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10 junio 2013
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Momento Treppenwitz

Lucía Piedra

El término alemán «Treppenwitz», describe el acto de pensar una respuesta cuando ya ha pasado su momento pregunta y ocurre en lugares insospechados. Con la cuestión de ¿cómo articulamos la mediación (como agentes, artistas, educadores, comisarios) desde nuestros proyectos? me fui a Madrid, donde se exponía «Les maîtres du désordre» en el CaixaForum, comisariada por Jean de Loisy, presidente del Palais de Tokyo en París. Articulada en tres grandes secciones, “El orden imperfecto”, “El dominio del desorden” y “La catarsis”, la exposición analiza la noción del desorden a través de los diferentes modos de negociación con las entidades del poder. Negociar, dialogar, mediar, dando paso a la subversión, la obscenidad, la bacanal, la fiesta y finalmente el nuevo orden. La cuestión de la mediación atravesó el tiempo, desde la exposición a siguientes eventos.

En la sala, piezas de colecciones etnográficas; antropológicas, y colecciones privadas, como máscaras; trajes; amuletos; bastones y demás panoplia chamánica, convivían con piezas de diversos formatos contemporáneos de Thomas Hirschhorn; Joseph Beuys explicando cuadros a una liebre muerta; Anna Halprin con «Dancing my cancer»; Paul McCarthy con «Painter»; Oleg Kulik controlado como un «perro loco»; Anette Messaguer; Esther Ferrer; Antoni Tàpies; Sergio Prego; Jacques Lizènne; Stephen Dean; Jonathan Messe, entre otros y otras entrevistas, videos y material documental.

Los artistas-mediadores, con su práctica, registran como un etnógrafo, se activan como un sensor de la producción de conocimiento y generan «sentido» sobre su entorno. Lo performativo de las narrativas allí, parecía ser un gesto disruptivo en sí mismo, al final de un largo período de agotamiento, necesidad de cambio o de no entendimiento con el poder con el que se estuviese dialogando. El ambiente sobrecogedor y mi sensación al salir, fue la de cruzar una explosión y caer directamente al vacío. El «Desordre», mediante las disimiles vías de negociación, nos llevan al caos, de éste a la catarsis y de aquí, al nuevo orden. La cuestión de caos y orden, mas allá de ritos y chamanes, también es una cuestión política. Te puede aniquilar, también te puede salvar. Todo sonaba como a advertencia, sobre el terreno de lo conocido y lo desconocido -el nuevo paradigma de orden social al que nos abocamos- , lo visible -lo obsceno de la exposición, del control sobre todos nosotros- y lo invisible -los poderes de lo colectivo-. La lectura invitaba a la indisciplina.

De regreso en Barcelona, a través de un grupo de charlas, se desplazaba la estructura de «Les maîtres du désordre» de un momento a otro.
La primera conversación, se insertaba en ‘L’ordre Imparfait’, poniendo sobre la mesa de la imposibilidad de hacer y decir qué nos conduce a la literalidad, la narratividad, la dilución del discurso y finalmente al cuerpo y su última fisicidad. Luego Dora García pasaba por ‘El Dominio Del Desorden’ encarando desde el arte las convenciones éticas y posicionándose contra el “buenismo” del pensamiento. Dejando la ética, la moral, en la cuerda floja. Más tarde Valentín Roma nos dejó las ‘Palabras de Iniciados’, recorriendo Tàpies Contra Tàpies, en un acto desacomplejado y complejo a su vez, en la lectura de Tàpies y el arte, aterrizando dimensiones más cercanas al cuerpo. Convirtiendo la mediación en un estado de la cuestión, y no en la cuestión en sí misma. Y finalmente Oscar Abril indicó el camino a la ‘Catarsis’ dejando claro que el paradigma de la sociedad moderna se modificará, cuando el DIY sea el DIWO (Do It wiht others).

Factores en común: la performatividad de los discursos, de los sucesos, la deslocalización de la mirada, el cuestionamiento sobre la verdad. Todos hablan del momento en que el mediador apunta a revertir aquello de: “estar callado, sentado, escuchando y concentrado para luego aplaudir y salir”. No es una coincidencia.

La mediación pasa al ámbito de lo colectivo cuando es un proceso que se emite todo el tiempo, que se debe a una adaptación. Ya es un asunto de dominio colectivo. Se articula entonces en un cuerpo con voz, en nombre de su disciplina y de otras. Los mediadores se reconfiguran cada vez, en función de su estrategia. La mediación finalmente se convierte en un proceso dinámico y performativo, adquiriendo una dimensión política, en su relación con el resto, en su función.

Imagino que quizás a un estado de crisis como el que vivimos siga un momento catártico o varios, que resitúe todo a un nuevo paradigma. Mientras no sucede cabe preguntarse: ¿dónde, cómo y a través de quienes o de qué ocurrirá la catarsis de esta crisis? ¿Sucederá a través de la radicalidad social? ¿El mundo del arte está bien situado como sujeto político como para dar una respuesta eficaz a la búsqueda de este nuevo paradigma? ¿Cuál es el papel de los mediadores aquí?

Si es que la cultura es la opción más revolucionaria a largo plazo, como apuntó Montse Badia hace poco, necesitaremos desde nuestras posiciones, mediar para formatear las superficies donde se han impreso valores que ya no nos sirven y recuperar lo esencial: el cuerpo, en primera instancia.

Sin salir aun de la escalera pienso: El momento «Treppenwitz» parece suceder un poco donde la mediación: en la escalera, después «de», o acompañando «a», e intenta recrear la situación para poder, al fin, ir dando una respuesta.

Aterricé en Barcelona y luego en este mundo. Pasar de 31º a 10º creo que fue lo peor, pero es agua pasada. A tono con la actual precariedad, no necesito un jefe, ya lo tengo incorporado. Durante mucho tiempo estuve en silencio, un buen día decidí hablar, escribir. Me fascina la investigación sobre los procesos, las cosas, las experiencias y sus dimensiones políticas y sociales. Estoy convencida de que el arte es un modo de conocimiento, que espero nos ayude a entender mucho de lo que se nos escapa.

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