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Magazine

08 abril 2014
© Photo by Leanne Nicholas
Larry Vigon: sueños, cuadernos y rock’n’roll

Malena Manrique


La última bienal de Venecia, significando la apertura del sistema hacia un arte visionario, autodidacta como el producido por outsiders, exhibía por primera vez el Libro Rojo de Jung, un proyecto,de Larry Vigon (Los Ángeles, 1950).

Homúnculos translúcidos en el baño, bolsas de té que brotan de una oreja, poros de la piel que vierten lubricante de motores, pinturas en el horno, huevos de oro a la venta en un tren… DREAM (Quantuck Lane Press, NY, 2005) es un libro que reproduce sus diarios de sueños: “La mayoría de los sueños son surrealistas. Mi libro es sexo, drogas y rock’n’roll”, dice parafraseando a Ian Dury. “Es gracioso, triste, tonto, dramático; contado todo a través de mensajes crípticos y surrealistas que vienen del subconsciente”.

Vigon primero escribe, o mejor transcribe, y luego piensa en una imagen relacionada. Así que lleva una especie de archivo de “obsesiones” que, en un segundo momento, van dando forma a sus sueños o a cualesquiera otras creaciones. De hecho, algunos motivos de sus pinturas personales han acabado en carátulas de discos para Fleetwood Mac, Chicago, Sinatra, folletos o anuncios publicitarios. “Poner el sueño por escrito es siempre el primer paso. Conforme voy escribiendo, mi comprensión del sueño se hace más clara. Entonces viene la imagen. Algunas veces la imagen junto al sueño no es su ilustración sino que refleja más bien cómo me veo dentro de él. Para mí es muy interesante cómo los proyectos vienen a mi encuentro, cuando la solución ya estaba en uno de mis diarios”. Pero también se declara “un soñador con los ojos abiertos, un observador de la vida que me rodea. Muy a menudo, cuando voy a mi estudio, no tengo ni idea de lo que voy a pintar. Empiezo a darle vueltas hasta que algo se me revela; puedo obtener una idea a partir de un garabato improvisado. La inspiración puede venir de cualquier parte”. Revelación, precisamente, es palabra cara a De Chirico, que así definía el proceso creativo de Enigma de una tarde de otoño (1910), nacido a partir de una ensoñación contada en un diario.

Entre sus influencias, Pollock, Bacon, Birkhäuser, Waterhouse, Tenneson, pero también Klimt, Klee, Miró, Modigliani: “todos, grandes pioneros”. Vigon recuerda la primera vez que vio las pinturas de Gauguin: “Estaba tan conmovido que se me hizo un nudo en la garganta. Varios años más tarde, mi mujer me regaló para mi cumpleaños un facsímil de Noa-Noa, el diario de Gauguin en Tahití. Tuvo una gran influencia sobre mí, pues recién empezaba a llevar mi diario de sueños. No tanto en lo que se refiere a las imágenes sino a la escritura. Había páginas enteras de notas manuscritas, con palabras garabateadas o párrafos enteros tachados. Había goteos y salpicaduras de tinta por doquier. Me encantó la textura y la coloración de las páginas escritas. Y eso dio paso a la idea de que no era necesario poner por escrito perfectamente mis sueños, sino que debía tratar las páginas escritas como piezas artísticas en sí mismas”. De ahí extrajo una lección anacrónica, que suscribiría Didi-Huberman: “Todos esos grandes artistas que abrieron nuevos senderos y nos dieron la posibilidad de hacer lo que hacemos siguen siendo relevantes: todavía podemos aprender de ellos”.

Vigon se recuerda siempre dibujando, ya desde el instituto, en las tapas de los cuadernos de sus compañeros, y siempre escuchando música, de todo tipo. No importa si se trata de Mick Fleetwood y su banda, de Carole King, Clapton, Morrison o los Beatles: “personajes icónicos que muestro en mis sueños y que a veces son gente con la que he trabajado, o que quizá he visto recientemente en una película. Músicos y actores, artistas que han dicho algo en su campo. La fama y el dinero les proporciona libertad para perseguir sus sueños artísticos. No deben preocuparse por si el alquiler del estudio es demasiado alto o si habrá alguien interesado en lo que están haciendo. Total libertad artística”.

Larry Vigon continuó escribiendo sus sueños durante dos años más después de la publicación de DREAM: “Tras 17 años transcribiendo cada sueño que podía recordar, al final decidí poner punto y final. Todavía llevo diarios, pero ahora sólo de imágenes”.

Malena Manrique se doctoró en historia del arte en la Universidad de Zaragoza, tras sus estudios de teoría y literatura artísticas del Siglo de Oro. Su deseo de huir del corsé de la crítica textual la arrojó en brazos de Goya, pero pronto se dio cuenta de que hablar con los difuntos podría convertirse en un monólogo: antes que medium prefirió ser mediadora. Desde 2002 vive en Italia. Es cofundadora y curadora de la Fundación del Garabato.

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