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Magazine

23 February 2009
El cine sin cine

Aimar Arriola

Desde el 28 de enero y hasta el 20 de marzo el Centre Civic Can Felipa presenta una exposición colectiva que se aproxima a la influencia del cine y sus formas en el arte actual. La muestra es fruto de la Convocatoria de comisariado 2008 del centro.


La aparición del dispositivo cinematográfico cambió la forma en que pensamos, hacemos y consumimos el mundo. El cine, como máquina de crear imágenes, relatos y experiencias instauró un nuevo modo de aproximarnos a la realidad. Desde la llegada del cine percibimos las cosas de manera fragmentada y el único modo que tenemos de reconstruir “la realidad” es a partir de la puesta en conjugación de sus diferentes partes. Leer el mundo hoy sería algo así como montar un plano detrás de otro para dar sentido a una secuencia.

El montaje –el proceso de unión de dos planos medidos y ordenados, para dotar de estructura al relato fílmico– es el núcleo del lenguaje cinematográfico y su influencia se extiende más allá de los límites de su campo. Es interesante considerar, por ejemplo, la irrupción de la noción de montaje y su impacto en la escritura; la llegada del cine trajo consigo la posibilidad de repensar un texto en términos fílmicos e introdujo la ocasión de construir un escrito a partir de estrategias como la repetición, el corte o la aceleración. Aunque hay tipos y tipos de montaje, el que nos interesa es aquel que sigue el principio político de la colisión entre los elementos que lo componen. Ya lo decía Godard, las películas no están para producir consenso, sino para evidenciar diferencias irreconciliables.

Entendido como la articulación de un todo a partir de posiciones singulares, el montaje es también la principal gramática que articula una exposición. La muestra “Efecte cinema”, comisariada por Eloi Grasset y Joana Hurtado, reúne cinco posiciones de diferentes generaciones que recurren a estrategias diversas como el uso de material encontrado, la repetición como medio de re-significación, la traducción de la imagen recibida, o el desbordamiento del marco de la pantalla: Marc Plas (1959) presenta tres piezas construidas a partir de la reutilización de material fílmico preexistente; Lope Serrano (1976) se apropia de fragmentos concretos de películas a partir de su recreación mediante el dibujo y la animación; León García Jordán (1979) recurre a la seriación fotográfica para reelaborar lo percibido en un film; Julia Montilla (1970), en colaboración con Miguel Ángel Ramos (1971), parte de la tipología textual del guión y crea los títulos de crédito de una película no rodada de Berlanga y Bardem; mientras que Anne-Marie Cornu (1961) presenta una instalación en la que la referencia a lo cinematográfico reside en su presencia en cuanto que luz.

A partir de la exposición es fácil comprender el impacto que en su día tuvo el conjunto de experiencias surgidas en los 60, agrupadas bajo el término de cine expandido. El cine expandido buscó ante todo trascender los límites del cine más allá de la pantalla, superar su preeminencia visual. Para ello, puso en marcha una multiplicidad de dispositivos –a menudo apoyados en las innovaciones tecnológicas que se iban sucediendo en la época– que favorecían la ampliación de la experiencia cinematográfica: el uso de pantallas múltiples, la experimentación con el espacio de recepción, la estimulación sensorial, la potenciación de la dimensión material de la experiencia, etc. De aquí surgieron tipologías artísticas como la instalación y en la estela de esta tradición han de entenderse algunos de los trabajos reunidos en “Efecte cinema”.

El principal aspecto que se interroga en la muestra, dicen los comisarios, es “el acto mismo de ver imágenes”. Quizás por esto, y sin entrar a cuestionar las propuestas individuales, la exposición en general incida en exceso en la dimensión visual del cine, en cierta concepción de lo cinematográfico como imagen, como experiencia estética. Aunque la muestra no pretende ofrecer una visión exhaustiva, se echa en falta algún trabajo que se aproxime a la dimensión social del cine, al cine como experiencia colectiva. La función del cine como ‘experiencia social’ ha variado desde sus tempranos años la década pasada en la Unión Soviética hasta nuestros días; durante la edad de oro soviética el cine era una actividad esencial en la vida cultural de sus gentes y los cines desempeñaron un papel crucial como lugar de reunión pública, mientras que hoy ‘ir al cine’ se ha convertido en una expresión más del sistema del consumo de masas. Y justamente por esto, reivindicar la dimensión social de la experiencia cinematográfica, su capacidad de agenciamiento, quizás sea más necesario que nunca.

Es oportuno destacar que “Efecte cinema” se presenta en el contexto de una convocatoria de apoyo a la creación emergente. La exposición fue uno de los dos proyectos seleccionados en la Convocatoria de comisariado 2008 del Centre Civic Can Felipa. Anualmente Can Felipa convoca un certamen abierto a tres modalidades –comisariado, creación artística e investigación– con el objetivo de apoyar a creadores emergentes en el desarrollo de proyectos inéditos y nutrir así la programación anual del centro. En los tiempos que corren, la triada formada por el más establecido Premi Miquel Casablancas, dependiente del distrito de Sant Andreu, la convocatoria de la Sala d’Art Jove, iniciativa de La Secretaria de Joventut de la Generalitat, y esta de Can Felipa conforman una dinámica red de apoyo a la creación, que constituye en si misma un peldaño intermedio de la esfera institucional sin el que el panorama del arte actual en Barcelona no podría entenderse.

Aimar Arriola
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