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Magazine

23 marzo 2014
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Frente Doméstico. Salón, Madrid

Wendy Navarro


En abril de 2012, la artista Ángela Cuadra construye una trinchera con sacos de arroz en un balcón de una casa en Madrid. La pieza forma parte de la serie Home Front, término que denominaba aquellas acciones que durante la Segunda Guerra Mundial, se podían llevar a cabo en Estados Unidos desde el hogar para la defensa de la nación. “El componente gubernamental del llamado “frente doméstico”, evoluciona aquí hacia una concepción más íntima, más vinculada a la historia de la propia casa, se convierte en una decisión personal del individuo frente a un entorno hostil”[[Susana Bañuelos: Hoja de sala, Residencia FelipaManuela, Madrid, 2012]]. Planteada como baluarte y puesto de observación, esta trinchera parecía también invitar a una reflexión sobre las posibilidades del espacio privado como lugar de acción y resistencia.

No es de extrañar entonces que en Octubre del 2013 Ángela decidiera convertir su propio salón-estudio en espacio de exposiciones. Un proyecto donde artistas y comisarios puedan establecer entre ellos y el público “un vínculo más estrecho y distendido, propiciando el encuentro y la conversación”. Salón se inaugura con una muestra comisariada por Bernardo Sopelana, que presentó el trabajo del joven artista Pep Vidal en Madrid. Le siguió, en enero de este año, una exposición de los artistas María Cerdá Acebrón y José Luis Cortés-Santander, comisariada por Daniel Silvo. Su tercera entrega, durante ARCO 2014, presentó un proyecto basado en recorridos por la ciudad de los artistas Misha Bies Golas y Carlos Maciá, comisariado por Ángel Calvo Ulloa. En el centro podía verse una maravillosa escultura, en ajustado, precario, casi imposible equilibrio, con un carácter tan diáfano y revelador, como aquel entorno donde artistas, comisarios, críticos, amigos se reunieron para charlar, debatir y compartir unas cervezas.

Salón es una iniciativa privada que se une a esa significativa lista de propuestas, auto-gestionadas, non-profit, de la escena independiente madrileña, como vías alternativas para la promoción y exhibición del arte, frente a la crisis, las limitaciones en la gestión cultural y el cierre de espacios tanto privados como institucionales, y que vienen dinamizando la escena cultural desde finales de los años 90. Ejemplos de esas “otras relaciones posibles entre el arte y los espacios expositivos”, que tiene como referente oficial la muestra Chambres d’amis, Gante, junio de 1986, en la que 50 artistas mostraron sus obras en viviendas de amigos.

Resulta destacable que, más allá de una intervención puntual en un espacio privado, como pudo ser Dúplex en un chalet durante ARCO 2013 o proyectos en casas particulares asociados a un evento en concreto, Salón constituye un espacio expositivo de programación sistemática que convoca comisarios, que permanece abierto durante varios días, que edita publicaciones. Y sobre todo, que tiene lugar en un único escenario: la propia casa de la artista, a diferencia de muestras como Una historia vintage, 2012, realizada en una vivienda particular antes de ser reformada y puesta a la venta; Sin título, 2009, intervenciones en un apartamento deshabitado, o de experiencias como FelipaManuela, en un piso cedido por sus dueños para ser convertido en residencia de artistas, o el mítico Doméstico, cuyo programa ocupaba alternativamente diversos lugares como viviendas cedidas o alquiladas, un colegio, la radio.

En este sentido, Salón sigue la línea de proyectos pioneros en España como Sala Hab (Barcelona, 1997-2001), un dormitorio convertido en sala de exposiciones y Halfhouse, “una fusión de casa y espacio de comunicación artística”, uno de los mejores proyectos actualmente en Barcelona, iniciado a finales del 2009.

Es evidente que estas experiencias están estableciendo nuevas pautas que subvierten los esquemas tradicionales del intercambio cultural. Tal vez no sean la solución a los muchos problemas que afrontamos, pero desde luego, constituyen esfuerzos loables que revitalizan el anquilosado panorama artístico. El Salón, esa “abertura por donde la casa se hace permeable al exterior”, deviene frente doméstico común desde donde intervenir y transformar el entramado social y artístico de la ciudad.

Wendy Navarro nació en la Habana, Cuba. Se identifica con el arte como experiencia más que como imagen; el arte como espacio de reflexión y experimentación. Escribir para ella es una manera de comunicar todo aquello que le motiva o inquieta. Le cautiva la capacidad reformuladora de un arte que hace frente, con espíritu crítico, a las fronteras de la visualidad, las barreras institucionales, los límites del saber o el conformismo cultural e ideológico. Vive y trabaja en España.

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