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Magazine

22 junio 2020
Estamos condenados al paisaje*

Álex Gil

Las irregularidades del movimiento de las olas en el océano es

atribuible en parte al hecho de que dos o más patrones de movimiento

de olas prevalezcan en un mismo tiempo y lugar, superponiéndose

entre sí.

El primer borrador de este texto comenzaba, como éste, hablando sobre las distancias. La que hay entre dos puntos y la que hace que los barrios acaben no perteneciendo a sus habitantes. Poco después se paró todo y llegó el kilómetro cero como radio de acción. Ahora todo es muy diferente.

Si permito usar mi ubicación y trazamos en el mapa un radio de un kilómetro de distancia desde esta IP portátil, encontraremos lo que he venido a definir como regiones telúricas sonoras o puntos atractores. Todos las tenemos. Hay más. Las he llamado así, pero también podría haberlas llamado CASA. Forman parte de nuestra biografía. En este tiempo encerrados nuestra percepción del paisaje puede haber cambiado radicalmente. Estamos condenados al paisaje, y este paisaje se ha convertido en una foto fija. En el artículo que no voy a escribir era un personaje de ficción el que vivía esos lugares. Finalmente he decidido ser yo el personaje aproximativo, que camina, se deja atraer y encuentra.

Las regiones telúricas de las que voy a hablar son dos. La primera y la segunda. Llegué a la segunda a través de la primera y a la primera a través de un cartel. No ha sido hasta que me he puesto a escribir que he recordado cómo me enteré de la existencia en el barrio de Ultra-Local Records. La distancia entre estos dos puntos es de 1600 metros. Para llegar del punto A al punto B, prácticamente sólo tendremos que trazar una línea recta. Entre ellas hay otros puntos de interés, que en su momento fueron región telúrica o pudieron llegar a serlo. Los marcaremos en el mapa. Escala 1:1. A pesar de todo no es fácil llegar a reconocerlas. A media altura se pueden ver, pero para muchos pasarán totalmente desapercibidas. Emiten frecuencias sonoras propias.

Una vez definieron Ultra-Local Records como un hot-spot, un punto caliente. Desde entonces uso esta definición moderna como broma interna, pero me doy cuenta ahora que es una definición acertada. En geología, los lugares conocidos como hot-spots son áreas de actividad volcánica alta en relación a sus entornos. Sustituimos actividad volcánica por actividad musical y ya lo tenemos. En sus siete años y medio de existencia han tenido lugar en esta tienda de discos más de 400 conciertos y se han vendido unos 13260 discos, aproximadamente. Los números son lo de menos. Proximidad, calidez, amor y sinceridad, hay una actitud en lo que hacen Carme y Raül que sobrepasa las paredes del pequeño local convirtiéndolo todo en una especie de onda expansiva, una corriente. Los dibujos de los carteles, sus bolsas pintadas a mano, su Microclima (festival local que se celebra durante los días del Primavera Sound), sus recomendaciones (todo el mundo en esta ciudad sabe deletrear correctamente Khruangbin), la parroquia, su programa de radio improvisada, ese espíritu hazlo tú mismo… Una conjunción de cosas que conforma un hábitat único del que muchos se han sentido parte, convirtiéndose en punto de encuentro en el que se han formado grupos y sellos o bebido y vivido la vida. Si entras ya no puedes salir. Y yo vivo a 950 metros.

Allí fue donde conocí a Llapispanc, alias de Joan Marc Batlle, otro habitante del barrio  atraído por la tienda- Chamorro me había hablado del personaje y de cómo una noche paseó una botella de cerveza vacía. Vino al programa de radio que hacemos desde la tienda, el Hip-Hip Ultra, sonorizó unos envases de yogur, los pasó por la mesa, nos hipnotizó. Nos invitó a hacer un programa desde su taller en La Escocesa. Finalmente acabaría convirtiéndose en otra región telúrica. Para descubrirlo sigue leyendo más abajo.

Punto de interés número 1, en estricto orden de aparición en el mapa. Passatge Caminal. Mi relación con Ultra-Local está íntimamente ligada a la de Hijauh USB?. Estaba a muy pocos metros, al fondo de un callejón. Era fácil entrar pero difícilmente se podía salir. Se convirtió durante unos años en una región telúrica. Allí vivimos el underground musical de la ciudad como pocas veces se puede vivir. Para algunos no era más que un lugar de conciertos, para otros era intensidad, casa y sudor.

Punto de interés número 2. Hace años, a más de 1400 metros sobre el nivel del mar, mantuve una breve conversación con Quim Packard, que por entonces gestionaba el espacio Fire Place, también dentro de ese kilómetro cero de acción. Tras esa breve charla trabajé en una conferencia polipoética que tendría a Thoreau y a su cabaña como protagonistas. A grandes rasgos consistiría en leer fragmentos de su diario y su obra, reconstruir la cabaña, dar vueltas corriendo a su alrededor, recrear los sonidos a orilla del estanque Walden Pond, tocar un banjo…  Se quedó en borrador. Tiempo después, Hangar, dentro del mismo kilómetro cero de acción, convocó la residencia de Escritura Silvestre en la cabaña de Pep Vidal. Se abrían otras posibilidades, ya tenía cabaña, documentaría todo lo que allí ocurriera, grabaría los sonidos, mantendría conversaciones y escribiría in situ el texto de la lectura final. Una tentativa. No llegué a presentar nunca el proyecto a la convocatoria.

Llapispanc ocupa desde hace 15 años un taller en La Escocesa. En su web hablan de él como un anticuario en esencia. Me gusta sólo en parte esa definición, porque hay algo que lo hace inabarcable. Su taller, el número 4, es acumulación y caos. Es aquí donde sitúo el campamento base de la segunda región telúrica. Quien no sepa de su trabajo puede que sólo alcance a ver ruinas de un pasado cercano. Una ruina limpia. Una acumulación desordenada de objetos encontrados usados sin uso. Objetos de valor, sea a través de la vivencia que atesoran, o a través de la imagen que le despiertan. Su obra es un work in progress contínuo. A la atracción del espacio habría que sumarle sus vídeos, sus acciones performativas, sus improvisaciones sonoras e intervenciones musicales; y también sus textos, poéticos y experimentales, ya sea en correos electrónicos, en su blog o en su diario inédito del kiwi. Todo junto conforma una red expansiva, una corriente. Si entras ya no puedes salir.

Una de sus acciones habituales son las ActvttsRdctvttSbtRRn_, que tienen lugar cada vez que juega el Barça la Champions League. En dichos encuentros siempre pasan cosas, acuda público o no. Durante el último año hemos grabado el audio de estas acciones. Todo partía de la intención de realizar una versión de una canción de Macromassa. En la última, a la que sólo acudimos él y yo, nos fuimos a grabar el sonido del mar. El mismo día y en el mismo lugar que, veinticuatro años antes, lo había grabado Juan Crek. Al final, sin nosotros saberlo, se acabaría convirtiendo en un homenaje a Víctor Nubla, una región telúrica para muchos otros.

Si como decía el verso de Sergio Algora, estamos condenados al paisaje, yo me quedo aquí, en este, dentro del kilómetro cero, con las orejas atentas.

 

A Álex Gil le gusta hacer lecturas a gritos. Escribe, proyecta e investiga sin interés en publicar el resultado. Tras diez años formando parte del dúo polipoético ediciones vinoamargo, ahora se esconde tras afanes musicales subversivos e intereses de autodefensa (aei) donde experimenta e improvisa con el collage sonoro. También edita cassettes.

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