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Magazine

24 agosto 2020
¿Por qué sigue usted trabajando? … Pero ¿esto era un trabajo?

Gisela Chillida

NATALIA CARMINATI, artista, Capellades, 10 de agosto

¿Por qué trabajo? La verdad que me parece una pregunta excelente. Una tiene el impulso de responder lo primero que le viene a la cabeza pero creo que es una pregunta mucho más profunda que me hace reflexionar acerca de la relación que establezco con mi trabajo y acerca de cómo me identifico con éste. En principio, diría: porque responde a una realización personal, es parte de mi esencia como lo es el amor o cualquier otro ámbito de la vida, es esa esencia vital que me hace sentirme activa, viva, despierta, feliz. Mi trabajo, dado que el motor es la creación, es para mí un impulso que siento como natural. Puedo estar haciendo cualquier otra cosa y a la vez estar pensando en crear. Para mi es algo inevitable y que me hace feliz. Para mi es algo absolutamente necesario, aunque no siempre se corresponda con una remuneración. En cuanto a la compensación económica, sí existe un desfase entre el trabajo que me devuelve algo económicamente y mi trabajo como artista que cuestiona esa realización personal que una siente cuando está creando. boceteando, con las manos dentro de una obra… pero ese desfase no anula el trabajo. De cara al afuera (del arte), se ve como un trabajo poco productivo y poco necesario, aunque yo no lo vea ni sienta así. Para el afuera, incluso a veces para mi familia, parece una pérdida de tiempo. Pero yo lo vivo como más productivo y significativo que otras actividades laborales remuneradas. Entonces, sigo trabajando porque mi mente puede desligarse de esa ecuación trabajo-dinero y porque es una vía de realización de amor, de autosuperación, de autoexploración. Por eso, sigo trabajando y seguiré trabajando.

 

SQUH, DJ, Sabadell, 13 de agosto

La idea de trabajo está vinculada a las lógicas de mercado capitalistas. El trabajo es aquello que hace una persona, forzada por la necesidad de obtener riqueza para sobrevivir en sociedad.

Pero existen disciplinas humanas como el arte -y no sólo el arte, también otras como la ciencia, el deporte o la medicina-, cuya naturaleza entra en conflicto directo con estas lógicas de mercado. Sin embargo todas ellas están consideradas trabajo, con tal de hacerlas encajar de alguna manera en el sistema capitalista, cosa que luego suele generar anomalías, como por ejemplo la financiación de determinadas investigaciones científicas por lucrativas y no por la necesidad o el ansia humana de conocimiento, o los conflictos éticos que genera el hecho de que algunas personas no puedan acceder a servicios médicos necesarios por no disponer de suficiente capital para ello.

En el mundo del arte, otros ejemplos de este conflicto pueden ser la arbitrariedad con la que se valoran las piezas, o el propio éxito de un artista -cuya imagen se distorsiona en muchas ocasiones de manera intencionada a través de técnicas de marketing y mercadotecnia-, o los típicos enfrentamientos entre la mentalidad creativa y la mercantil en procesos de creación industriales como la música, los videojuegos y el cine.

La cosa es que vivimos en un mundo que requiere la monetización de cualquier actividad para poder llamarla trabajo. Es entonces cuando te conviertes en un profesional de algo. Mientras tanto, la cosa en cuestión permanece en el campo del ocio o la afición. En mi caso, yo soy un DJ profesional porque me pagan por ello, y aquellos lugares en los que he actuado constarán en mi currículum. Sin embargo, todas aquellas fiestas en las que he pinchado que no han sido remuneradas, mucha gente las considerará anecdóticas, a pesar de que para mí algunas de ellas puedan tener mucho más valor a nivel técnico y creativo.

Y es por eso que voy a seguir trabajando, aunque exista una pandemia mundial, o una guerra civil. Porque en el fondo, expresar el resultado de cierta pulsión creativa en nuestro interior es al fin y al cabo una necesidad. Y si encima te pagan ya es la hostia.

