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Magazine

04 enero 2013
«The ballad of Genesis and Lady Jaye»: Love is the law

Irina Mutt

El documental The ballad of Genesis and Lady Jaye, dirigido por Marie Losier, cuenta la historia de amor entre Genesis P. Orridge, músico y performer de bandas como Throbbing Gristle, y Lady Jaye, una dominatrix de Nueva York. Es una balada de amor que habla de arte, deseo y muerte, cuerpo y cirugía sin celebración de la carne o la individuación, más bien para borrar todo rastro del »yo» y fundirse en un abrazo con el otro, con el todo. Desaparecer a lo largo del proceso, el proceso de pandrogenia: fundir opuestos, crear un tercer género; operarse, ponerse silicona y limar cartílago para parecerte a quien amas que a su vez se irá pareciendo cada vez más a ti.

No se trata de transformar el cuerpo como acción artística al estilo Orlan, ni de cambiar el género a través de la cirugía. Genesis declara: »Algunos hombres sienten que son mujeres atrapadas en un cuerpo de hombre, hay mujeres que se sienten hombres atrapados en un cuerpo de mujer. Yo me siento atrapado en un cuerpo.» Podría ser un ejercicio un poco en plan mal rollo freudiano, según cómo se mire o si se saca de contexto. Pero dentro de la vida de Genesis, al contar toda su historia, el encuentro con Lady Jaye y el proyecto de pandrogenia cobra sentido.

Comunicar, sacudir la realidad y la subjetividad es algo que Genesis ha tenido presente desde sus inicios como performer y músico. Fue fundador del grupo de acción COUM Transmissions –mezcla de teatro de la crueldad y acción-, de ahí, y de la música utilizada como ambientación, acabó evolucionando en la banda Throbbing Gristtle. Música industrial que usaba la técnica del cut-up recogida de William Burroughs, mezclas y distorsiones, ruido que en general se caracterizaba por plantear los problemas de la sociedad y el ser humano de la forma más incómoda posible: imágenes de violencia, alusiones a sistemas totalitarios, o asesinos en serie como Charles Manson, poblaron la iconografía del grupo musical.

Throbbing Gristle era un puñetazo en la cara en plena época Tatcher. Señalaba lo que no funcionaba del sistema sin andarse con utopías complacientes o esquivar temas incómodos. Las letras de las canciones o las imágenes utilizadas tanto en portadas de los discos como en los directos, hablan de crueldad, control, paisajes post-nucleares y violencia. Y también de amor, un amor mutante, monstruoso, hecho de cuerpos más deseantes que deseados.

El proyecto musical de Genesis pasó luego por Psychic TV, con claras alusiones a los media y el control que estos ejercen sobre la subjetividad. Psychic TV se declaraban chamanes, hechiceros de palabras y significados. Sus conciertos eran como rituales báquicos en los que el principio de individuación se perdía en lo colectivo. Y sí, también mucha droga química y algún que otro momento en el que parece que Genesis ha perdido el norte con el rollo new age y el esoterismo a lo Alesteir Crowley y la Golden Dawn.

Pero Genesis dice cosas interesantes, las canta y las cuenta en numerosas entrevistas (y aquí internet es una mina en momentos de desplante, respuestas agudas, cuelgue fino y ataques verbales al sistema, al totalitarismo y a la hipocresía). Muy recomendable el consultar algunas de las entrevistas para conocer más sobre Genesis: la de el programa La Edad de oro –con la presentadora plasta- y una en Berlín en el 89 –fecha clave para el muro y todos sus significados-, no tienen desperdicio.

Con los años Genesis se hartó de Inglaterra y se fue a Estados Unidos, donde conoció a una dominatrix, Lady Jaye, y se enamoraron. En vez de tener hijos decidieron que se harían cirugía estética para parecerse y así crear un tercer ser, mezcla también de los dos.

El cuerpo como hardware, con múltiples posibilidades de formatearlo, de hackear el software, otra vez la técnica del «cut-up» de William Burroughs aplicada ahora a la identidad: que el cuerpo produzca otros significados, romper el control, interrumpir lo que se espera de él. El cuerpo en su ambivalencia: como plano de verdad, el cuerpo ES; y a la vez en su condición transitoria, el traje barato –cheap suite– decía Lady Jaye.

Sobre el proyecto de pandrogenia se puede hablar, hacer un documental, reproducir y difundir, puede producir discurso, pero no se puede poseer como obra de arte. Ni siquiera se puede poseer como cuerpo físico, ya que una de las dos partes del proyecto, Lady Jaye, murió. Aunque esto no supone un final, tan solo una transformación, una parte del proceso de ser, hacer y desaparecer.

Y al final de la historia todo encaja: el amor, la música, el dolor, el placer, la carne y lo inefable. Ya se iba configurando la historia para que la balada fuera real, que narrase un amor de verdad, un amor brutal y tierno. Como cantaba Genesis P.Orridge en «United», una canción de 1978 (realizada mucho antes de conocer a Lady Jaye.):

You become me

And I becomy you

She is she

And she is you too

United United

A corresponding game to play

A special way for us to stay

United United

Its a lie

Its the same

It’s a sigh

It’s a game

Its the why

Its the where and the when we’re United

United

You and I You and I

United United (…)

Love is the law

United United United You and I You and I United

Time will see us

We are everywhere

There is no why

There is no sky anymore

There is just us United

United

Irina Mutt sigue citando a Annie Sprinkle.

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