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Magazine

13 abril 2020
«Hay fuerzas políticas que pretenden desmantelar la financiación del arte público». Entrevista con Theodor Ringborg

Martí Manen

Theodor Ringborg es el director artístico de Bonniers Konsthall. Estaba a punto de presentar su tesis doctoral en Goldsmith University en Londres, cuando se impusieron las restricciones para viajar. Sus próximas exposiciones incluyen muestras individuales con Ann Böttcher, Lawrence Abu Hamdan y Cooking Sections. Además de numerosos libros y antologías, Ringborg ha publicado, entre otras publicaciones, en Cabinet Magazine, Mousse, Artforum y Ran Dian.

MM: Eres el director artístico del Bonniers Konsthall, un centro artístico que ha empezado a cambiar su estructura recientemente para dividir responsabilidades. Como director artístico, ¿cuáles son tus obligaciones? ¿Puedes ocuparte de las cuestiones estructurales?

TR: La idea es nivelar la organización. Somos tres directores, dos directores ejecutivos y un director artístico que soy yo. Mi campo de actividad es todo lo que tiene que ver con el programa, las exhibiciones, los artistas y el enfoque general que le damos a ese trabajo.

Recientemente hemos visto la controversia que rodea los espacios artísticos: se han investigado juntas, se han puesto demandas para la repatriación de objetos, se han cuestionado patrocinios y se han planteado cuestiones de los derechos de los trabajadores culturales y cuestiones de ética en materia de exhibición. Nos hemos organizado de manera que los tres podamos trabajar juntos las cuestiones estructurales aportando además nuestros campos de especialidad, el arte, las finanzas y RR.HH. Esperamos que eso nos ayude a hacer una institución mejor para aquellos que trabajan aquí, y para aquellos con los que trabajamos, sobre todo los artistas, y también para el público.

Escribiendo en mitad de la pandemia del corona, puedo decir que esta estructura ha sido inestimable para asegurar el bienestar de todos aquellos que trabajan en o con Bonniers Konsthall, y también el de nuestra audiencia.

 

Theodor Ringborg. Foto: Jean-Baptiste Béranger

MM: Bonniers Konsthall ha tenido una trayectoria de arte internacional, pero también se centra en el contexto local. ¿Define esta doble dirección al programa de exhibiciones y, más concretamente, a la tipología de las exhibiciones?

TR: Soy el director desde septiembre, así que me acabo de estrenar. Históricamente, sí, Bonniers Konsthall ha definido algo su programa en lo “internacional” por un lado y en lo “local” por el otro. Yo no estoy tan interesado en esa delineación, lo que nos preocupa son los discursos y problemas relevantes aquí, y si eso lo puede abordar mejor alguien que vive cerca o no, depende.

MM: Me parece muy interesante hablar más de discursos que de geografía. En parte, este tipo de planteamiento exige un tipo de confianza por parte de los usuarios del centro de arte ya que la forma de trabajar, hablar y debatir al respecto necesita tiempo: las exposiciones son parte de la redacción de la ideología, y la criticidad aparece a veces de manera sutil o casi como un manifiesto en otras ocasiones.

TR: Tienes que segmentarlo un poco en frecuencias diferentes y definir el propósito y las políticas de cada una. En otras palabras, explicar qué intentas hacer a partir de varias exhibiciones a lo largo de muchos años y qué intentas hacer con esta exposición en concreto. Una exposición en particular te permite implicar al público de una manera concreta y el programa entero de otra manera. Existen un par de prácticas artísticas que participan en la realidad que les concierne y al ser propositivas, me ponen como espectador en la relación adecuada a su tema. A través de sus exhibiciones singulares, nos darán una oportunidad para trabajar, hablar y discutir su arte y el tema que nos ocupa.  Pero si podemos considerar a su nueva manera de trabajar un nuevo tipo de realismo social, allí es adonde se dirigirá el programa, y esa es una conversación totalmente distinta.

