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23 septiembre 2013
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Historia de unas escaleras. Polipoética en Estambul

Caterina Almirall


Las revoluciones están llenas de líderes, metáforas, mártires, consignas, y también de poesía. Las revoluciones en la época de las redes sociales mueven a gran velocidad todo tipo de historias en imágenes alentadoras, conmovedoras y agitadores, que esparcen y multiplican todo tipo de mensajes que son interpretados y a veces imitados por sus receptores en todo el planeta.

Esta historia comienza en Estambul, la ciudad turca donde en junio comenzaron los enfrentamientos violentos entre la policía y los manifestantes, en defensa, en principio de una zona verde, y al final de los derechos de los ciudadanos a manifestarse, expresarse y divertirse libremente.

La historia de las escaleras comienza cuando a finales del pasado agosto un señor pinta los colores del arco iris en una larga escalinata de una de las muchas pendientes que suben por Cihangir dirección a la plaza Taksim. Este señor, que se llama Huseyin Cetinel, participa del movimiento LGTB (Lesbian, Gay, Transgender, Bisexual), tiene 64 años y dice que las pintó «para ver la gente sonreír». La historia continúa cuando otros señores, con intenciones totalmente divergentes a las del primero, repintan la escalera de color gris. Estos señores no tienen nombre, visten normalmente un uniforme oscuro, y responden a las órdenes de alguien que sí tiene nombre, el primer ministro Erdogan. Siguiendo la historia llega el turno de las imágenes digitales circulando a gran velocidad por la red y llevando hasta el último rincón la indignación por este tono gris cemento tan triste; simultáneamente la reacción: las escaleras de colores se empiezan a reproducir, primero por todo el barrio, después por toda la ciudad y luego hasta en la capital, Ankara, y en otras ciudades como Izmir. Inicialmente las brochas grises intentan deshacer el trabajo hecho por las brochas de colores, pero al final renuncian. Cuando hace pocos días pasé por las escaleras, las primeras que el señor Cetinel pintó y luego repintó con la ayuda de una pequeña multitud, él estaba sentado tomando un çay tranquilamente, mientras la gente se hacía fotos con los colores de fondo.

En las revoluciones hay enfrentamientos físicos -6 personas han muerto en Turquía desde el mes de junio debido a la violencia-, y hay enfrentamientos poéticos, metafóricos, pero igualmente trascendentes en términos de expresión política.

Esta historia no es la revolución, es un apéndice de las muchas historias que circulan por las calles y por la red y que hablan de los colores y de sus significados, de lucha política y de la lucha poética, y sobre todo, del grado de libertad con que estos significados de colores pueden circular. Las peleas en las calles de Estambul continúan, y las intenciones del Gobierno no parecen haber cambiado. Tampoco las voluntades de muchas de las personas que se han manifestado por la libertad de expresión a lo largo de estos meses. A día de hoy conviven en la ciudad escalas pintadas por espontáneos, la inauguración de la XIII Bienal y la violencia policial en las calles, unos pintando de un color y los otros de otros.

Caterina Almirall acaba de nacer en este mundo, pero antes había vivido en otros mundos, similares y paralelos, líquidos y sólidos. De todos ha aprendido algo, y ha olvidado algo. Aprender es desaprender. En todos estos mundos le atrapa una telaraña que lo envuelve todo, algunos lo llaman “arte”... Envolver, desenredar, tejer y destrozar esta malla ha sido su ocupación en cada uno de estos planetas, y se teme que lo será en cada uno de los que vendrán.

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