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Magazine

09 July 2007
“Fronteras” en el CCCB

Roberto Enríquez

“Nadie sabe lo que le espera en este mundo, said the mozo.
De veras, the boy said.”
CORMAC MCCARTHY, ‘The Crossing’


A veces
Los que cruzan no transitan mapas, sino que se borran de ellos. La clave no es la línea trazada con mal pulso, sino el espacio imaginario fronterizo que genera una realidad de ida y vuelta, de presente y pasado que convierte los mapas políticos en relojes de arena obtenida de huesos triturados, y donde el mañana está siempre al otro lado (y el mañana es a veces un “futuro mejor” y siempre la inevitable muerte).

Y nosotros lo contemplamos todo desde el futuro, desde arriba, desde la seguridad que nos dan los mapas ajenos que descubrimos como objetos bellos con la culpa justa y biempensante de quienes se saben el destino de los otros, como en una historia de amor enloquecida, como en un certamen de misses primermundo; sabemos que nos miran, nos desean. Y que tan lejos no llega el olor de nuestra mierda.

Otras veces
Las líneas de los mapas son demasiado delgadas como para albergar todo lo que sucede en ellas. O tal vez no; tal vez tengan el grosor perfecto para ese juego de funambulismo sobre redes de alambre electrificado que se ejecuta sobre ellas en ese mayor espectáculo del mundo, en ese circo de tercera que no es solar ni selenita, que aún contiene fieras.

Otras voces
Que no suenan en cayucos ni en pateras, sino en las diminutas memorias comprimidas en tarjetas de la visita de los aguerridos reporteros (sans frontiers) que practican ese documentalismo tan siglo XXI que prima el “yo estuve” sobre el “ellos son”. Porque ellos no existen: están en transición.

TIERRA DE NADIE
En la ignorancia a medias de un idioma,
ya que el dominio es imposible,
las palabras demuestran estar hechas
de la esencia del mundo y la poesía.

Pienso en ‘dirt’, por ejemplo,
“barro, lodo, tierra,
polvo, suelo, mugre,
suciedad, obscenidad,
bajeza, vileza.”

Suciedad de la tierra, tumba y matriz.
Basura sagrada
que amasaron plantas y huesos.
Putrefacción en que nos da la vida la muerte.

Extraño llamar “Tierra” al planeta errante
en donde navegamos siempre en tinieblas
y a la materia de la que sale todo
y todo regresa.

La tierra baldía, la tierra prometida,
la tierra de nadie.

(José Emilio Pacheco, Ciudad de México 1939)

Roberto Enríquez
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