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04 febrero 2019
12.5_Epílogo

Enric Farrés Duran

(…) Y una vez explicitadas las conclusiones de esta tesis, damos paso a un epílogo de cierre, cuatro palabras para sintetizar todo lo expuesto hasta ahora.

12.5_Epílogo

Este apartado se configura como una síntesis del proceso de investigación llevado a cabo en los últimos cuatro años, en la que he podido analizar desde una perspectiva teórica y crítica los puntos claves que configuran esta tesis. Tal como he comprobado desde una posición empírica, debemos decir que no podemos concluir nada. La conclusión cierra un proceso que se quiere abierto. De hecho, es el propio proceso de investigación -en marcha- lo que da sentido a la práctica artística. La conclusión pues, a modo de cierre, no deja de ser un formalismo más, un espacio de síntesis -de todo lo expuesto hasta ahora- que se sitúa al margen. O Trajeto é a minha obra que decía en 1978 una postal del artista conceptual brasileño Paulo Bruscky, y que, creo, tiene bastante razón. Aunque para ser sincero, no me di cuenta hasta hace poco. Cuando leía esta postal, -no se porquè- entendía que decía algo como: El tarjeto, el tarjetón, la tarjeta. Entendiendo que lo que anunciaba era que la tarjeta -personal, la invitación de la exposición- era su obra. Un poco como en Marcel Broodthaers y su célebre invitación a la primera exposición que realizó (…)

“Yo también me he preguntado si no podría vender algo y triunfar en la vida. Hace ya un tiempo que nada se me da bien. Tengo 40 años…

Finalmente se me pasó por la cabeza la idea de inventar algo insincero y me puse manos a la obra. Al cabo de tres meses, mostré el resultado a Ph. Édouard Toussaint, propietario de la Galerie Saint-Laurent.

‘Pero sí es arte’, dijo, ‘y lo expondré todo encantado’

‘De acuerdo’, le contesté. Si vendo algo se quedará con el 30%. Por lo visto son las condiciones normales. Algunas galerías se llevan hasta el 75%. ¿Y qué es todo esto? En realidad, objetos”.

Inventando algo insincero nos presenta uno de los textos más sinceros que he leído nunca en una invitación. Pero volviendo al tema, gracias a esta confusión, entendí la potencialidad de lo que queda al margen de la exposición. Son todos aquellos elementos que rodean quién sabe qué – (…) En realidad, objetos-, elementos comunicativos que configuran precisamente el sentido, que lo hacen posible, que rodean la cosa y, desde el margen, no modifican su significado, sino que lo constituyen. Como la cartela más antigua del mundo -año 2985 aC- hecha con colmillo de hipopótamo y guardada en el British Museum tal como nos cuenta en Jorge Blasco en el artículo Lo que siempre queda del arte.Gracias a esta cartela podemos saber qué sandalias llevaba el faraón, como quería que se lo recordara y cuál era el estatus de ese objeto en ese contexto. Y de las sandalias no queda ni rastro. Es tan sencillo como la posibilidad de otorgar datos a los objetos, definiciones que construyen el sentido. Es el poder de los procesos de catalogación dentro de los archivos, de la aplicación de las etiquetas, de indexaciones de información, de los títulos. De las palabras y las cosas. La supuesta arbitrariedad de asociar información a lo que nos rodea, una información que por definición queda al margen, que acompaña. Que sitúa y contextualiza. Que politiza. Algo parecido hará algún día, si alguien le deja, la comisaria y crítica Joana Hurtado: Dejará la sala de exposiciones vacía para ir al archivo a recuperar todo aquel material que ha generado cada una de las obras que supuestamente estarán expuestas. Todas las cartelas, hojas de sala, dossiers de prensa, etc. que hacen referencia a cada una de las piezas se mostrarán en la exposición. Como una especie de palimpsesto nos encontraremos todas las capas de información. Nada que ver, todo a entender. No se si será exactamente así pero el hecho es que de esta manera la mediación se colocará en el centro y se enfocará de lleno el problema de los esencialismos alrededor de las piezas. Posiblemente la acumulación de información hace que esta se nos presente un tanto absurda, y estos subtítulos de las obras -malas traducciones, ¿resúmenes sintetizadores? – como un género más. En este sentido, en la exposición llamada Solo que Rubén Grilo presentó en la galería Nogueras Blanchard, encontramos cómo en la hoja de sala -o de hecho, en cualquier texto que acompaña la exposición- hay indicada exactamente la siguiente información: solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo solo. Más allá de evitar posibles malas sintetizaciones de la exposición quizás lo hay aquí, es una voluntad de control del espacio que hace posible la exposición, de las condiciones de posibilidad que la permiten, de cómo nos relacionamos con ella o del contexto que le da sentido. De hecho, podemos afirmar que está controlando uno de los accesos a la exposición, como cuando Michael Asher apaga la luz de la sala -o mejor dicho no la enciende- o Oriol Vilanova permite regatear la entrada al MACBA. Modificando el contexto lo señalamos, y gracias a que hay un contexto, podemos modificarlo. Una vez, el fotógrafo y editor Pau Ardid me recordó que mis exposiciones eran la excusa para poder escribir la hoja de sala. Digo recordar ya que en teoría se lo dije yo mismo. Puede ser, la verdad es que es precisamente es en el espacio de la hoja de sala donde podemos encontrar un receptor más al descubierto. Esta posición se debe probablemente a la autoridad que le reservamos a este tipo de informaciones al margen, una autoridad que se funda precisamente en su componente externo -en teoría no eres tú quien habla- que posibilita una distancia -¿crítica?- desde donde emitir un discurso (redundante) de autoridad -no es cualquiera quien escribe, normalmente es alguien que tiene un peso relevante en el contexto que posibilita aquello que estás viendo (director, comisario, crítico, o un ser indeterminado que precisamente en esta indeterminación todavía hace más autoritario el texto, ya que este se nos aparece de la nada, de manera revelada). Estas informaciones al margen también se caracterizan por una apariencia de consenso entre el texto y aquello que presenta, y es por este motivo que nos choca cuando vemos que hay artistas que modifican personalmente estos textos, como el célebre Some of this is untrueque el artista estadounidense Darren Bader escribió en sus propias cartelas durante la bienal de Lyon de 2015, o, de una manera más efectista, cuando Antonio Ortega invita a la artista Mariona Moncunill a intervenir los textos de sala de la exposición Autogestión realizada en la Fundación Miró en 2017. Teniendo en cuenta estos ejemplos, es evidente que en el margen pasan cosas. Lo que empiezo a dudar es si en el centro hay algo interesante o, como si se tratase de una alcachofa, es un espacio vacío. Y en medio de este vacío, como dice el escritor Víctor Balcells Matas que decía el poeta Juarroz, hay una fiesta[1].

 

[1]Una vez escritas las conclusiones de la tesis, ahora me falta escribir el resto. No sé si de una conclusión podemos extraer las premisas, o si podemos -tal como dice el pintor Rasmus Nilausen que decía John Wayne- primero disparar y luego preguntar. También es verdad que si normalmente el prólogo va al principio pero siempre se escribe al final, no nos queda más remedio que pensar que las conclusiones siempre se escriben al principio y se sitúen al final. ¿No?

Enric Farrés es artista, profesor de la Escola Massana y desarrolla proyectos editoriales independientes.

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