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Magazine

30 enero 2013
Sublevación de Abril

Marla Jacarilla

Desde tiempos inmemoriales el arte se ha servido de la táctica del fake para desarrollar una gran cantidad de obras de diversa envergadura y cariz. Ya sea mediante la utilización de pseudónimos (Mark Twain, Robert Capa), la creación de heterónimos (Fernando Pessoa), la conformación de identidades múltiples (Luther Blissett), o la invención de identidades ficticias (Nat Tate o Pavel Jerdanowitch), el mundo del arte se ha visto a menudo enfrentado a la aparición de obras que de algún modo invitaban a cuestionar sus propios cimientos. Con una intencionalidad crítica, una gran carga de ironía y un cierto afán provocador, numerosos artistas han realizado obras cuyo fin último no es otro que inducir a un debate acerca de todos esos procesos burocráticos, sociales o económicos (casi siempre un tanto kafkianos) que los humanos asimilamos por inercia, acerca de muchos patrones y normas de conducta que aceptamos indefectiblemente sin cuestionarnos el por qué.

El misterioso artista Nat Tate no fue más que una creación del escritor William Boyd, el pintor Pavel Jerdanowitch (líder y único representante del movimiento desombracionista) una invención del periodista Paul Jordan Smith, y Naromji un personaje inventado por el publicista Jim Moran. Todos ellos irrumpieron en el panorama artístico levantando un gran revuelo, y los interrogantes sobre su posible inexistencia dejaron a un lado el debate sobre sus obras.

El proyecto Sublevación de Abril, seleccionado en la convocatoria de la Sala d’Art jove del año 2012, supone la intrusión de una artista ficticia llamada Petia Cervera Krupova dentro de un contexto muy concreto: el del arte emergente barcelonés. Y lo hace, no de un modo cualquiera, sino mediante la imitación de códigos, de lugares comunes que invaden dichos espacios, de modos de hacer que predominan y a menudo son vistos con buenos ojos por comisarios, agentes o críticos de arte. Más allá del afán provocador que se podría encontrar en una interpretación superficial de la obra, la intención real de Sublevación de Abril no es otra que la de elaborar un dispositivo de reflexión mediante, por, para y acerca del contexto artístico en cuestión. ¿Por qué hay características, maneras de hacer o temáticas que se repiten con excesiva frecuencia? ¿Favorece el contexto el desarrollo de un cierto tipo de proyectos? ¿Está dicho contexto definido por los artistas? ¿O son los artistas los que están condicionados por el mismo?

Una parte de Sublevación de Abril muestra entrevistas a personas relacionadas –directa o indirectamente, consciente o inconscientemente– con el proyecto. Artistas participantes en la convocatoria, tutores de la Sala d’Art Jove o miembros del jurado son invitados a formar parte mediante dichas entrevistas de esta identidad ficticia llamada Petia Cervera. En una entrevista realizada por el equipo de blogs&docs a la documentalista Hito Steyerl, ésta reflexionaba sobre lo que en términos jurídicos se ha dado en llamar “efecto Rashomon”: término que se aplica cuando los testimonios de diversos testigos no coinciden entre ellos (sin que necesariamente ninguno de dichos testigos esté mintiendo). A efectos legales, la declaración per se de un único testigo no tiene ningún valor, pero si comparamos varias declaraciones a menudo estas se desmienten. Esta ineluctable contradicción no sirve más que para reafirmarnos que se pueden mantener diversos tipos de relación con la verdad. ¿Podríamos encontrar dicho “efecto Rashomon” en todas esas entrevistas que conforman parte del proyecto? ¿Sería posible que Petia Cervera no fuese la creación de dos personas (Jose Begega y la que suscribe, Marla Jacarilla) sino que estuviese conformada por todos los que se acercan a ella?¿Que las contradicciones surgidas a partir de estas entrevistas formasen parte inherente de su volátil personalidad? ¿Es realmente necesario encontrar una única respuesta a todas esas dudas que el proyecto plantea?


A Marla Jacarilla le resulta difícil definirse, aunque lo intenta de modo obstinado desde que hace algunos años le explicaron que sería bueno que tuviese un statement. Hace arte (o al menos lo intenta), escribe sobre cine y reflexiona de vez en cuando sobre cosas que suelen pasar desapercibidas. En cierto modo, todo esto se sitúa a un mismo nivel: la obsesión por esas letras que forman palabras, que forman frases, que forman párrafos, que forman capítulos que nos cuentan historias.

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