una fascinación por una actitud que se centra en convertir en proyecto un impulso de seguir a un determinado objeto. Pero también como una aproximación política a la disyunción que se establece en una colección entre el proceso en el que un objeto se produce y su estado de permanencia a posteriori, ese cuestionamiento de las concepciones de uso/desuso, útil/inútil; que podemos extrapolar y conectar con conceptos como éxito y fracaso en sociedades capitalistas.  

Es cierto que, cuando me enfrento por primera vez a un archivo, no tomo ningún modelo, ni reproduzco minuciosamente las condiciones de un archivo, como hace Enric en “Establecer un principio de procedencia”. Cuando en “Segundo Intento” –también con las Palmer– recopilamos un montón de información sobre proyectos artísticos censurados, nos vemos obligadas a buscar herramientas que permitan dar visibilidad a testimonios que por ser en primera persona, son múltiples, se generan discusiones y no verdades; es la primera vez que seré familiar con el concepto de anarchivo, que nunca fue un fin en sí mismo –tú como diseñadora de los fanzines por fascículos lo sabes bien–. El pensar qué estamos haciendo introduce en el debate a Alex y Paco de Render, cuyo trabajo desde la programación está centrado en generar herramientas de código abierto que funcionan a modo del más sofisticado repositorio, y que ellos ponen a disposición y adaptan a todos aquellos proyectos que tengan algo que podamos contar juntos.

Esta misma afinidad –hay muchos afectos en los anarchivos— también nos pone en contacto con Ricardo Duque, integrante de la Fanzinoteca, Todojunto, L’Automàtica y Dinou. Con Ric hay una identificación política que es una forma de entender la cultura –no me he vuelto a perder un tagging day–. Además de soporte en un diseño web, establecemos las preguntas pertinentes para que la organización de la información no se jerarquice desde las herramientas comunes que estamos construyendo. Y por supuesto tú, que además de pringar desde la praxis con nosotras, nos ayudas en la construcción de conceptos. Vista Oral creo que incorpora en su construcción las preguntas de ambas y es para mi un proyecto pedagógico vital. Creo que como imagen ilustrativa de esta parte de la conversación y ya que has comenzado hablando de tu tendencia al TOC, cabe mostrar tu libreta de notas.

Como todo anarchivo que se precie, “Segundo Intento” sigue inconcluso, supeditado a que no existan motivaciones que nos urjan más o con las que en ese momento sintamos una mayor afinidad; y también están las obligaciones, claro.

Cuando empezamos a trabajar desde Vista Oral con Hailey Loman para Koob Gallery, intuitivamente pensé en cómo se mueve en un terreno intermedio a los anarchivos y los archivos institucionalizados, entendiendo las particularidades de ambos y evidenciando tanto sus solapamientos como oposiciones. Su trabajo, centrado en la imposibilidad de la preservación de una memoria, la lleva a montar LACA, una construcción común con otros artistas y agentes culturales de la ciudad de Los Ángeles, que de manera amateur –de amor– gestionan un archivo totalmente funcional que al mismo tiempo forma parte de su obra como artista. Un repositorio que examina y enfrenta la institución del archivo y que trata de preservar lo efímero de la performance, junto con libros de artistas, explorando las contradicciones que existen entre la contemporaneidad y la preservación; el arte vivo y el artefacto. Un espacio cambiante en el que se trata de abordar y confrontar las relaciones de poder entre el individuo y la institución a través de la transversalidad que se da entre los roles de los artistas y de los trabajadores voluntarios que forman parte del mismo; un espacio que se interesa también por ensayar opciones de involucración en el trabajo del archivo que escapen de la alienación.

 

Hailey Loman enfrentándose a problemas diarios de gestión en el LACA.

MM – Antoni Hervàs, a camino entre un médium y un trovador, se inmiscuye apasionado entre documentos de personajes cuyas prácticas analiza y reinterpreta desde la más pura admiración. Durante su estancia en Los Ángeles presenciamos su heterodoxo proceso de investigación en torno a los estereotipos femeninos y masculinos y cómo son cuestionados a través del uso del cuerpo en determinadas prácticas físicas de corte amateur o marginal. En su inmersión en los documentos sobre la figura del artista/bailarín/coreógrafo Chuck Arnett, que forman parte del acervo del ONE Archives, Toni se interesó por el fist fucking, focalizando su atención no tanto en la parte más explícita de la práctica, sino en los códigos, símbolos y clichés de género asociados a la misma. También fuimos testigos de la maravillosa experiencia en la casa-archivo de Tom of Finland, en la que documentos en papel se confundían con amigos personales del artista portadores de memoria oral y con botes de cocina que te hablan de su particular manera de habitar el mundo. En el caso de Toni, las experiencias personales se combinan con memorias colectivas, con estudio de campo y con investigación de archivo, donde éste es concebido como un personaje más dentro de su relato. Los vínculos entre cuerpo y archivo, la potencialidad performativa de los documentos y la noción del cuerpo como campo de batalla son expresados a través de un dibujo expandido, elástico y mutante.

Foto: Antoni Hervàs en plena zambullida en el archivo inmersivo de Tom of Finland.

Supongo que al final todo tiene que ver con aquello de estar hecho de contradicción, de que la vida es una carrera de fondo en la que uno intenta mantener la coherencia y fracasa cada dos por tres. Y que lo mismo sucede cuando uno lidia con lo que venimos a llamar archivo, donde cualquier visión crítica se mueve entre tensiones constantes: entre preservación, accesibilidad y uso; entre supuesta objetividad e incorporación de memorias colectivas y narrativas paralelas; entre normativas que permiten la interoperabilidad y folcsonomías que se construyen a través de experiencias comunes más allá de pensamientos hegemónicos; entre el derecho a la memoria y la legitimidad de no ser archivado, de no querer dejar nuestra impronta en la era del registro instantáneo e involuntario.

[1] Jorge Blasco ha trabajado esta noción desde su propia experiencia y su faceta de Amateur Archivist, culminando con la exposición TOC: Una colección propia.Obsesividad compulsiva e imagen contemporánea en las Colecciones del MUSAC y el DA2, que tuvo lugar en 2016.

Vista Oral es Maite Muñoz y Alicia Escobio. Nuestro trabajo como colectivo surge a partir de las inquietudes compartidas en torno al arte contemporáneo y las prácticas culturales. Abordamos los proyectos como un aprendizaje en el que junto con algún artista, generamos espacios participativos a partir de la interacción e intercambio de herramientas y de micro-narrativas que nos ayuden a generar un discurso crítico colectivo. La práctica curatorial es concebida como un proceso de investigación en la que se diluyen los límites entre teórico-artista-curator.
Gestionamos el espacio 55x45x26, situado en Los Ángeles, donde hemos trabajado con artistas como Fermín Jiménez Landa, Enric Farrés o Antoni Hervàs. En la actualidad gran parte de nuestros proyectos giran en torno al mundo editorial donde colaboramos con Can Editions o Folleto.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)