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Magazine

09 October 2013
Semiótica de un dedo

Peio Aguirre


Más de un mes de su polémica actuación en la gala de los premios MTV, Miley Cyrus es todavía motivo de escándalo. El videoclip “Wrecking Ball” firmado por Terry Richardson y en el que aparece chupando un martillo con lascivia no parece sino el principio de su meteórica nueva identidad post-adolescente. En la esfera del consumo Miley es un producto, aunque todavía es temprano para determinar su durabilidad. De lo que no cabe duda es de la capacidad de América para producir bombas y signos a partes iguales.

Creo que fue Don DeLillo quien recogió una vez el caso del primer americano que se puso la gorra de béisbol hacia atrás. Había nacido un icono. También Robert Venturi y Denise Scott Brown investigaron en la arquitectura de Las Vegas proponiendo dos conocidas tipologías principales en la construcción como era el “pato” y el “tinglado decorado”. El estudio de los signos urbanos genera sus propias mitologías. En la infame actuación de aquella gala, Miley Cyrus hizo muchas cosas raras en muy poco tiempo y aunque cada una de ellas merecería un estudio pormenorizado, realizó una que semióticamente entraría en el manual de cómo resignificar un signo.

Efectivamente, me refiero al gran dedo de espuma cual guante de horno que la cantante empleó a modo de prop, esto es, un objeto o cosa a ser usado en una performance como una “propiedad” teatral (literalmente un teatrical property). La historia de ese objeto parece sacada de la mitología americana del pop: en 1971 un adolescente de 16 años llamado Steve Chmelar manufacturó una manopla casera para animar a un equipo de baloncesto. Para ello empleó tela galvanizada, papel maché, pintura en espray y un rotulador rojo. (La creatividad adolescente en los garajes norteamericanos merecerían quizás un texto de propio derecho). El hecho pasó desapercibido pero una fotografía de Chmelar apoyando a su equipo con el foam finger (así se llama técnicamente esta parafernalia) se hizo popular y en 1978 un empresario de nombre Geral Fauss comenzó a comercializarlo masivamente adaptando colores y lemas. Había nacido un icono popular en el deporte yanki.

Ahora Miley Cyrus recupera el foam finger como fetiche fálico y lo hace en una versión estilizada que muestra una mano blanca femenina con uñas rojas en un estilo que diríase inspirarse en los artistas Pop Art Claes Oldenburg o Roy Lichtenstein. A este icono pop le sigue la propia imagen de Miley, una especie de cervatillo de dibujo animado pasado de revoluciones en una obscena danza de apareamiento con tintes sexistas y racistas. Podría decirse que la mano con el dedo índice hacia arriba es el signo indicial o el índex por antonomasia al que solo le hace sombra ese otro dedo con el pulgar levantado. El índice apunta, dirige, señala e interpela conectándose directamente con el significado. “Indica”, nunca mejor dicho, la hegemonía del Yo portador. Sexualmente es un gadget simbólico y de haber sido realizado por un artista debería emplearse no poco esfuerzo en su decodificación. El que sea una invención de la cultural popular no rebaja un ápice su complejidad semiótica.

El dedo icono popularizado por Miley funcionaba en ella como una herramienta para el Twerking: de un tiempo a esta parte, donde quiera que la díscola cantante va no hace más que repetir esa palabra, Twerk, Twerking. Cuando lo dice saca la lengua. El origen lingüístico de twerk no es claro, aunque alguien ha podido relacionarlo erróneamente con la terminación de la palabra germana Gesamtkunstwerk, u obra de arte total. La apropiación del twerk (de por sí una danza cargada de connotaciones sexuales, de género y raciales) por Miley Cyrus la hace merecedora de las peores críticas. El inventor del foam finger se queja ahora de que Miley ha “degradado” un icono popular. De eso se trataba, de degradar para conseguir más.

Peio Aguirre writes about art, film, music, theory, architecture and politics, amongst other subjects. The genres he works in are the essay and meta-commentary, a hybrid space that fuses disciplines on a higher level of interpretation. He also (occasionally) curates and performs other tasks. He writes on the blog “Crítica y metacomentario” (Criticism and metacommentary).

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