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Magazine

09 July 2008
Avances, vaivenes y retrocesos

David Armengol

Una gran retrospectiva en tu ciudad de origen, y más cuando, por diferentes motivos, el grueso de tu trabajo principalmente se ha realizado fuera, es uno de los indicativos más satisfactorios y sólidos en la trayectoria de un artista. “Da Capo”, completa y exhaustiva recopilación del trabajo en arte de Francesc Torres desde finales de los años sesenta a la actualidad que actualmente podemos ver en el MACBA, es un claro ejemplo de retrospección crítica de la obra de uno de los artistas más representativos e influyentes del arte contemporáneo catalán.


Un artista clave, tanto a nivel conceptual (precursor del arte como lenguaje, idea o experimento) como formal (pionero de la instalación multimedia) que, tras más de cuarenta años de producción, sigue explorando en presente la capacidad del arte no ya por representar y denunciar la realidad, sino por detectar los conflictos inherentes – casi crónicos – de la misma e indagar así en otros modos de resolverlos desde el compromiso y la acción política (y artística).

Algo que además, queda claro de antemano en una muestra que, como es habitual en el MACBA y en su forma de abordar la práctica artística, nos interroga de forma abierta y cómplice para romper, de entrada – incluso con el sugerente título (“Da Capo”, anotación en una partitura que avisa al músico que debe reanudar la pieza desde el principio) – con el carácter hermético, estanco y lineal que suele definir la noción de retrospectiva. Un recorrido cronológico que, más allá de ofrecer una aproximación fiel a la extensa trayectoria del artista, se nutre de continuos vaivenes, avances, retrocesos y da capos que permiten dibujar los principales intereses y preocupaciones de Francesc Torres en arte: la compleja relación entre el individuo, su entorno y la construcción de su memoria personal y colectiva.

En este sentido, su obra plantea una narrativa amplia, plural y comprometida que, desde la formalización artística y el espacio del museo – sin que este se libre tampoco de entrar en crisis -, explora los dramas y conflictos que definen nuestro presente e historia reciente. Es decir, una obra que aborda desde el ámbito artístico (sin obviar por tanto lo estético) temáticas tan complejas como el desencanto de las ideologías, la sumisión y el abuso de poder, la violencia como sustento económico, la guerra como estrategia de actuación o el olvido y la muerte como forma de opresión. En definitiva, un trabajo de resistencia e inconformismo en el que el artista no puede más que tomar posición ante la oscuridad que define gran parte de lo que somos y, en consecuencia, intentar dar una respuesta precisa.

Unas constantes fijas que acompañan al artista a lo largo de sus numerosos proyectos y que continúan siendo los ejes fundamentales de su trabajo actual, el cual podemos ver reflejado en la exposición a partir de nuevas producciones y obras recientes, como la instalación fotográfica “Oscura es la habitación donde dormimos” (2007) sobre la exhumación de una fosa común de la Guerra Civil en Villamayor de los Montes (Burgos), resultado de un largo proceso de documentación y recuperación histórica exhibida por primera vez en el marco de “Da Capo” o “Tan limpia como el alma” (2008), una nueva colección de fotografías de gran formato sobre el equipo de limpieza del Congreso de los Diputados en plena jornada laboral. Dos proyectos de lectura explícita y directa que, pese a la espectacularización excesiva que reciben al ser tratados casi como exposiciones individuales dentro de la muestra, reflejan el mismo rigor y compromiso de Francesc Torres para/con el arte y la sociedad en la que vivimos y que, supuestamente, nos engloba, sustenta y define.

Aunque sea a grandes rasgos, podemos decir que el da capo básico que marca su retrospectiva en el MACBA se encuentra en el análisis detallado del conflicto y el desencuentro que, a lo largo de su obra – y también de su biografía – el artista sitúa en determinados hechos, momentos y experiencias, tanto individuales en un primer momento como colectivas a posteriori. Una muestra que, más allá de la linealidad de su cronología, se articula en base a los múltiples desajustes que el artista detecta en relación a la construcción de la condición humana en tiempo presente.

Así nos encontramos por ejemplo con el desencuentro inicial que Torres tuvo con el arte formalista catalán de los años sesenta, que de hecho le llevó a irse a vivir a Estados Unidos y a apostar por la acción y el mensaje como dispositivos de transmisión de ideas en detrimento del objeto artístico. Desde los primerizos poemas de herencia brossiana, el interés por la geometría y la matemática aplicada a los espacios públicos, o los sutiles experimentos con fenómenos naturales como el sol o la rotación de la tierra que el artista documenta en fotografías o videos (ensayos perfectamente reflejados en la primera parte de la exposición). A continuación, vemos también el desencuentro que el artista tuvo con el trabajo corporal y performativo a inicios de los años setenta. “An Attempt to Decondition Myself” (1974) – en la que el artista bebe alcohol hasta perder el conocimiento por intoxicación etílica como ejercicio de regresión en contra de la hipocresía de nuestra cultura –, supone un cambio de paradigma sustancial que sirve a Francesc Torres para tomar conciencia histórica y colectiva más allá de lo individual; algo que va a marcar la evolución posterior de su obra. Un conflicto conceptual que da lugar a sus primeras instalaciones como “Accident” (1977) – desencanto explícito sobre el pensamiento de izquierdas – o Construction of the Matrix (1976) – instalación presentada en el marco de la 37ª Bienal de Venecia en la que el artista analiza las profundas asociaciones existentes entre violencia e ideología.

A partir de ahí, núcleo fuerte de la exposición, el recorrido exhibe de manera impecable todo el trabajo de Torres centrado en la construcción de la memoria política y la conciencia colectiva en las que sitúa una de las posibles funcionalidades del arte hoy. Obras que inciden, desde la instalación multimedia, la pintura, el objeto escultórico o la apropiación de imágenes propias de nuestra cultura visual, en aspectos recurrentes y determinantes de su narrativa como la velocidad, la máquina y la evolución tecnológica mal aplicadas a contextos bélicos y de lucha de poderes e intereses. Un trabajo en el que, ya sea desde la incidencia directa en el olvido de las dramáticas consecuencias de la Guerra Civil Española (como “Belchite/South Bronx. A Trans-Cultural and Trans-Historical Landscape” (1988)) o en la manipulación de la imagen mediática y su capacidad para falsear y alterar la información sobre aquello que nos rodea (“Newsweek Series”, 1990-1992), el artista aboga por un mensaje directo y contundente en el que el espectador es invitado también a tomar conciencia social y política ante lo que ve. Un trabajo en arte que, sin alejarse de lo que en su esencia es, plantea un sinfín de dudas e interrogantes sobre nuestro tiempo.

En este sentido, hay que reconocer que “Da Capo” cumple a la perfección con su cometido: situar a Francesc Torres en el lugar que merece dentro de la historia del arte contemporáneo en nuestro país (puesto que, lamentablemente, seguía siendo un artista bastante desconocido o poco analizado desde nuestro contexto) e incitar a su vez al espectador a una mirada crítica en relación a la construcción de la memoria y los sistemas de pensamiento y actuación que definen nuestra sociedad. No es poca tarea plantearse eso desde el arte. Y Francesc Torres lleva cuarenta años haciéndolo.

David Armengol is an independent curator, who tries though contemporary art to establish emotional ties between artistic practices (his own work) and the music scene (his passion). He has worked with sound projects in exhibition spaces and has programmed concerts within art events (Emak Bakia, Za!, Balago, Bradien, Kludge, Zink Tank and Bedroom, amongst others). He’s a great admirer of Will Oldham.

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