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Magazine

29 abril 2013
Fragment de
En los márgenes de la institución

Anna Dot


Me pregunto por qué hay tantas exposiciones domésticas últimamente, por qué hay gente que ha empezado a montar exposiciones en su casa. Y me lo pregunto como si no pudiera haber ninguna otra razón: parece que ahora las cosas solo pasan como consecuencia de aquella ‘ligera desaceleración‘ que anunciaba Zapatero en 2007.

Desconozco los motivos que llevaron a Alberto y a Sinéad de Halfhouse a empezar a programar exposiciones en su casa, para hablar sólo de un caso que creo que sirve de antecedente de lo que está pasando ahora. No sé si cuando empezaron a hacerlo también era por el estado obtuso y a la vez caduco en el que se encontraban las instituciones en ese momento, porque no sé ni si en ese momento las instituciones ya apuntaban maneras. Yo era una adolescente de un pueblo de la “plana” de Vic y jugaba al baloncesto con las amigas en la plaza de enfrente de casa.

Lo que sí tengo claro es que ojalá pudiéramos decir ahora que las instituciones “solo” se encuentran en un estado obtuso y caduco, y quedarnos tan anchos. Pero resulta que no, que todo está degradado al máximo, sólo hay que ver el grave estado en el que se encuentra la AAVC o la triste situación de Can Felipa, sin olvidar todos aquellos espacios que ya se han cerrado. Si años atrás aquel que comenzaba podía contar con un gran número de convocatorias y centros que le interesaban, y que podían acabar proporcionando el dinero para sacar adelante un proyecto y ganar cierto reconocimiento, ahora esta lista cada vez es más corta. Si a todo esto le sumas el pesimismo general, se acaba convirtiendo en un cóctel explosivo que, o bien nos paraliza, o bien hace sonar por el ambiente el eco de un pánico y una histeria que nos dice que nos lo habremos de trabajar mucho, y que nos tendremos que ingeniar las mil y una para tener una vida la mitad de digna de la que teníamos antes.

Seguramente por eso, en los últimos meses he estado más veces viendo exposiciones en espacios particulares que en museos. Y me parece comprensible, si ahora en las instituciones se encuentra todavía menos espacio de lo que antes había para que pasaran cosas, que se creen otros contextos más accesibles y porosos. Estos contextos sólo pueden nacer en aquellos espacios -y con los formatos- que uno tiene a su alcance.

Todo ello no es tan diferente de la forma de trabajar de muchos colectivos de ilustradores que se auto-editan pequeñas publicaciones para dar a conocer sus trabajos, un claro ejemplo con una fuerte actividad es el colectivo Tropèl . Por otro lado, dentro del mundo de la música también se pueden encontrar un buen número de grupos que se auto-editan ellos mismos: desde el primer disco de La Iaia, hasta los dos últimos de Antònia Font y hasta lo más nuevo de Raphael. En el sistema del arte en Barcelona parece que estas maneras de hacer no son tan habituales. Quizás se debe a que la ilustración y la música se entienden como productos de la industria cultural y el arte contemporáneo, en cambio, ha encontrado siempre la manera de hacerse visible promocionándose gracias a todas aquellas puertas que abrían desde las instituciones, y que ahora vamos viendo como se cierran.

Pero se abren otras nuevas y pequeñas que aunque resultan tener menos visualización, son seguramente más heterogéneas y sostenibles.

Precisamente, la exposición «A Place No Cars Go» que Quim Packard comisarió en su taller el pasado mes de diciembre, entre otras cosas apuntaba hacia estas directrices: una especie de retorno a la cultura del DIY, que llega a nuestra sociedad inicialmente quizá por tendencia, pero que estoy segura que se queda y se mantiene por necesidad, porque si no, no hay nada más, o como mínimo nada que permita trabajar con libertad y al mismo tiempo satisfaga la urgencia de hacer. Algunos ejemplos de casos recientes relacionados con esta forma de gestionar exposiciones en espacios que hasta ahora eran particulares y no expositivos, son: la iniciativa El Palomar, de R. Marcos Mota y Mariokissme, que, al igual que el espacio El Passadís (el pasillo), responsabilidad de Caterina Almirall y Natalia Calderón, pretenden tener una línea expositiva concreta y activa, que permita mostrar proyectos artísticos que por un motivo u otro no han encontrado su lugar dentro del marco institucional.

Alba Benavent también se decidió a jugar el rol de comisario por primera vez y lo hizo en su casa, con la exposición «Como en casa» que duró sólo unas horas (4 de Abril de 19.30 a 23h) y que contaba con obras de Paula Giménez, Daniela Ortiz y Leonor Serrano Rivas. Hay que decir que en este caso, al contrario que en “El Passadís” y “El Palomar”, todas las obras expuestas sí habían recibido en su momento apoyo institucional. El vídeo «Verano», de Giménez fue seleccionado por la Sala de Arte Joven en la convocatoria del 2011; en cuanto a «Colección Privada» y «Parcela 1C», de Serrano Rivas, ésta recibió el accésit de Injuve 2012 y «97 House Maids», de Ortíz, fue premiada también por Injuve 2011.

Sea como sea, lo que denotan estas maneras de hacer es que hay una institución con la que cada vez se cuenta menos y parece ser que va creciendo la necesidad de crear nuevos contextos ajenos a todo lo que dependa de un órgano gubernamental.

Anna Dot nació un domingo de abril. Es de Torelló y trabaja entre dos mundos que no percibe separados de ninguna manera: el de la producción artística y el de la reflexión sobre los contextos artísticos a través de la escritura.

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