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Magazine

26 April 2011
Perder el equilibrio para recuperarlo

Mireia Domènech

Primera exposición individual en España del colectivo londinense The Otolith Group, formado por Anjalika Sagar y Kodwo Eshun el 2001. Una muestra global de su trabajo, que indica cuales son sus líneas principales de actuación o sus métodos de trabajo, en el que juegan el papel en ocasiones de comisario, otras de artista, antropólogo o escritor.


Materiales acumulados, collage, mezcla de realidad y ficción, memoria colectiva, recuerdo individual, el proceso de interiorización… ¿Cómo se construye la historia? ¿Es posible otra estructura del mundo? ¿cómo clasificamos? ¿cómo gestionamos un bagaje de gran envergadura, especialmente relacionado con la supuesta hegemonía cultural de occidente? La Índia, URSS o China continuamente, como un recordatorio postcolonial. Otolith Group quiere desorientar, plantear dudas y proponer realidades (futuras o pasadas) alternativas. No es casual que los otolitos, que dan nombre al grupo artístico, sean unos cristales del oído humano que determinan el sentido del equilibrio, la sensación de gravedad y la orientación.

Algunas obras nos hablan de lo emocional y la experiencia personal relacionada con la política; otras, plantean un punto de vista externo. ¿Qué pensarían de nosotros si una civilización extraterrestre llegara y nos analizara?, plantea una de las obras, Hydra Decapita (2010), proponiendo una realidad alternativa en la cual los esclavos enfermos lanzados al mar habrían sobrevivido y creado una civilización. La construcción ideológica de nuestro mundo nos condiciona hasta límites insospechados, y eso se ve también en cómo se construye un film. Otolith intenta desordenar convenciones planteando líneas temporales atípicas que presentan hechos aislados en lugares separados del planeta y llegan hasta el año 2103 (Cronología Otolith, 2003), o collages audiovisuales dónde se presentan las reflexiones comunistas de Godard en La chinoise (1967) junto a la experiencia real del viaje de la abuela de Anjalika Sagar a la China de Mao en forma de fotografías, por poner el ejemplo de Communists like us (2006).

El centro físico y neurálgico del recorrido expositivo (temporalmente bien calculado para una visita fluida, pese al gran número de horas de vídeo) es la trilogía Otolith, que reúne muchas de las características utilizadas por los dos artistas. Otolith I está supuestamente rodada en el sigo XXII cuando la humanidad ha tenido que dejar de vivir en la Tierra para hacerlo en una estación espacial sin gravedad. La narradora es una futura descendiente de Anjalika, antropóloga que estudia el pasado del hombre la Tierra a través del documento fílmico. Otolith II habla de la modernidad y de modelos utópicos a través de procesos de trabajo de la India y la ciudad que Le Corbusier diseñó para allí. En cambio, Otolith III recrea, a través de sus personajes, una película de ciencia ficción escrita en 1967 que supuestamente habría sido la primera película de India de este género si se hubiera llegado a rodar.

Paralelamente a las piezas del grupo, hay obras de otros cuya misión es hablar de la producción de Otolith y su proceso de trabajo. Vemos el cómic de de Jack Kirby (que cuenta con la presencia de dioses, superhéroes y ciencia ficción) y las pinturas de Vidya Sagar (padre de Anjalika), entre otros: ambos aparecen en algún vídeo, creando una confusión sobre si ya existían o si se hicieron para el rodaje, y además, no se colocan al lado de la pieza que los referencia sino en un lugar físicamente lejano dentro de la muestra. Al final del recorrido, se encuentran trece monitores, cada uno presenta un episodio del programa televisivo El legado del búho de Chris Marker, planteado como un simposio en el que se habla de diferentes aspectos de la antigua Grecia, como sus estructuras sociales, mitos, ritos y tragedias, siempre en relación con el presente, dando pues, una visión contemporánea de ese pasado cultural que supone la génesis del pensamiento occidental. Y, por tanto, es la génesis de esa forma de pensamiento que Otolith quiere poner en duda.

Las líneas discursivas de The Otolith Group encajan con ideas que están presentes en la actualidad. No podemos dejar de pensar en las asociaciones y clasificaciones que presentaba el Reina Sofía con Atlas (palabra que, dicho sea de paso, aparece en muchos de los textos que hablan de la exposición de Otolith). Por otro lado, esta exposición convive temporalmente con ¿Estáis listos para la televisión?, también plenamente audiovisual, y con el festival Loop.

Pese a que no quiere ser una retrospectiva, no se encuentra un discurso comisarial muy concreto. El concepto base es que la exposición sea algo global, como una obra, dando un mensaje a través del conjunto. El problema es que es fácil no hacer esa lectura, sino quedarse en una visión más tradicional de una exposición individual que reúne trabajos que, obviamente al ser del mismo autor, tienen cosas en común. Tal vez algún texto explicativo durante la visita iría bien para aclarar las intenciones, sobre todo teniendo en cuenta el carácter voluntariamente críptico de la propuesta.

Dentro del recorte presupuestario que le ha caído al MACBA, como a tantas otras instituciones culturales, y teniendo en cuenta los cambios forzosos que eso conlleva, como la preeminencia de su colección, presentar a The Otolith Group individualmente supone una novedad a nivel nacional, y la exposición se ha hecho en condiciones: buen display, buena ejecución y relativo buen planteamiento. Éste será uno de los últimos proyectos comisariados por Chus Martínez en el MACBA, quien anunció su partida hacia Kassel.

Mireia Domènech

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