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30 julio 2013
a) La elaboración del sigilo
El solsticio de Marc O’Callaghan – parte 2

Ernesto Castro


A la tradición del dibujo de ficción poco añade O’Callaghan que no estuviera allí: el componente orgiástico, la saturación de las figuras, los motivos religiosos, la tendencia falofórica, el enfoque satírico; alguien diría que hasta la crítica social está presente en tanto bicho dando por culo, pero nosotros no hilamos tan lejos o tan profundo. Hay un detalle nuevo, sin embargo, en la producción última de O’Callaghan. Durante los primeros años, las ‘revelacions automàtiques’, nombre que utiliza el artista para hablar de sus dibujos, pudieron aspirar a ser hypes o memes de la blogosfera; la inclusión reciente de figuras geométricas, por el contrario, aleja su creación de los intérpretes facilones. Que pierdan toda esperanza quienes quieran comprender de un solo vistazo el significado de ‘Orgía Pre-Olímpica’ o de ‘The Tower of Song’, por ejemplo.

Hablando de curiosidades ininteligibles, me gusta muy mucho la deriva intimista que tienen algunas de las producciones abstractas recientes de O’Callaghan: curioseando en su muro de FB, descubro que tiene la manía de llenar su casa de «sigilos», relaciones lineales entre palabras del alfabeto y secuencias numéricas cuya combinación tiene como resultado iconos en zigzag, situados en lugares íntimos, con títulos como ‘En contubernio’ (sobre la cama), ‘Ficción’ (en el marco de la puerta) o ‘La heroína del trabajo’ (ante el escritorio). Salvo por los tatuajes que lleva su novia —en el antebrazo de Clara (De lo que no se puede hablar es mejor callarse), en la pierna de Clara (Llenguatge)—, los sigilos están hechos de cinta de carrocero y apenas duran unos días sobre la pared. Firmes y quietos solo aguantan unos días. El carácter efímero de la materia informe resultante constituye, sin duda, el aspecto más cuco de la obra de O’Callaghan. Ahora bien, ¿estamos los críticos de arte a la altura de lo cuco como categoría estética?, me pregunto con la boca llena de arroz integral.

Ernesto Castro (EC). Perdona la impertinencia pero, querido Marc, ¿qué maldito espacio idiomático habitas? Te licenciaste con una lectura de Jean Baudrillard alucinante (en el doble sentido de la palabra) donde apareces recitando frases de Cultura y Simulacro en el orden que te viene en gana (Sentido Del Abismo El, 2011). Tienes plegarias escritas en el idioma imaginario de Hugo Ball. A primera vista, este idioma fonético parece el tuyo propio. Sin embargo, casi todas las letras de ‘Coàgul’ están en catalán. También tienes cosas en full spanish, como ‘Semanario Químico’ (2011), pero son minoría. Con esa cara de bueno que tienes, ¿no serás un patriota en lo musical?

Marc O’Callaghan (MOC). No es tanto por patriotismo como por encaje estético. El catalán es mi lengua materna y es la lengua en la que pienso y conceptualizo en lo más profundo de mi conciencia, pero aparte de eso creo que encaja bastante con el aura «folk» de Coágulo. Las cosas en hoja spanish en un principio fueron hechas pensando en el público hispanohablante al que el sello que lo editaba distribuía principalmente, pero esta es una idea a la que ya no encuentro mucho sentido. De la misma manera que para una escultura quizás es más adecuado el hierro que la madera, independientemente de si el público vive en casas de hierro o de madera, para ‘Coàgul’ veo más adecuado el catalán que el castellano, independientemente de lo que hablen los oyentes. También pienso que el hecho de ser una lengua minoritaria y controversial le añade un plus de rareza y carácter propios. En lo personal soy pro-bilingüismo y pro-pragmatismo idiomático a tope.

