close

En A*DESK llevamos desde 2002 ofreciendo contenidos en crítica y arte contemporáneo. A*DESK se ha consolidado gracias a todos los que habéis creído en el proyecto; todos los que nos habéis seguido, leído, discutido, participado y colaborado. En A*DESK colaboran y han colaborado muchas personas, con su esfuerzo y conocimiento, creyendo en el proyecto para hacerlo crecer internacionalmente. También desde A*DESK hemos generado trabajo para casi un centenar de profesionales de la cultura, desde pequeñas colaboraciones en críticas o clases hasta colaboraciones más prolongadas e intensas.

En A*DESK creemos en la necesidad de un acceso libre y universal a la cultura y al conocimiento. Y queremos seguir siendo independientes y abrirnos a más ideas y opiniones. Si crees también en A*DESK seguimos necesitándote para poder seguir adelante. Ahora puedes participar del proyecto y apoyarlo.

Magazine

15 abril 2013
65335_605209076175169_654079247_n.jpg
A favor de Saatchi

— ¿Por qué exponer a artistas rusos, estos artistas rusos, y por qué ahora? ¿Qué ocurría en Rusia entre los sesenta y los ochenta? Es que, cuando las cosas me parecen muy obvias, por si acaso sospecho.

— Mientras hablábais, he buscado en Internet quién patrocina la exposición. Y uno de los que pone dinero es una familia petrolera rusa.

—Ajá. ¿Y qué pieza conserva Saatchi desde casi sus inicios como coleccionista, y ha vuelto a exponer ahora?

— El tanque lleno de petróleo.

— Si es que… Es empezar a buscar conexiones, y encontrarlas.

Esta conversación a varias voces tuvo lugar en un hotel de Londres hace un par de semanas. Y desde entonces, vuelvo recurrentemente a ella. Me incomoda la sospecha constante. Me cansa. La exposición a la que hacían referencia es la doble muestra de la Saatchi Gallery: Breaking the ice: Moscow art 1960-1980 y Gaiety is the most outstanding feature of the Soviet Union: New art from Russia. El sponsor del último proyecto de Charles Saatchi es la familia Tsukanov, a través de la Tsukanov Family Foundation (hay quien acusa a su representante legal, Igor Tsukanov, también fundador de Business Centre Investment Group, grupo inversor interesado en «los sectores más estratégicos» de Rusia, léase energía y petróleo, de pertenecer a la mafia rusa). Ambas exposiciones se suman a la atención que ha despertado el arte ruso -y el dinero ruso- en los últimos años. El último asalto de éste en las subastas de Christie’s y Sotheby’s alcanzaron cotas de 37 millones de libras. Así que Saatchi no podía ser menos. Y por si acaso, es más. El que más material ha reunido.

Es imposible obviar los orígenes de Saatchi. Su cuna es la publicidad, una profesión que se vale de diversos medios para divulgar un anuncio de carácter comercial con el objetivo de atraer a posibles espectadores, compradores. Incluso la directora de la Saatchi Gallery parece no haberlo olvidado. «Los oligarcas rusos están gastando mucho dinero en los grandes nombres del arte occidental, pero no están comprando obras rusas», explicó Rebecca Wilson al Telegraph a raíz de la doble exposición, aunque después quiso borrar toda sombra comercial con un «no existen muchas galerías en Moscú en las que estos artistas podrían exponer». La doble propuesta del antiguo palacio del duque de York, además, confirma el sello Charles Saatchi, su aproximación al arte mediante el uso de los grandes formatos y el impacto como herramientas de seducción. El espacio de la Sloane Square le favorece: 14 salas, blancas y austeras, whitecube, luz cenital clara y suelo de madera natural, acentúan las obras, haciéndolas más deseables e incluso valoradas.

Sin embargo, y aunque los títulos escogidos tengan mucho de eslogan, ‘Breaking the ice’ está lejos de «Labour isn´t working», aquella ingeniosa frase que inventara Saatchi&Saatchi para el Partido Conservador en las elecciones de 1979. Ni siquiera ‘Gaiety is the most outstanding feature of the Soviet Union’, un juego de palabras a partir de lo que dijera Joseph Stalin en 1935 («La alegría es la característica más sorprendente de la Unión Soviética») tiene aquél gancho. Y es que parece que al supercoleccionista, al hombre-anuncio, se le está acabando el fuelle. Puede que sea porque el marketing está muerto, como dice el actual CEO de Saatchi&Saatchi Kevin Roberts, pero parece que su último libro, el recién publicado ‘Babble’, no ha suscitado la curiosidad de los anteriores. Quizá ha faltado margen -vió la luz el 5 de marzo-, pero no es fácil encontrar reseñas sobre éste en Google. Sobre ‘My name is Saatchi and I am an artoholic’, hay más de 8.000, y 190.000 sobre ‘Be the worst you can be’, obra de la que se han vendido más de 20.000 copias según The Guardian Book Shop. Sin embargo, Amazon España aún te ofrece la oportunidad de ser el primero en comentar ‘Babble’. Quizá por eso, porque Saatchi ya no es tan sensacional como cuando Sensations, porque los YBA están trasnochados o son miembros de la Royal Academy, o más bien porque a veces me da pereza buscarle la teoría de la conspiración a todo, he decidido mirarle con menos reservas. Como la periodista Laura Cumming, de «The Observer», quien decidió en el artículo sobre las exposiciones otorgar «todo el crédito a Saatchi por mostrar toda esta obra al público británico y hacer crecer—inevitablemente—su perfil en el mercado». Al fin y al cabo, es la primera vez que una exposición tan extensa de arte ruso tiene lugar. Y es que hay en Saatchi cierta voluntad de democratización y desmitificación. ¿Por qué estas obras y no otras? ¿Por qué no? Todo comisario selecciona. A Saatchi se le atribuye—o atribuía—, además, el poder de lanzar carreras. Pero también lo pretende Robin Klassnik, el director de Matt’s Gallery, «una galería no comercial», como él mismo suele puntualizar.

El tanque lleno de petróleo de la planta baja de la Saatchi Gallery, la obra 20:50 de Richard Wilson, la produjo Matt’s Gallery en 1987. (Gracias, Antonio, por el dato). Es que, si se empiezan a buscar conexiones, se encuentran.

A menudo se siente una outsider. Y pide permiso, y comienza a construir la casa por el tejado, mientras explica que es por la fobia a la zona de confort. En realidad, es periodista (si reniega, no le crean). Y como todo periodista, ha escrito de ésto y aquello, aquí y allá. Ahora, como buena outsider, se atreve con el arte y sus periferias.

Media Partners:

close
close
close
"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)