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Magazine

19 April 2010
Desde Siberia, ideas de gestión cultural

Marcela Römer

La maquinaria bajo la cultura, sus instituciones, los proyectos y las propuestas, necesitan de una actitud de lucha constante por parte de aquellos que tiran adelante con el trabajo en arte y cultura. Hablamos de trabajo, hablamos de arte, hablamos del campo de lo profesional. Y de las emociones y las lágrimas. También de Argentina y su evolución.


A principios de los años 90 en Argentina estábamos recién saliendo de los tremendos años de la dictadura militar. La gestión cultural era algo de lo cuál se hablaba, y se hacía, pero en estricta correspondencia con la militancia cultural y política, la reivindicación de derechos humanos o la reconstitución del entramado social. Pensarse gestor era cavilarse dentro de le estructura del estado para reconstruir lo que habíamos perdido o se nos había sustraído. En esos años era muy difícil articular una coparticipación entre privados y estado porque en muchas circunstancias los privados eran mirados de una manera ideológicamente despectiva. Pero al mismo tiempo permanecía un problema que siempre coexistió, el mayor fluctuante de dinero lo poseían los privados.

En esos años Argentina tenia una gran división en el campo del arte, por un lado sobrevivían los avances de los pintores de las generaciones post dictadura, por otro los artistas ideológicamente comprometidos con la militancia emergían lentamente de sus exilios obligados o elegidos y, al mismo tiempo, los avances de la postmodernidad instauraban el arte Light o kitsch. No sabíamos en esos momentos cuánto nos transformaría lo que malamente se citó como arte Light. Estábamos ante grandes cambios, vivíamos día a día transformaciones después del largo letargo impuesto por el autoritarismo de estado.

Por esos años tuve la inmensa suerte de tomar un curso con el conocido Toni Puig Picart, nadie sabía muy bien quién era el catalán o qué pensaba, pero alguien tuvo la genial idea de contratarlo para que nos diera a los que gestionábamos cultura desde el estado un curso intensivo. Recuerdo esto porque él dijo en esa oportunidad algo como lo siguiente: “cuando un tiene que sentarse a gestionar con su equipo, lo mejor es entrar primero al baño diez minutos y llorar, llorar y gritar por todo lo que no tenemos como: dinero, buenos recursos humanos, instituciones que comprendan lo que es la cultura para el ciudadano o pares colaboradores. Después de eso hay que secarse las lágrimas, salir a la reunión con una sonrisa y comenzar a gestionar”.

Todos nos reímos por este chiste, lo que creo no comprendimos es cuanta verdad acarreaba la idea. Siempre recuerdo sus palabras con gran intensidad porque es exactamente lo que hago cuando tengo que gestionar cualquier actividad cultural, en mi soledad rumio y pienso todas las variantes desventajosas y luego gestiono sin parar hasta conseguir lo mejor que pueda lo que me propuse como meta. Eso es la gestión cultural, primero pasión por lo que uno cree o hace, después capacidad de terquedad sana y colaborativa para lograr un objetivo. Después -o al mismo tiempo- idoneidad en conseguir los fondos necesarios, capacidad de adaptación al grupo o tarea y más que nada equidad en la actividad que estamos gestionando.

El mundo del arte se compone de buenos gestores y buenas ideas. Los primeros gestores buenos son los artistas, hacen sus obras, buscan sus recursos para financiarlas, organizan su prensa, averiguan la galería idónea para representarlos o contactan con sus pares para hacer muestras colectivas.
Los curadores deben estar en segunda fila, deben ser buenos para las mismas cuestiones que los artistas además de conseguir que los museos o centros culturales se interesen por las muestras o actividades que proponen, pensar en sponsors para catálogos, tener idea global del proyecto y apertura para escuchar las iniciativas de los que lo componen.

Un ejemplo muy eficaz de gestión cultural lo encontramos en un grupo de artistas mendocinos que elevaron el rango de arte localista a contemporáneo recordando en su provincia que hacer arte es pensarse en un contexto globalizado. Así Edcontemporáneo (www.edcontemporaneo.com.ar) surgió hace unos años con la iniciativa de unos diseñadores y artistas jóvenes estableciendo vínculos con los artistas consagrados de su provincia y la capa media de productores. Gestionaron su visibilidad de diferentes formas: propusieron proyectos para el barrio jóven de la Feria ArteBA en Buenos Aires, donaron obras a la colección del Museo Castagnino+Macro de Rosario, realizaron muestras en su espacio en Mendoza de formato contemporáneo, realizaron catálogos y libros de artistas con diseño impecable.
En este caso este grupo vive y trabaja en una provincia lindera con el país vecino de Chile, lo cuál los sitúa –estratégicamente hablando- en un contexto cultural muy alejado del de la ciudad de Buenos Aires y Rosario. Con su eficaz gestión, Edcontemporáneo demostró que sí podía esta en la escena de arte Argentino aunque su localización geográfica se encuentre realmente distante. Este grupo de emprendedores accionó sobre la escena de artes del país con eficacia y con gestión inteligente.

Gestionar es también poder tener el poder de escucha exacto de lo que el ciudadano necesita en el momento preciso y, además, adelantarse un pequeño trecho a sus necesidades con ofertas creativas, factibles y sencillas.
En Sudamérica la gestión cultural se realiza con pocos fondos monetarios, lo que se valora a nivel simbólico son las ideas capitalizables y creativas, la utilización de las fortalezas de los grupos o instituciones para las cuáles se realiza la acción y la valiente superación de las debilidades de las mismas.
En Argentina las instituciones museales que pertenecen al estado nacional o provincial realizan acciones cooperativas. Si un museo gestiona y produce una muestra de importancia de algún artista o grupo y ésta es exitosa, veremos que después la misma itinera por otros museos y espacios culturales. Así las instituciones ahorran costos de producción abaratan seguros y establecen lazos coparticipables. Ejemplo actual de esto es la muestra del famoso artista argentino Marcos López titulada “Vuelo de Cabotaje” que fue curada por Fernando Farina (http://castagninomacro.org/info/2010/01/marcos-lopez-muestra-en-el-castagnino). La misma nace de una idea privada extensiva hacia los diferentes espacios de arte de Argentina, como museos o centros culturales.

Gestionar es ser contundente con el logro de un deseo, sin deseo nada se puede hacer. Es como la vieja idea que construye el arte: Deseando se logra ser artista. Si así es posible porqué no pensar que se puede lograr ser un buen director de orquesta como metáfora de gestor de una situación interesante.
Sin diversión no hay gestión, de por sí la tarea es bastante ardua y agotadora, si no existe una capacidad autocrítica en un rango de disfrute con el grupo es posible que la actividad fracase. Cómo hacer para divertirse, es muy fácil: el plan a seguir tiene que ser realmente creativo e innovador y tener un mínimo componente de imposible. Una vez lograda la meta la satisfacción es tan grande que es como conseguir un helado de chocolate en el desierto del Sahara.

El mundo de la gestión debe pensarse como una heladería con refrescos con potenciales clientes no rusos en el medio de Siberia. Adjunto a eso un centro de moda con peletería ecológica e interiores anti balas que sirva para ponérsela cuando después de haber llorado los diez minutos reglamentarios en el baño, los gestores culturales salgan al medio de la nieve con una amplia sonrisa. Be happy: eres gestor cultural.

Marcela Römer
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