Y también tenemos un panorama más amplio, que es que, por el momento en Suecia, como en muchos otros lugares, hay fuerzas políticas que pretenden desmantelar la financiación del arte público. Sobre todo, ahora hay un partido político influyente que se opone abiertamente al arte contemporáneo. Crear y enseñar arte moderno se ha vuelto pues un proyecto político. Elegí trabajar en Bonniers Konsthall porque es un lugar con una posición única, sin ataduras, por así decirlo, a la regulación y la influencia política, que puede tener mucho poder.

MM: En el caso de Bonniers Konsthall hablamos de un centro de arte privado con una de las familias más poderosas (los Bonniers) apoyando el proyecto. ¿Cómo funciona con respecto a la libertad? ¿Les tenéis en cuenta a la hora de programar?

TR: Tenemos una gran libertad. Mucho más que en la mayoría de otros lugares, más incluso que los grandes museos cuya declaración de intenciones es dictada por el ministerio de cultura. La junta participa en el mejor sentido, dialoga sobre el arte y su lugar en la sociedad, pero no al nivel de tomar decisiones sobre qué mostramos y cómo. Eso depende única y exclusivamente de mí.

MM: El otro día hablábamos de centros artísticos que no son museos, comentábamos cómo el lenguaje de la institución (o el lenguaje expositivo) puede ser, de alguna manera, complejo o engañoso para los visitantes. ¿Cómo se puede abordar esta necesidad de una idea reconocible de la institución? ¿Cómo se puede cuestionar?

TR: Sí, a lo que nos referíamos cuando charlamos fue a que a veces se considera Bonniers Konsthall un museo. Lo vemos en cómo algunos plantean lo que hacemos, y lo entiendo, dada nuestra envergadura y nuestros recursos. Actualmente estamos trazando una trayectoria que dejará claro que somos una kunsthalle que escoge no adherirse a principios de muestras propias de museos. No tengo nada en contra de los museos per se, pero el «museo» está dominado por la disciplina de la historia del arte y por el discurso del arte en sí en que la obra de arte se sitúa como núcleo, como objeto de muestra, crítica y contemplación. Eso es algo de Azoulay, e implica que el principio y el fin de todo el conocimiento del «objeto» es su lugar en la galería y su lugar en la historia del arte. A mí me gustaría trabajar con el arte de manera que esté menos sujeto a los precedentes en la historia del arte (los problemas de la historia del arte deberían estar bastante claros), y no tener que volver a ellos como puntos de referencia o incluso respetando los vínculos que los unen. Tal vez no sea tan sorprendente dados los antecedentes y mi doctorado en cultura visual que crea que el arte puede ser un punto de partida y un debate que no tiene por qué acabar o estar restringido por el objeto de arte. La «imagen», por así decirlo, no es el telos ni el único objeto de investigación.

MM: Hemos vuelto la vista atrás hacia momentos previos de crítica y análisis institucional, desde la confrontación hasta la interiorización de la institución, y ahora hacia una reformulación de los conceptos principales. El mundo había cambiado para convertirse en una red rápida e invisible basada en el crecimiento permanente dictado por el capitalismo. Pero ahora todo se ha detenido; los tiempos del corona. Llevamos años hablando de la necesidad de pasar más tiempo pensando en cómo ralentizar el sistema. Pero, ahora mismo, en mitad de una crisis vírica global parece difícil visualizar el futuro. De repente, «generosidad» se está convirtiendo en una palabra muy importante.

TR: En una conversación con Fred Moten me dijo que él sólo «intenta hacer el bien». Tal vez ahora mismo todo sea tan sencillo como eso. Porque lo que es interesante es lo que tiene que preceder esa ambición, preguntarse qué es bueno y cómo se hace. Yo diría que eso nos ha situado en un camino interesante.

 

 

 

 

 

Director de Index Foundation en Estocolmo, comisario de exposiciones y crítico de arte. Sí, después de Judith Butler se puede ser varias cosas al mismo tiempo. Piensa que las preguntas son importantes y que, a veces, preguntar significa señalar.

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