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Magazine

17 November 2014
Mirar la historia desde el presente o cómo activar el pasado

Montse Badia

Revisitar el pasado desde una mirada contemporánea es una premisa tan necesaria como delicada y demasiado a menudo, aburrida. Dependiendo de las motivaciones, se pueden generar relecturas tendenciosas o asociaciones libres de academicismos que pueden convertirse en la clave para entender algunos hechos del presente. Al margen del tema Tricentenario, en Barcelona confluyen estos días tres ejemplos interesantes en ese sentido. Se trata de tres propuestas que no recrean batallas ni hazañas épicas, sino que a partir del trabajo con archivos y documentos, desvelan materiales inéditos o elaboran asociaciones insólitas.

La primera de ellas es la nueva ordenación de una parte de los fondos del MNAC (Museo Nacional de Arte de Catalunya), que resitúa la colección de arte moderno del museo. Y lo hace no a partir de criterios cronológicos o estilísticos, sino de los cambios en la idea de “artista moderno”, su estatus, la concepción de taller y de obra, que no sólo aporta nueva luz a la manera en que pueden ser vistas las piezas que siguen a continuación, sino que remiten a un diálogo directo con las nociones actuales de artista, taller y producción. Y como no podía ser de otra manera, la misma clasificación estanca de disciplina se desintegra y obliga a exponer pintura, escultura y arquitectura junto a lo que antes se conocía como artes aplicadas, y otros nuevos medios como fotografía, cine y publicidad. Es sólo a partir de la convivencia de estas manifestaciones, que contextualizan los diferentes elementos de estudio, que puede comunicarse una suerte de Zeitgeist o espíritu del momento.

En la misma montaña de Montjuïc, un poco más arriba, en la Fundació Joan Miró, Joan M. Minguet y Fèlix Fanès han comisariado una exposición histórica: Barcelona zona neutral, 1914-1918, que define con absoluta precisión el lapso espacio-temporal a tratar y, aun basándose en multitud de documentos (que para eso los comisarios son historiadores del arte y profesores universitarios) no duda, sin embargo, en huir de academicismos. Y en relacionar, contraponer y establecer interesantísimas y nada tópicas asociaciones, como por ejemplo la que presenta a Sunyer en el radio de influencia de Cézanne y no en el apartado “noucentista” o la que atribuye una gran relevancia a periódicos ilustrados, fotografía, cine y carteles.

Precisamente, uno de los grandes aciertos curatoriales es que las obras de los artistas son una parte importante de la exposición pero no la única. Es decir, no se espera que pinturas y dibujos aislados hablen por ellos mismos, sino que están arropados o en diálogo con todo tipo de elementos, que incluyen films, carteles de combates de boxeo, fotografías de la noche en Barcelona o coches de la Hispano-Suiza. ¿Cómo si no comunicar que la 1ª Guerra Mundial fue la 1ª guerra fotografiada y en la que se introducen los medios de manipulación de masas? Los diarios ilustrados, muy abundantes en aquel momento, dan buena cuenta de ello.

Aunque Barcelona se mantuvo al margen del conflicto bélico, el impacto de la guerra no fue baladí. Tuvo influencia en la economía (crece el comercio y la industria), y en consecuencia, en los conflictos sociales (la burguesía se enriquece y crecen las desigualdades). Barcelona fue políticamente neutral, pero intelectualmente sí tomó partido. Hubo francófilos y germanófilos. Y también hubo idas y venidas, exilios y un gran intercambio. No sólo algunos salones de París que no pudieron celebrarse en la capital francesa, se presentaron en Barcelona, sino que en la ciudad vivieron, además durante algún tiempo creadores como Albert Gleizes y su mujer Juliette Roche, Sonia y Robert Delaunay, Marie Laurencin o Arthur Cravan, entre otros. La pureza, el orden y el clasicismo del Noucentisme convivía pues con un ambiente de actividad intelectual, efervescencia creativa y vida nocturna, como muy bien muestra la exposición. La importancia de los medios de comunicación de masas queda evidenciado al final de la misma, que se cierra con fragmentos del film de Charles Chaplin Shoulder Arms (1918). Si la exposición empezaba con imágenes de la 1ª Guerra Mundial, que fue la primera guerra tecnológica, concluye con la visión satírica de esa misma guerra, aportada por Chaplin.

Barcelona zona neutral (1914-1918) es pues una exposición histórica que apela constantemente al presente y ayuda a entender algunas de sus dinámicas, precisamente porque no es nostálgica sino que mantiene la tensión entre la memoria y la revisión crítica. Y nos hace recordar otras miradas a Barcelona (esa ciudad a la que le gusta tanto mirarse y que a menudo es tan autocomplaciente) como la obra de teatro À la ville de… Barcelona de Joan Ollé, de la que ya dimos cuenta en su momento o novelas como La ciudad de los prodigios o Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza.

b) Perejaume

Cerramos el repaso volviendo al MNAC donde Perejaume ha sido invitado a “maniobrar” en el museo y en numerosos archivos, disponiendo materiales de diversa procedencia y naturaleza como nunca los habíamos visto antes. Entre el Wunderkammer y el atlas al más puro estilo Warburg, Perejaume presenta más de un centenar de piezas, entre ellas, una obra de Miró al lado de una mano de autor anónimo y el brazo de la giganta de Olot; una colección de dietarios de la guerra civil; o un archivo-inventario de tipos de nubes de Eduard Fontseré Riba, por mencionar sólo algunas de las maravillas dispuestas y activadas en esta mirada al pasado desde el presente.

Montse Badia has never liked standing still, so she has always thought about travelling, entering into relation with other contexts, distancing herself, to be able to think more clearly about the world. The critique of art and curating have been a way of putting into practice her conviction about the need for critical thought, for idiosyncrasies and individual stances. How, if not, can we question the standardisation to which we are being subjected?
www.montsebadia.net

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