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Spotlight

10 marzo 2021
¿Cerrar la caja de los truenos?

Ana Llurba

Reseña de La caja de Pandora. Aspectos cambiantes de un símbolo mítico
Dora y Erwin Panofsky
Sans Soleil

Una caja. Una vasija. Una manzana. Un árbol. Una habitación prohibida. Una llave. Un bosque. Empujada por la curiosidad, una jovencita abrirá una caja o una puerta que debería estar cerrada. Otra se desviará del camino indicado, tomando el sendero equivocado para atravesar el bosque. Mucho más atrás en el tiempo, otra se dejó convencer por un anfibio para morder un fruto prohibido. Antes que ella otra mujer, creada a modo de venganza por los dioses, fue enviada a los comunes mortales para abrir una caja o volcar el contenido de una vasija. No hace falta volver a relatar los finales de todas estas historias porque ya son conocidos por todos. Ya sabemos cómo terminarán porque el castigo de la curiosidad, como síntoma del libre albedrío y la independencia de pensamiento femenino, es algo que fue inoculado en la cultura occidental desde los orígenes mismos de las mitologías más eficaces de occidente, primero por  la greco-romana y, después la cristiana. 

Glorificada por Calderón, Voltaire y Goethe, la voluntad ejemplificadora nos resulta familiar a todos, y por eso “la caja de Pandora” es un símbolo familiar. Pandora al pie del Partenón de Fidias recibiendo los dones de todos los dioses. Pandora siendo entregada a Epimeteo. Pandora espiando en aquella caja tal como la habían inmortalizado los pintores prerrafaelitas obsesionados con el poder de su  imagen. Pandora, creada en el yunque de Efesto, encendida a la vida con la misma llama que Prometeo había robado a los dioses y enviada por Hermes a los comunes mortales. Pandora fue la “Eva pagana”, y es una de las raras figuras mitológicas que ha conservado vitalidad hasta nuestros días. ¿Qué otra expresión como “abrir la caja de los truenos” para describir la incertidumbre ante el futuro después de los estragos de la pandemia ante los populismos y nacionalismos creciendo rampantes por Europa y el mundo?

Sin embargo, ese poderío simbólico no sería posible de dimensionar si no fuera por estudios paradigmáticos como éste que contribuyeron a difundir el alcance del mito en la historia del arte occidental. Publicado originalmente en 1956 por la editorial Panthon Books, este trabajo, fue el primero  firmado por Dora y Erwin Panofsky. No sería el último, pero la colaboración no se extendería más allá de 1966, cuando Dora murió. 

En este estudio clásico, Dora y Erwin Panofsky trazan la historia del mito de Pandora en la literatura y el arte europeos desde la época romana hasta el Renacimiento, continuando el foco de interés de uno de los fundadores de su disciplina, Aby Warburg. Además de la ardua operación genealógica que recorre la transmisión del mito en la literatura clásica desde Hesíodo, pasando por la tradición medieval, donde los Padres de la Iglesia la corroboraron como un antecedente del mito de Eva y el pecado original, hasta las relecturas de Erasmo de Rotterdam, durante el Renacimiento, el primero en especular sobre el origen de la caja o vaso, jarrón de cristal. La continuidad y variación de este tipo iconográfico en la pintura y la heráldica no estuvo ajeno a las atribuciones erróneas y las confusiones con otros mitos parecidos como el de Psique, así como también la representación de la Esperanza, lo último que se quedó en la caja al escaparse todos los males.

Más allá que desde el presente, esta muestra de erudición y enciclopedismo pueda verse desde la distancia condescendiente con que observamos desde nuevos paradigmas teóricos esta metodología fundante de la historia del arte contemporánea, este libro es una pieza clave en la evolución de la disciplina, así como una muestra de las condiciones de producción no solo materiales de la iconología en el Hamburgo de los años veinte. Un signo evidente es que este libro fue tratado con condescendencia por Erwin Panofsky, como una obra menor de la que no quiso hablar en sus conferencias. Como se señala en Pandora: Género y cronología, el pertinente prólogo introductorio de Luis Vives-Ferrándiz Sánches de la Universidad de Valencia, “PanDora” también simboliza la contracción, de ambos nombres del matrimonio en uno. La misma que usaron para firmar algunas cartas personales. Lo cual le adhiere una nota a tener en cuenta dentro de la exhibición de erudición y exhaustivo conocimiento de las fuentes que este estudio iconológico propone. Y también una pista del menosprecio de la vida doméstica y el trabajo de cuidados de Dora Panofsky, Mary Herz Warburg o Toni Cassirer llevaron a cabo para apoyar las flamantes carreras de sus esposos. Un trabajo que no era ajeno a la condición de posibilidad del trabajo intelectual. Leído desde el contexto actual, más que cerrar la caja, este estudio anima a mirar un poco más allá de la Esperanza y ver qué nos queda.

 

A Ana le fascina zambullirse en libros y películas, acercarse con precaución a esos tentáculos que yacen en las profundidades y volver para contar lo que ha visto. Estudió Teoría Literaria y Literatura Comparada en la UAB. Actualmente trabaja en el medio editorial, colabora con algunas revistas y fanzines y coordina el proyecto Honolulu Books.

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