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13 junio 2013
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Mireia Sallarès. Los Monumentos a la vida vivida

Pilar Bonet

Habla con pasión y gesticula con las manos. Mireia Sallarès es una gran narradora de historias y prefiere la primera persona. Lleva muchos años tras los registros de vidas vividas, de aquellas realidades que consigna como verdadero patrimonio de la humanidad: «no se trata del derecho a la vida, sino del derecho a la vida vivida». Por ello sus personajes y los relatos son intensos, fronterizos y subversivos. Con frecuencia en voz de mujer.

Después de años de ruta en diversos países, de investigación y encuentros, lecturas y charlas, arrojo y dudas, acaba de inaugurar en el CA Tarragona su mejor exposición, hasta el momento. El gran espacio portuario cede su arquitectura a cinco proyectos que la artista ha realizado en los últimos diez años y casi inéditos para el público. Trabajos políticos, pero nunca panfletarios, proyectos de relación e intercambio con personajes reales que explican su historia a través de diversos formatos visuales y materiales. Son vidas en los atajos de lo cotidiano, todas ellas únicas y vulnerables pero con un objetivo compartido: resistirse al desamparo, la violencia, el olvido, la exclusión, la deportación, la soledad o a la ignominia. Los personajes de las historias son seres con biografías de gran significación existencial y política que comparten con la artista y con el público sus deseos y bravura.

Las obras de esta exposición se plantean desde medios y materiales habituales en el trabajo de Mireia Sallarès: registros audiovisuales, objetos, ediciones en papel, audio, fotografía, intervención en el espacio y textos. Pero hay un hilo conductor que conecta los cinco relatos: experiencias de vida beligerante frente los conflictos de la marginación y la violencia poniendo en cuestión la verdad o el poder. Zahïa es una mujer argelina que cada noche aparca su camión de comidas en el centro de Valence, extranjera en una zona afectada por la gentrificación que amenaza su único medio de subsistencia. El vídeo y la instalación ‘Le camion de Zahïa, conversations après le paradis perdu’ es un testimonio de las charlas nocturnas entre la propietaria, los clientes y la artista, un colectivo condenado a desaparecer frente al consumismo reglado y las ordenanzas municipales. Una chica vasca, Zaloa, en ‘Mi visado de modelo II’, se ve obligada a simular una profesión para obtener el visado de trabajo en Nueva York. La artista le ayuda a registrar un vídeo de presentación como modelo. Intercambio y complicidad para obrar espacios de resistencia desde la condición de extranjería que también marca a la artista.

El proyecto de armazón más compleja es ‘Las Muertes chiquitas’, realizado en México. El titulo es una expresión popular para referirse al orgasmo, y el cuerpo o la sexualidad actúan en todo el proyecto como un campo de batalla donde reconquistar la libertad y la dignidad. Cada particular vivencia de las mujeres entrevistadas en el largometraje ‘Las Muertes chiquitas’ es inolvidable. Durante cinco horas, mujeres de todos los estratos sociales y culturales hablan de su intimidad, deseos, miedos y luchas. Las voces de estas protagonistas tejen una crítica veraz sobre el contexto histórico y social al que pertenecen. Las sesiones que se han presentado en el MACBA han desbordado audiencia y expectativas, todo un fenómeno de audiencia.

La ciudad y sus comunidades específicas también protagonizan ‘Se escapó desnuda, un proyecto sobre la verdad’, realizado en Caracas y que regala un magnífico archivo audio de reflexiones sobre algo tan esquivo como la noción de verdad y su efecto en el comportamiento de las ideas y acciones humanas. Sin duda un gran trabajo de profundidad relacional es el proyecto ‘Las 7 cabronas del barrio de Tepito’, una de las zonas más peligrosas de la ciudad de México, donde las mujeres, las cabronas, dirimen la realidad del día a día confrontándose al sistema patriarcal, la violencia y las injusticias. A ellas está dedicado el pedestal para un monumento sin figura que se instala en el barrio y que genera el título global de la exposición ‘Monumentos’. Son historias a contracorriente, vidas rebeldes ajenas a la autocompasión que la artista pone en escena sin enjuiciar, con toda la potencia de ser vidas vividas y no como ejercicios conceptuales.

La exposición se construye como un único relato entre diversas historias y las mesas de documentación hacen de conectores. Una presentación que permite el diálogo más poroso con el público. Imprescindible conocer estos trabajos de Mireia Sallarès y poder también imaginar nuevas formas de realidad. Aquella realidad que, recordando las palabras de la poetisa Wislawa Szymborska que cita la artista, siempre se define a sí misma y por eso es más grande su misterio.

Va a intentarlo, de nuevo. Escribir sobre arte y cultura desde la crítica, gestionar producción desde el comisariado o compartir saberes desde la docencia, son registros que le permiten pensar en el factor político de la producción artística y su responsabilidad social. Algo menos glamuroso que una cátedra, un certificado de excelencia o un premio, pero al fin y al cabo algo que ocupa un tiempo decisivo y sin retorno. El mejor aplauso lo recibió de sus amigos, muchos de ellos artistas, haciendo una paella para todos. Va a intentarlo, de nuevo.

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