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14 octubre 2013
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Pierre Huyghe: una exposición muy frenchy con un perro

David G. Torres


En una fantástica entrevista de Emili Manzano a Santiago Auserón, el cantante de Radio Futura relataba su paso por la Universidad de Vinçennes en 1977 para asistir a las clases de Gilles Deleuze. En ella recuerda los madrugones para encontrar sitio, el humo, la aglomeración, la expectación, los gestos de Deleuze, el pensamiento eléctrico, rápido… Y un cartel en el fondo del aula que alertaba de los carteristas y al que alguien había añadido con rotulador una coletilla: “cuidado con los ladrones del concepto”. Un detalle, según Auserón, muy ‘frenchy’.

Esta podría ser una buena definición de lo ‘frenchy’: más que la ironía, el sarcasmo; o también una mueca socarrona que no puede evitar marcar una distancia intelectual frente a un fenómeno real; o, también más literalmente, el rotulador en la pared, esa cosa décontracté, despeinada, pelín guarrilla, sin que se note la intención, pero con toda la intención; y, por supuesto, el humo, la aglomeración y el gesto.

Por todo ello la gran exposición retrospectiva de Pierre Huyghe en el Centre Pompidou me parece muy ‘frenchy’. El rotulador que alerta del concepto es aquí la ausencia de montaje: la exposición se ha montado directamente sobre los restos de la exposición anterior de Mike Kelley. Incluso, he ahí el guiño ‘frenchy’, se han dejado por ahí algunas cartelas. Por supuesto que hay intención, disimulada, de reojo. También hay gesto, el más evidente, el elegante y famélico perro blanco con una pata rosa que se pasea por las salas, también las abejas o las hormigas que salen de pequeños agujeros de la pared. Y hay concepto. Aunque no está aclarado ni explicado, y entonces la exposición parece un recorrido por múltiples capítulos anecdóticos a través de los vídeos y proyectos que Pierre Huyghe ha realizado en los últimos 20 años y que le han convertido en el artista ejemplar de su generación tomando el relevo de la generación de Sophie Calle y compañía.

Están los proyectos en Estados Unidos sobre los que hay que saber algo con antelación para discernir exactamente en qué consistió esa interrupción en lo real que provocó una celebración festiva inventada por el artista en un pueblo remoto. Está el proyecto de la última Documenta, el dichoso perro y un vídeo que registra el proceso de la vida en un parque de Kassel. Y está, escondido, como si casi no hubiese sido nada, el célebre proyecto de Ang Lee. Pero ¿qué más falta de entre las cosas ‘frenchys’ que había en la clase de Deleuze, según Auserón? ¿Humo? No hay humo, pero sí llueve y nieva dentro de la sala recomponiendo un ciclo vital acelerado. ¿Aglomeraciones? Sí las hay. Me comenta un amigo nada ‘frenchy’ que la expo es un auténtico fenómeno y que hay jóvenes que van a pasar allí el día… Lo cierto es que un miércoles por la mañana estaba lleno de gente, muchos jóvenes, que no estaban exactamente visitando al exposición.

Porque eso sí, hay algo hipnótico, seductor, envolvente, una especie de atmósfera que hace de la exposición de Pierre Huyghe algo especial. Ahí está el gran qué: entre una exposición hecha aprovechando el montaje de otra (y que recuerda tanto a aquellas intenciones iniciales del Palais de Tokyo cuando no quería paredes falsas ni montajes específicos sino aprovechar lo que se tenía), sin claves ni ayuda para la lectura de los trabajos, los vídeos y proyectos de Pierre Huyghe pueden parecer una suma de anécdotas crípticas pero ejercen una fascinación que impele a preguntarse por ello, a buscar, a seguir mirando y a encontrar sonrisas cómplices cuando en medio de una sala, la vida aparece de repente, aunque ésta tenga la forma de un perro en los huesos que se rasca las pulgas.

http://www.davidgtorres.net

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