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Spotlight

25 febrero 2021
¿A quién le calienta los Bañados?

Mientras las múltiples conversaciones de los y las asambleístas van reconfigurando sus propios planes para la reurbanización de los barrios marginados de la ciudad de Asunción llamados “los Bañados”, donde viven más de cien mil personas, me abstraigo de la reunión volviendo mentalmente sobre el texto de Preciado ¿A quién calienta la deuda griega? Recuerdo que el texto contrasta la hostilidad del clima polar sobre la vida de los y las atenienses con la comodidad imaginada de quién estaría gozando del confort ganado por el endeudamiento maldito. Recuerdo visualizar el vacío gélido de las salas, las habitaciones y pasillos de las casas. De la intimidad de la vida cotidiana arrasada por la precarización del deseo. Recuerdo el avance de la ruina de la ciudad que sobreviene con el frío que llega desde el mar y las montañas. De la ciudad petrificada por el aislamiento impuesto por el derrumbe europeo. Recuerdo avanzar en el relato sin entender hacia dónde se dirigía exactamente por malinterpretar el sentido del título correcto leyendo, en su lugar, ¿A quién “le” calienta la deuda griega? Recuerdo tener presente a Zizek, que entiende que las sociedades se constituyen a partir de sus formas de goce. Es decir, por medio de un hábito que se instala para repetir algún tipo de ejercicio de poder.

A medida que el ir y venir de las proyecciones para la reorganización comunal fluyen con las conversaciones simultáneas, como si modelaran en arcilla territorios, cuerpos y relaciones, me introducen en las historias que configuran la lucha de las agrupaciones bañadenses por la defensa del arraigo a su territorio. Su derecho a la ciudad. Hoy se discute el diseño de una encuesta que se le tomará a los habitantes de la zona de Chacarita. La imagen lumínica del formulario proyectada sobre esa pared con el videoproyector y la corrección del texto en tiempo real diseñan un graffiti colectivo y fugaz de una fuerza representacional poderosísima. Una verdadera intervención colaborativa del sistema administrativo-legal que los sujeta y excluye históricamente. Una exclusión que, según quien realiza la introducción a la asamblea, se trata de la habilitación estatal de un tipo de exclusión basada en el aumento del valor de la tierra para favorecer la acumulación por desposesión.

Las conversaciones que siguen son muy prácticas, pero detrás de ellas hay otras escenas. Debajo de cada palabra, de cada categoría, de cada propuesta de corrección verbalizada aparecen las historias de vida que no puedo alcanzar a comprender en su totalidad. Flotan en el aire como fenómenos sin forma. Trato de ponerles un título para recordar algo de ellas a la vez que les aplico un corte mortal y traicionero que, interrumpiendo las conexiones con la complejidad de la que participan, deja del otro lado aquello sobre lo que no podré volver. Quedan los Bañados como territorio de los indios payaguaes, y de la producción agrícola y hortícola en la época colonial, la historia vigente de la destrucción de los bosques y hábitats campesinos e indígenas por la irrupción del modelo agroexportador, la descomposición de las sociedades rurales y su expulsión hacia las periferias urbanas, la expansión del mercado de trabajo urbano a partir de los setentas ―especialmente de la construcción― que en las últimas décadas absorbió la mano de obra que la agricultura familiar dejó vacante, las inundaciones y las respuestas estatales que empeoraron la situación dejando entrever sus intenciones, como la construcción de la Avenida Costanera en el margen del río Paraguay, sin la canalización de los cauces de agua que hizo de tapón en lugar de escurridor.

La historia que captura toda mi atención es la que ocurre en el tiempo presente de la producción de conocimiento alternativo al del Estado que fortalece las búsquedas de las agrupaciones sociales, a la vez que produce su propia trama urbana comunitaria. Servicios públicos, escuelas, salitas de salud, calles, plazas, clubes, centros culturales y redes sociales. Todo. Hasta la enemistad y la falta de empatía pública por la reivindicación bañadense y su defensa costera. Como si su sola presencia pusiera en escena un miedo inconcebible, asociado a “todas las enfermedades sociales”. Relación injusta que los convierte en objeto de relegación urbana. Auyero dice que a pesar de que su nombre sugiere lo contrario Villa Paraíso ―en Buenos Aires― es un territorio marginado. Se me ocurre que algo parecido podría suceder con los Bañados.

