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11 marzo 2013
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Se hace camino al andar, un concierto de Esther Ferrer

Irene Pomar

«La línea no existe en el mundo observable. Es una convención, un constructo cultural.» [[Conferencia La vie des lignes, Tim Ingold, Centre Pompidou-Metz, 20/02/2013)]]

La línea más activa y auténtica, ya sea dibujada en el aire o en un papel, es aquella que nace de un punto y es libre de desarrollarse sin limitaciones hacia donde quiera, según su propia temporalidad. Recorriéndola, los ojos siguen el mismo camino que la mano que la ha trazado. Refiriéndose a este pensamiento de Paul Klee, el antropólogo Tim Ingold introduce en su ensayo «Lines. A Brief History of Lines» una dicotomía entre este tipo de línea y aquellas que establecen un trayecto, las que van de un punto 1 a un punto 2 según un criterio de optimización del tiempo.

Hace un año vivimos en el Centre Pompidou-Metz un montaje que duró dos meses en el que una orquestra de 80 personas intervino para materializar las partituras de Sol LeWitt, pudiendo así ver, hasta julio de este año, 32 dibujos murales en blanco y negro en la Galerie 2 (“Sol LeWitt: Walldrawings from 1968 to 2007”, comisariada por Béatrice Gross). Mientras, una nueva exposición ha abierto sus puertas en el primer piso, “Une brève histoire de lignes”, comisariada por Hélène Guenin y Christophe Briend, que, más allá de una genealogía del dibujo desde 1925 hasta hoy, explora la incidencia de la línea en nuestra cotidianidad y en nuestro entorno. Inspirada en la mencionada obra homónima de Tim Ingold, incluye una selección de 220 obras de artistas como Vera Molnar, Duchamp, Kandinsky o Penone.

Esther Ferrer intervino el 16 y 17 de febrero con dos de sus acciones. Primero, con su performance “Parcourir un carré” atravesó la galería de Sol LeWitt deteniéndose en cada “alcoba”. Armada con 4 letras (A, B, C, D) y una partitura de combinaciones de 3, 4, 5, 6… elementos, recorría un cuadrado sin dejar otro trazo que el de la memoria, ante un público que seguía con detalle sus pasos anunciados y que estaba atento al acierto y al error y cuya concentración recaía finalmente en la presencia de la que recitaba letras y se movía en consecuencia. Una fina transición desde el juicio del resultado hasta la complicidad del proceso. Miradas íntimas entre el visitante y la artista dibujaban interrogantes en ese cuadrado cuya área de influencia desbordaba la geometría y los movimientos causales propios de una máquina de Turing, dando así paso a un acontecimiento con accidentes sutiles y silenciosos.

Al día siguiente, otra acción (“Se hace camino al andar”) empezaba en dos puntos diferentes de la ciudad de Metz. Por un lado, Esther Ferrer tomó como punto de partida la exposición “Une brève histoire de lignes” y, por otro, Arthur Debert interpretaba la acción arrancando del Frac Lorraine, donde se sucedían otras performances en el marco de la exposición “Les mondes nomades et autres variations autour de la ligne”, comisariada por Béatrice Josse y Raúl (Rulfo) Álvarez con la obra de Marco Godinho, Ceal Floyer, Vera Molnar, Torres García, Marina Abramovic, entre otros.

Así pues –decía- dos puntos de partida, unos treinta rollos de cinta adhesiva de pintor en la mochila y un camino por trazar que culminará en el encuentro. Ni invitado ni rechazado, un público espontáneo -conocedor y propietario de las calles por las que pasea cada domingo- se cruza con una persona que, literalmente, va dejando huella. En realidad, dos personas andan sobre la línea blanca que van dibujando; una línea que indica de dónde vienen pero no a dónde van. Mientras el caminante se mantiene constante en su gesto, unos se acercan para decir que han visto a su colega debajo del puente, en la otra punta de la ciudad y que “ánimo y suerte, ya queda menos para el encuentro”; otros miran curiosos; el responsable de seguridad del centro comercial pregunta quién va a despegar la línea del suelo al día siguiente; un vecino se indigna al ver una línea blanca frente a la entrada de su casa; un caniche olfatea la línea… La conclusión es el encuentro en la vieja place Saint Louis: un apretón de manos y Machado en cuatro idiomas: se hace camino al andar. Actores o figurantes, todos componen una partitura que se está escribiendo y cuya melodía se dibuja paso a paso; ésta parece esfumarse tan rápidamente que no recordamos si la hemos oído. Ya se sabe: presente efímero, memoria construida.

Las dos tipologías de líneas evocadas por Tim Ingold implican dos modos de vida y de estar en ella. Si la línea sólo existe entre dos puntos, el resultado es una red (network) en la que hay una clara diferencia entre las cosas y sus conexiones. El viaje en la red es el propio del transporte: el pasajero busca recorrer la distancia entre dos lugares bien definidos en un tiempo mínimo y no se halla en ninguna parte mientras se traslada de A a B. Por otro lado, si la distinción entre los puntos y las líneas desaparece, si las cosas no se distinguen de la relación entre las cosas, obtenemos una malla (meshwork), en la que el camino no tiene como función localizar a las personas. El paseante itinerante sigue su camino y mientras siga su camino siempre estará presente. Deambulando, mantiene una actitud que va más allá de la conexión; una comunicación que supera la correspondencia para dejar sitio a la interacción.

Partitura antes y durante, las Acciones de Esther Ferrer son las reglas mínimas de un juego, de un concierto con sus variaciones. Éstas conllevan la escucha, la mirada y la expectación, elementos que circulan sigilosamente en todos los sentidos liberando el acontecimiento de toda teatralidad. Un proceso sencillo, significativo y sin diagnósticos. Un concierto en el que la partitura sobrevive a un tempo cambiante; en el que la presencia del espectador (voluntario, voluntarioso o casual) modifica lo que está teniendo lugar. Líneas activas.

“Con tanta producción de exposiciones me han dicho que soy una militante del backstage y que el colmo de vivir entre bastidores es que uno acabe tan envuelto e implicado como el de la primera fila. Obsesionada por la diseminación de las líneas fronterizas, la crítica no es sino buscar y avanzar en el cuestionamiento constante de eso que tan bien clasificado está en mi hoja de cálculo. Líneas, borrones y personajes secundarios.”

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