EC. ¿Es el catalán oficial una lengua viejuna? Algunos amigos me comentan que hay un abismo entre el idioma oficial de los Països (llámalo X) y los exabruptos guturales de la calle, ¿es eso cierto? También me ha contado un pajarito que Céline en catalán suena como Mallarmé en castellano, esto es: un rollazo léxico y rítmico supino. Siendo ‘Coàgul’ un proyecto musical neofolk que pretende elevar la capacidad de escucha del público letrado que participa en los Juegos Florales, ¿no estará quizás un poco anticuado, un poco mayor para quinquis de La Meseta como yo? Dime, ¿te gusta el vocabulario apolillado?

MOC. Supongo que sí que es una lengua envejecida, pero precisamente por eso mantiene ciertas fórmulas pintorescas que disfruto usando en el contexto ‘coagulatori’. Tengo la sensación de que al pronunciar ciertas cosas más bien duras en catalán, éstas adquieren un punto sardónico, como de humor travieso que me gusta. Lo de la diferencia con el lenguaje de la calle es cierto en el caso de las zonas más “charnegas”, como Barcelona o las afueras de las otras ciudades, pero a la mínima que exploras el interior te puedes llegar a sorprender de cómo se mantiene el catalán originario. En Torelló los quinquis te vacilan en catalán, y en uno que es más duro y hostil que el de la tele. Por los quinquis de La Meseta sí sonará todo anticuado y ajeno, pero es precisamente a vosotros los que más le puede fascinar la extrañeza del catalán utilizado como vehículo de agitación psíquica en un contexto como el de un proyecto de música industrial. Más que a un anglosajón al que todas las lenguas romances le suenan iguales. Concluyendo: sí me gusta el vocabulario apolillado, ¡me entusiasma!

EC. Y para terminar, ¿cómo se deletrea Guénon? Ge, U, E, Ene, O, Ene, ¿me equivoco? Vale, ¿qué te cuentas sobre él?

MOC. René Guénon, incansable explorador de los mundos suprasensibles y estricto estudioso del simbolismo primordial y esotérico común a todas las tradiciones. De gran importancia histórica son sus estudios publicados en artículos o libros hacia la primera mitad del siglo XX, sobre todo por haber acotado con gran rigor y perspicacia una ciencia que desgraciadamente muchas veces es tomada por “charlatenirsmo” y la ambigüedad de los vendedores de bagatelas. A mí personalmente me ha influenciado mucho en el conocimiento de los símbolos eternos y me ha ayudado a aclararme en toda la cuestión esotérica. Digamos que su lectura me ha agudizado el ojo para distinguir lo genuino de lo falaz en estos ámbitos. Más allá de estas cuestiones prácticas en la vida personal, también ha sido una alta fuente de inspiración para ‘Coàgul’. Alguno de sus análisis me han encendido la lucecita para hacer canciones-símbolo, como las dos canciones de Janitor, que son la ‘Mano de la Justicia’ y la ‘Mano de la Bendición’. En este caso, la contraposición de estos dos símbolos antagónicos pero complementarios (situados conscientemente uno en cada cara del cassette) me ha llevado a ir poco a poco explotando la idea de concebir los discos como totalidad micro-cósmica, como por ejemplo que las dos caras de los cassettes funcionen como vías para llegar a estados opuestos, o hacer equivaler siete canciones de un CD con los siete días de la semana y sus correspondientes planetarios. En cuanto a Guénon, no me puedo considerar ni mucho menos su discípulo ni su seguidor, ya que lo que yo acabo haciendo no tiene nada que ver con lo que él consideraría que se debería hacer, pero sí es un titán que desde las sombras del pasado ilumina ‘Coàgul’ en el campo de los referentes nucleares.

b) El último día

Ernesto Castro (1990) es un truhán, es un señor. Comete faltas como si no hubiera un mañana. Las ortotipográficas son sus preferidas. Pero también conjuga éstas con otras. Aún falta a las buenas costumbres, por ejemplo. En época llevaba un bigote hitleriano. Es verídico, forma parte del pasado. Ahora estudia, mucho y siempre. Por caridad, no le molesten. Tiene un blog: http://castracastro.blogspot.com.es/

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"A desk is a dangerous place from which to watch the world" (John Le Carré)