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Nombrar lo inefable

Magazine

05 March 2007

Nombrar lo inefable

“A few artist´s books: Roma publications and Cristoph Séller; es una muestra inusual desde el ámbito del arte: libros, revistas y periódicos expuestos en la galería como si de una instalación artística se tratara.


Los mercadillos de libros son mundos nuevos por descubrir que invitan a ser tocados, desentrañados, hurgados, manipulados. Allí, los textos se exponen en un orden impreciso, casi azaroso, que obliga al lector/comprador a afinar la búsqueda de títulos interesantes para conseguir buenos precios. Está siempre abierta la posibilidad del regateo con el vendedor, quien con ojo calificador sopesará en cuestión de segundos la relación valor/calidad de la edición para finalmente indicar “el precio justo”. En definitiva, los mercadillos de libros son lugares de negociación y de conversación con las obras.

Esta impresión enmarca la propuesta que se presenta en la Galería ProjecteSD: “A few artist´s books: Roma publications and Cristoph Keller”, una muestra inusual en el ámbito del arte: libros, revistas y periódicos expuestos como si de una instalación artística se tratara. La presentación de los trabajos de estas dos jóvenes editoriales dedicadas fundamentalmente a la difusión del arte contemporáneo, parece entonces adquirir una importancia secundaria. Por el contrario, se hace evidente el propósito de trastocar el tradicional valor simbólico del libro ahora convertido en objeto de arte y de culto. En este nuevo escenario – ya no el del mercadillo o la librería, sino el de la galería – los libros se exhiben para ser contemplados como objetos que se descubren en las combinaciones visuales, geométricas y cromáticas de sus portadas interpelando al espectador en un ejercicio estético. Aunque estamos ante publicaciones de arte, las obras son presentadas aquí en sí mismos como objetos/arte, más allá de su propio contenido literario, aspecto que les hace trascender de su valor de uso cotidiano.

En el espacio de la galería, dos mesas a diferente altura rompen con la monotonía de la deriva y obligan al espectador a ajustar diferentes ángulos de visión, propiciando un viaje de ida y de vuelta entre las instalaciones de las paredes y los títulos ordenados en dichas mesas. Aquí, la imagen deviene accesoria y en su lugar se establece un diálogo de palabras y significados. Entonces, surge la duda que impulsa a todo visitante en las ferias o mercadillos de libros ¿se podrán tocar, abrir, leer?, impulso que contrasta con el estar en un escenario-galería ¿debería pues respetarse su valor artístico? No se clarifica si el libro invita a ser tocado o contemplado y el esperado permiso para mirar con las manos requiere el uso de guantes, tal y como establecen las normas de manipulación de obras de arte. Queda claro entonces: la muestra no invita a la lectura y los libros no invitan a ser tocados.

En su lugar, la invitación se centra en entrecruzar las múltiples publicaciones en un juego de significados casi infinito. Situarse, paradójicamente, frente a estos libros no constituye necesariamente una experiencia narrativa, y en este caso es preciso hacer frente a un conjunto de relaciones aparentemente inconexas. ¿Que muestran entonces estos libros? El juego gramatical invade las paredes del salón y la instalación Hallway with sentences de Mark Manders se presenta como un cadáver exquisito. En esta instalación salta la frase “horror vacui”, el temor al vacío y a lo innombrable que caracteriza nuestro mundo moderno. Los libros y sus palabras vienen a llenar los espacios vacíos, no ya en los salones, sino los espacios de la mente. Y de ahí parece surgir la clave del rompecabezas de significados que ofrece la exposición. Como los libros en los mercadillos, estos objetos/arte tienen la capacidad de nombrar lo inefable; de decir con su presencia.

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