 

ENRIC PUIG PUNYET, escritor y director La Escocesa, Barcelona, 13 de agosto

De entrada, no cometeré la insensatez de confundir automáticamente, como muchos tendríamos la tendencia a hacer, la pregunta “¿Por qué sigue usted trabajando?” con la muy distinta “¿Por qué sigue usted trabajando en lo que trabaja?”. Esta última, para quienes ha sido formulada, es decir, para los que nos dedicamos a la cultura en este país —y, más aún, los que creemos, por ingenuidad, narcisismo u optimismo, que ciertas acciones artísticas tienen la rara capacidad de hacer emerger una alteración del mundo que habitamos—, equivaldría a preguntarse “¿Por qué sigue usted soportando esto?”, por qué seguimos aguantando la precariedad y la ingratitud por una función social que nuestro entorno no reconoce o que, en el mejor de los casos, tacha de ornamentación, de embellecimiento o, peor todavía, de mercancía especulativa.

Sin embargo, la cuestión aquí no es esa sino “¿Por qué sigue usted trabajando?”. Y ante esta pregunta, como digo, hay que evitar la ligereza de responder nada de lo escrito hasta aquí, sino fijarse ante todo, y más todavía hoy, en todos aquellos cuerpos humanos sin trabajo que no pueden subsistir, quienes querrían poder hallarse respondiendo ahora esta pregunta. Y hay que recordar también aquellos otros cuerpos que, víctimas de los procesos de alienación y automatización — que el sistema no solo aplica en las máquinas sino también en los cuerpos biológicos—, se ven obligados a repetir una y otra vez las mismas acciones sin sentido como parte de un empleo que nada tiene que ver con una concepción emancipatoria del trabajo —quienes, de nuevo, querrían estar en la posición de poder estar respondiendo esta pregunta.

No provengo de ningún linaje especialmente aventajado, ni económica ni simbólicamente, y sin embargo, en el momento de posicionarme vital y profesionalmente, tuve la sospecha de que la cultura podría servir para alterar el mundo opresivo e inaceptable que habitamos. Eso tuvo para mí, entre otras, la consecuencia de tener que compatibilizar durante mucho tiempo la función social que deseaba —ya fuera mediante la escritura, el comisariado o la docencia— con la herencia social que me obligaba a empleos indeseados para poder subsistir, vivir y seguir respirando entre mis creencias. A lo largo de esos años fui corrector, camarero, guía turístico, redactor de textos ajenos, técnico informático, dependiente de tienda y comercial, todos ellos empleos que no deseaba hacer pero que me permitían vivir en un mundo que sólo podía retribuirme para lo que, a mi entender, peor o más desganado hacía.

Hoy, afortunadamente, estoy en la posición privilegiada de poder vivir de un trabajo que no solo es relativamente emancipatorio —visto a la luz del sistema en el que estamos inscritos— sino que me permite una cierta función social acorde con mi ideología. Es un privilegio porque se incluye en un mundo al que, por su propia herencia estructural, le cuesta percibir la utilidad del arte y la cultura como catalizadores sociales, como lamentablemente sí percibe el provecho de cualquier empleo al servicio de la acumulación de capital. Seguiré trabajando cómodamente mientras esta situación de privilegio me dure —y con menos comodidad si algún día se me interrumpe—, persiguiendo, entre muchos otros empeños, que ser retribuido por un trabajo que imagina transformaciones disruptivas a largo plazo deje de ser una situación de privilegio.

 

GISÉLE MARTÍNEZ, arqueóloga, Barcelona, 14 de agosto

Porque queda bien

 

ESTEBAN CORNACHIA, artista, 14 de agosto

Porque puedo

 

JORDI MITJÀ, artista, 14 de agosto

Siempre digo que no sé hacer otra cosa y es la peor de las excusas.

 

ALBA MAYOL, filóloga, traductora y artista, Barcelona, 15 de agosto

Un plan de fuga

tiene que ver con una isla

Ella me dijo

Si haces eso, tu propia fuerza te destruirá

Lee este libro de Marguerite Duras

Preferiría no hablar de Marguerite Duras dije

Estuvimos un año hablando sobre ella

hasta la despedida, dijo Buon lavoro

En un texto sobre Autonomia Operaia:

Per quel che riguarda la mia esperienza, il modo in cui sono entrata nel movimento, quel

che mi interessava era la volontà che c’era di esprimere un rifiuto radicale del lavoro,

della fatica, di tutte le cose che sono caratteristiche del capitalismo. Cioè non mi battevo

perché ci fosse la bandiera rossa davanti alla fabbrica ma poi dentro si lavorasse allo

stesso modo di prima

Ella no hablaba del trabajo del capitalismo

hablaba de

acto

palabra

energía

libidinal

Todo lo que entra y sale de tus cuadernos clairefontaine

como luces inconexas transmitiendo una señal por descifrar

Haz lo que quieras, te envío esta obra de Claire Fontaine, para tu archivo:

 

ELADIO AGUILERA, artista, Barcelona, 17 de agosto

¿Y por qué no?

