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21 agosto 2013
¿Qué hay de nuevo en el Método Abramovic?

Estos días la cuenta atrás del Kickstarter para ayudar al Marina Abramovic Institute tiene lugar con la intención de socializar la última idea de la artista. Surgida de una “visión” que se materializó en su cabeza después de la performance de 736 horas en el MoMA con motivo de la retrospectiva “The Artist is Present”, Abramovic recauda fondos para su particular instituto que llevará la firma de Rem Koolhaas/OMA. La progresiva incursión de la “diosa de la performace” en el circuito de la moda, el divismo y las celebridades no deja margen de duda de que gran parte de la financiación necesaria ha sido ya cubierta. El crownfunding de 600.000 dólares es ahora una orquestada campaña de marketing donde “artistas-performance” del show business como Lady Gaga, Anthony and The Johnsons o el actor James Franco pueden volcar y redireccionar sus gabinetes de prensa.

La confluencia de los mundos del arte y las celebridades mediáticas en los Estados Unidos sigue el curso de la espectacularización y economización de la cultura. El arte, sin embargo, supone para muchas firmas comerciales un espacio único de distinción. La descripción conceptual de la futura Marina Abramovic Institute MAI resulta inquietante: “centro de educación y performance interdisciplinar, casa para el trabajo de larga duración y el Método Abramovic”. Sin duda lo más turbador es el término Método (M mayúscula). Como si se tratara de la invención de un doctor a la búsqueda de pacientes, este «Gran Método» no deja de ser una novedad más de los numerosos productos inmateriales e espirituales en venta.

En un destacado ensayo en Artforum el año pasado, “Farewell to an Identity”, Benjamin H. D. Buchloh declaraba que artistas como Marina Abramovic reconocían que había llegado la hora de identificarse plenamente y finalmente con el orden aparentemente ineludible de la espectacularización como el modo fundamental de su práctica, de manera que, en referencia a Abramovic, ésta no sólo borra las últimas diferencias residuales entre el espectáculo y la esfera de la producción cultural, sino que también amplía la legitimación del régimen del espectáculo a los registros de la formación del sujeto, haciendo que sus audiencias masoquistas celebren su propia sujeción hacia el espectáculo como condición de validez universal e indiscutible de la experiencia.

El Metodo Abramovic es un claro ejemplo de cómo las prácticas artísticas contemporáneas se han convertido en totalmente dependientes de una subjetividad neoliberal que tiene en el cuerpo y el alma su principal objeto de colonización. Siendo esto cierto, Abramovic también nos recuerda que el futuro ya está aquí (y el intercambio pseudo-científico de energías cósmicas que dicho método incorpora literalmente parecería ofrecernos todo un escenario digno de la mejor ciencia-ficción). No por casualidad, uno de los grandes del género, el escritor Kim Stanley Robinson, se ha inspirado en Marina para uno de sus personajes en la novela 2312 (publicada en 2012). Los gadgets espirituales y la búsqueda de una centralidad para el alma en tiempos turbulentos es algo que viene absorbiéndose desde las contraculturas de los sesenta recalando ahora en numerosas capas y clases de la sociedad. Aspirar la energía de minerales o asentar las raíces del yo son viejas modalidades explotadas por el carisma de líderes y gurús ahora al servicio del casino financiero.

Peio Aguirre escribe sobre arte, cine, música, teoría, arquitectura o política, entre otros temas. Los géneros que trabaja son el ensayo y el metacomentario, un espacio híbrido que funde las disciplinas en un nivel superior de interpretación. También comisaría (ocasionalmente) y desempeña otras tareas. Escribe en el blog “Crítica y metacomentario”.

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