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Magazine

10 June 2008
“Rendition” no es rendición

David G. Torres

Extraordinary Rendition “es el término acuñado por la administración Bush para definir el cuerpo de nuevas medidas legales que buscan desmontar el actual sistema de Derechos Humanos y desproteger de ellos al ciudadano”. También, es el título de la última exposición de la galería Helga de Alvear (de hecho esta pequeña descripción pertenece a la hoja de la sala de la muestra). Y también daba título a otra exposición en la galería Nogueras·Blanchard hace poco más de un año comisariada por el colectivo Latitudes. Extraordinaria coincidencia.


Realmente, parece que el AVE ha hecho poco por acercar el conocimiento entre Barcelona y Madrid, a pesar de que además del AVE existe google y la exposición que organizó Latitudes sale entre las diez primeras entradas del buscador tras teclear las dichosas “Extraordinary Rendition”. Y extraordinario, en cualquier caso, el éxito de la disimulada etiqueta de la administración Bush para camuflar lo que sin duda va en contra de la democracia que tanto preconiza. En el escaso plazo de un año dos iniciativas no han podido evitar la tentación de usarla para titular una exposición.

Si la exposición en Nogueras·Blanchard utilizaba la ironía para llevar la idea de peligro hasta su paroxismo, la de la galería madrileña se lo ha tomado a la tremenda. Y buena prueba de ello es que entre los artistas participantes encontramos a Santiago Sierra, nada dado a las sutilezas. Como en todas las obra expuestas en “Extraordinary Rendition (alvear version)” se trata de un proyecto específico para el caso: unos grandes focos se iluminan cuando el espectador entra en la sala, no sólo la luz es angustiante, también el sonido de un generador de combustión que se pone en marcha para enviar suficiente energía a los aparatos eléctricos. El título tampoco se anda con sutilezas: “Público iluminado con generador de gasolina”. Y la referencia apenas requiere explicación: entrar en la sala recrea una tortura semejante (salvando las distancias) a las usadas para negar el sueño a los reclusos, la noción espacio-temporal, etc.

Sin duda, la pieza de Santiago Sierra (aunque a veces la galería se quede sin gasolina) marca el tono de la exposición. Es el tono acostumbrado del artista, de bofetada y puñetazo al estómago. Muchos confunden esa falta de sutileza con falta de elaboración, de dosis conceptual, de reflexión, de argumentos o incluso lo califican de juego fácil. Sin embargo, no estoy tan seguro de que estemos en tiempos propicios para las sutilezas. De hecho un breve paseo por cualquier evento reciente dedicado al arte contemporáneo nos puede llenar de hastío: tanta sutileza que en realidad disimula juegos mucho más perversos de referencias mal digeridas, de incapacidad para decir nada con fuerza y contundencia y de encubiertos juegos con el mercado bajo la coartada de no pertenecer a él.

Tras la pieza de Santiago Sierra, las cabinas de teléfono de uso gratuito bajo la condición de que todas las llamadas serán grabadas y dispuestas para que el público las escuche (cosa que sólo conseguí en la que parecía una llamada de prueba, tal vez nadie se atreve a llamar si va a ser escuchado) de la pareja Elmgreen & Dragset, parece mucho más contundente de lo que quizás es. Simplemente porque aquí es evidente la referencia a la vigilancia, a la falta de privacidad y al chantaje. Aunque sólo sea porque las cabinas y las grabadoras de Elmgreen & Dragset están rodeadas por las fotografías de celdas inundadas, agobiantes, oscuras y claustrofóbicas de James Casebere.

Finalmente, Alicia Framis presenta la primera parte del proyecto “Welcome to Guantánamo Museum” (que pronto mostrará en el CASM), sobre un hipotético museo a propósito de los usos y condiciones de vida en la prisión de Guantánamo. Aquí, más allá de contar con la colaboración de Enrique Vila Matas y Blixa Bargeld, es donde el tono de la exposición, si admitimos que el tono es el que marcan los potentes focos de Santiago Sierra, más se diluye. Basicamente porque lejos de la brutalidad directa que implica mostrar elementos de tortura o condiciones de vida inadmisibles, hay un giro irónico en muchos de los elementos de ese supuesto museo (unos zapatos de tacón con un dispositivo para guardar una pastilla de cianuro). La cuestión ahí está en saber hasta que punto se trata de humor negro, semejante al que usó Lubitsch paseando a un mal actor de teatro disfrazado de Hitler por Varsovia antes de la ocupación nazi en “To Be Or Not To Be”. Y ese es un difícil equilibrio.

En todo caso, se trate de “rendition primera parte” o “rendition version Helga de Alvear o no me había enterado que la propaganda de Bush es tan buena que el título ya se había usado” es de apreciar que el arte se decida a ponerse, aunque sea momentaneamente, manos a la masa, bajar a tierra y atacar problemas reales con contundencia. Volviendo a Santiago Sierra, nadie puede negar que eso siempre ha estado en sus intenciones.

¡Ah! y breve nota final, ningún comisario firma la exposición. Esta vez sí, ¿cómo interpretarlo?: ¿las galerías y el mercado van a su aire? o ¿son los comisarios los que van a su aire, más bien por el aire, lejos del suelo?

http://www.davidgtorres.net

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