Pues es una pregunta que, aunque no lo parezca, me he hecho alguna que otra vez de rebote; ¿y por qué coño hago esto? ¿Para que? ¿Qué sentido tiene? Está más que comprobado que el arte no cambia el mundo, apenas tiene impacto en él. La onda expansiva del arte, en su mayoría, es bastante floja. Por otro lado, creo que tengo claro el puro idealismo que hay detrás de seguir pensando y ‘trabajando’ en arte. Parece que aún empuja el eco de aquel que le dijeron que tenía madera de artista solo por dibujar por inercia, aburrimiento y/o evasión. Y es que aguantamos en esto por pesados, insistentes y testarudos. Nos negamos a aceptar de una vez por todas que estamos a merced de muchos agentes externos de los que extraemos validación, reputación y, con suerte, algo de dinero. Pero la relación comercial no es lo que nos atrae, aunque sea una consecuencia bienvenida. Puede que lo que nos enganche sea la satisfacción o la promesa de realización personal, de catarsis, a través de algo que hemos cagado nosotros con la ayuda del arte que consumimos, las conversaciones con amigos, libros, cine y nuestro feed de Instagram. El hecho de poder conversar con otros a través de otra cosa que no sea la verborrea agotadora de la lengua.

 

TIRSO ORIVE,  artista, Canet, 17 de agosto

G – ¿Por qué sigue usted trabajando?

T – La interrogación que usted me hace quedaría respondida de esta forma (?).

G – Pro’siga’, por favor.

T – Consideramos que en esta cuestión, ‘seguir’ prevalece sobre el hecho de ‘trabajar’.

(un breve tiempo más tarde)

Ahora en la «quietud» ya no percibimos ningún per’seguimiento’ angustioso.

G – »Mire, pero no pare».

(pero un tiempo más tarde)

T – La »continuidad» se »’sostiene»’ como una proeza vital del que lo con’sigue’.

 

MABEL PALACÍN, artista, 23 de agosto

Sigo trabajando porque este trabajo se basa en la libertad, en la posibilidad de abrir otros mundos, otras formas y crear reglas propias, desobedecer las conductas diseñadas, incluso las propias. Este trabajo está ligado a una forma de vivir que implica elecciones, numerosas renuncias y fuertes compromisos que deben mantenerse con una cierta obsesión. Pero entre todo esto hay también una componente importante de placer y eso es ya un motivo suficiente.
Sigo trabajando porque creo y me esfuerzo por participar de una conversación que discurre desde mucho tiempo y se extiende por el espacio hacia lugares desconocidos.
Sigo trabajando como parte de esta conversación, a veces me parece que me responden y a veces me parece que estoy lanzando mensajes como cohetes al espacio.

 

DAVID G. TORRES, 24 de agosto

No lo sé

Gisela Chillida (Barcelona, 1987) es crítica de arte, comisaria independiente y gestora cultural. Escribe regularmente para las revistas y publicaciones Bonart, Hänsel i Gretel, Núvol-Digital de Cultura, La Maleta de Portbou, Politica&Prosa o Diario Levante. Recientemente, ha editado el libro “Galeries d’art a Catalunya” y el catálogo sobre la muestra “Tàpies/Alcaraz/Rubert” en Kunst Lager Haas de Berlín. Algunas de sus exposiciones como comisaria se han podido ver en las galerías Àngels Barcelona (Enésima Intempestiva), Arte Aurora (El pliegue y Seastanding) y Àcid Sulfúric (€uropolis), el espacio Cera 13 (Luna y polvo) o en Fase Espacio de Creación y Pensamiento. Desde 2018, coordina el Premio Loop Discover, celebrado en el marco del festival y feria de videoarte LOOP Barcelona.

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