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Magazine

05 December 2010
Exposiciones para consumir(se)

Rosa Naharro

Vivimos en el “imperio de lo efímero”: arquitectura efímera, economía efímera, relaciones efímeras, empleo efímero (o inexistente) y como no, arte efímero. Un mundo en el que todo es susceptible de ser consumido, reciclado y vuelto a poner en circulación. “On & On” se acerca a lo efímero como una exposición que va pereciendo lentamente.


Comisariada por Flora Fairbairn y Olivier Varenne, On & On es la última muestra de la Casa Encendida en Madrid, en la que catorce artistas de distintas nacionalidades reflexionan sobre lo efímero de lo naturaleza. Aquel que vaya a visitar la exposición a principios de diciembre no observará lo mismo que el espectador que vaya al término de la misma en enero. La exposición, junto con muchas de las obras, y es esto lo significativo de la muestra, se va consumiendo – delante y con el espectador -.

El sociólogo Zygmunt Bauman denominó “arte líquido” a aquellos “acontecimientos artísticos” que se consumen y olvidan rápidamente, y que a diferencia del arte tradicional (sólido) nacen sin un deseo de inmortalidad. Un arte, por tanto, fútil, realizado con materiales frágiles, y necesariamente perecedero. On & On es una exposición con fecha de caducidad: cada día, hora, minuto, muchas de las instalaciones y trabajos van cambiando y hasta desapareciendo. Incluso, muchos de ellos, acabaran literalmente, en la basura.

Flores químicas que salen de ordenadores portátiles y que van invadiendo poco a poco una sala convertida en una improvisada oficina de reuniones (Steiner y Lenzlinger); Una instalación con una hilera de fresas naturales, junto con moscas, descomponiéndose sobre un pájaro disecado (Claire Morgan); Un bloque de hielo gigante teñido de tinta del que sólo queda un charco de agua (Kitty Graus); Una habitación con las paredes cubiertas de chocolate o velas encendidas derritiéndose mientras dibujan grandes círculos en el suelo (Anya Gallaccio). La idea de descomposición recorre todas estas piezas y tiene su punto culminante, en la obra, demasiado explícita (por el nauseabundo olor), de Michael Blazy: una cripta en que una figura humana realizada en pan es atacada por bacterias. Un concepto que ya encontramos, por ejemplo, en la obra del artista Nacho Criado, en sus esculturas apolilladas, obras procesuales, donde agentes colaboradores, las termitas, contribuyen a dar forma a las piezas en el tiempo. Por no hablar de los artistas del land art, que dejaban que los agentes atmosféricos concluyeran sus obras.

El arte efímero no es algo nuevo, existen abundantes ejemplos en la historia del arte: arte conceptual, arte póvera, acciones, performances o intervenciones en espacios públicos. Desde los gestos dadaístas a Duchamp, los acontecimientos de Fluxus, la grasa animal y cera de Beuys, los trabajos inmateriales de Yves Klein, y un largo etcétera. De hecho, buena parte del arte actual sigue en esta tendencia de desmaterialización del objeto. Aunque es verdad, y aquí está la trampa (del mercado del arte), que la mayoría de obras que son concebidas como arte efímero son registradas en algún tipo de soporte, ya sea fotografía o vídeo, por lo que ya no son tan efímeras como pretendían…

Lo novedoso en esta ocasión es que la misma exposición en su conjunto está concebida para ser consumida, para que el espectador sea partícipe de esta mutación. Si bien es cierto que en la exposición aparecen una serie de obras, que aunque conceptualmente se insertan en el discurso expositivo al reflexionar sobre lo efímero, por su mismo formato no lo son: la videoinstalación de Andy Goldsworthy, en la que se muestra como se desvanece la huella de un cuerpo bajo la lluvia, la grabación de la explosión de un cohete casero de Roman Signer o el vídeo que muestra la performance de Eloise Fornielles.

La mayoría de las obras expuestas serán desechos al término de la exposición. Nada nuevo, las vanguardias españolas y los surrealistas se deleitaron a caballo entre los veinte y los treinta en la putrefacción. Pero citando a José Luís Pardo en su último libro, a propósito del arte y la sociedad contemporánea, podríamos decir que pese a todo “nunca fue tan hermosa la basura”…

Rosa Naharro endeavours to think about the present, considering its distinct contexts, through culture and contemporary art. Looking at exhibitions, writing, reading, film, music and even conversations with friends serve as her tools. Understanding and interpreting “something” of what we call the world becomes a self-obligation, as well as taking a certain stance, that doesn´t distance her from it. She combines writing for A*Desk with writing her doctoral thesis at the UCM and working with cultural management projects.

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)