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Magazine

10 febrero 2020
Iconografía y bocas abiertas

Antonio Ortega

Montse Badia me envió un mail en el que me pedía que hablara de una pieza que yo considerara icónica.

Como soy muy obediente, de inmediato, me puse a pensar en posibles obras que respondieran a dicha cualidad; la de ser icónicas.

De manera que, de repente, me di cuenta de que yo no sabía qué cualidades hacían de una pieza que ésta fuera icónica. Me pareció que la literalidad del significado icónico no era lo que, después, aplicaba para distinguir las obras icónicas de las que no lo son; esto es, no creo que Montse me pidiera que, en mi opinión, le dijera qué obra, de la historia del arte, había sido la más eficaz en devenir signo y que, además, ese signo tuviera la capacidad de ser reconocido por muchos como un elemento capaz de glosar a un artista, momento, contexto o movimiento artístico. Yo creo que Montse prefería que le presentara un ejemplo de obra de arte que tuviera la capacidad de ser memorable.

Seguí confeccionando ránquines en mi cabeza. Tratando de responder a, de todas las obras que he visto, cuál de ellas había conseguido  impactar indeleblemente en mi memoria. A falta de un criterio mejor para medir el impacto que había recibido de una obra, consideré buena idea tratar de recordar cuál era la que más me había impresionado. De modo que, todas aquellas obras que apelaban al intelecto y aquellas que precisaban de la relación con un contexto, cayeron de la lista.

Y decidí que la obra que me hubiera dejado con la boca abierta sería mi obra icónica.

Pues bien, en 1996 Tere Recarens presenta la obra Terremoto en La Capella. Unas estanterías repletas de objetos de vidrio y de cristal, apoyadas sobre unas tarimas inestables que configuraban un circuito por el que recorrer la exposición.

El año 2005 la galería Toni Tàpies edita un libro titulado heitere weitere polterei que recoge la mayoría de las obras que Tere Recarens había hecho hasta entonces. Una de las obras es Terremoto. En una página del libro hay una foto de una visión general de la exposición, en la página de al lado hay 6 fotos: las cuatro inferiores son imágenes de la activación de la pieza, en ellas aparece Miquel Baixas corriendo y provocando que muchos de los objetos de cristal caigan al suelo donde se rompen en pedazos y en las dos superiores (imagino a Tere mirando viejas grabaciones y fotografías, buscando imágenes del público para ver cómo les afectaba tanto estruendo) aparezco yo, con los ojos y la boca muy abiertos.

Terremoto de Tere Recarens es, sin duda, mi pieza icónica.

Antonio Ortega es artista y profesor. En una ocasión le preguntaron que cómo era que le gustaba escribir y sin embargo no le gustaba leer, a lo que respondió que por el mismo motivo por el que le gustaba hablar en lugar de escuchar. Tal vez sea esa la razón por la que, siempre que puede, deriva su practica artística al formato de conferencia.

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