Miro a los y las asambleístas a la cara, que reflejan la pesadez del calor insoportable. Miro sus ropas, que son como las mías. Arrugadas por el uso diario y el trabajo. Recorro con la vista la sala en toda su dimensión. El ventilador de techo que gira haciendo ruido a fricción de metales. La iluminación amarilla se mezcla con la luz azul, que llega desde el exterior y atraviesa los cristales de la ventana y las cortinas marrones. Inquieto, me acomodo en el banco haciendo rechinar la madera vieja y hamacando a las dos mujeres sentadas conmigo, como si estuviéramos en una pequeña canoa de pescadores artesanales de Mariano Roque Alonso. Si lo fueran, ellas serían dos del total de nueve lideresas de su comunidad. Quienes no tienen nombre, ni reconocimiento estatal por su aporte cultural, ni políticas descentralizadas acordes a su realidad cotidiana. Abandono que le resta capacidad de negociación con los actores estratégicos nacionales y que las condena a la insatisfacción de sus necesidades básicas y a la pobreza.

Más allá de las particularidades de cada abandono, y con la versión del título que se quiera elegir, me queda clarísimo que se trata del mismo tema. Que a nadie le importan los Bañados, y qué sectores del conjunto social gozan mientras los cubre un manto de agua mortífera. La idea me cae como un rayo. Superpongo la escena griega con la asuncena dando un salto de tiempo y de significados. Reformulo mi error de lectura, que no es un error, ni mucho menos. A nadie le calientan los hogares inundados de Chacarita, ni que su reurbanización, contradiciendo todas las promesas de los planes maestros, termine como ya sabemos, inexorablemente: empujando a los y las residentes más allá de su barrio, donde se construirán torres de cristal con vistas al río para que el sector financiero internacional siga inflando sus burbujas de irresponsabilidad. Para que el capitalismo tecnocientífico diseñe sus fantasías de inmortalidad banal, que nos infantiliza para seguir reproduciéndose. Re-expulsando a sus habitantes, los otros migrantes, los que no contamos y no vemos porque no salen en los medios. Quienes se sumarán a la masa de segregados que son arrojados fuera de los núcleos de las grandes ciudades contemporáneas que, según Bauman, nos divide entre turistas y vagabundos. Otra de las formas del apartheid mundial actual. La de los ciudadanos globales contra los que no podemos movernos de nuestra localidad tiranizante, salvo cuando nos desplazan para que las fronteras de los nuevos castillos se actualicen, como por la acción de una aplicación digital. A pesar del montaje de múltiples escenas para su ocultamiento y justificación, que buscan no dejar resquicio para ningún tipo de apelación, sin importar los efectos psicosociales de esa estratificación polarizada y excluyente.

© Imágenes: SERPAJ (2019) El Bañado: Vida y arraigo en disputa. Territorio, desigualdades sociales y derechos humanos. Asunción

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Como si me apresara un monstruoso cuerpo de agua, una fuerte corriente de emoción pesimista me arrolla empujándome hasta las profundidades arenosas de mi subjetividad. Una gran ola me convierte en uno de los diminutos pescadores de la estampa de Hokusai, que cae de su canoa y lucha contra las embestidas del gran cuerpo de agua para volver a subirse a ella. Otra obra que, reproducida hasta el hartazgo, muestra cuánto se necesita sentir, pensar y hacer para poder enfrentar ese tipo de propuestas. Desde mi banco de madera, junto a las dos pescadoras sentadas a mi lado, a quienes rindo honores íntimamente a través de sus avatares, igual de admirables por lo que hacen aquí, me cuento voluntariamente entre aquellos que en el área de Asunción componen el 9,90% de la población pesquera del país. Me pongo sus ropas y temo por que en los Bañados esa gran ola también termine salpicando a los futuros rascacielos que se construirán sobre ellos. No hace falta, para detenerse a pensar sobre lo que ocurre en los Bañados desde hace décadas, esperar a ver que las industrias culturales sirvan como instrumento de legitimación de otro de los tantos desarrollos urbanístico-inmobiliario prometedores de nuestras ciudades radiantes, más vigentes que nunca en la época de la intensificación neoliberal.

El Sr. Morínigo, que dirige la asamblea, hace un chiste y todos se ríen al mismo tiempo que me pregunto mentalmente: ¿a quién carajo le calienta los Bañados? Me río con desesperación sintonizando con la risa de todos. Un poco por reflejo y otro poco para no llamar la atención y pasar desapercibido. No quiero que imaginen lo que pienso, ni contagiarles mi emocionalidad. Me embarga una desilusión insoportable. Morínigo piensa que me río de su chiste enunciado mitad en español y mitad en guaraní. ¡¿Entendiste?! ―me pregunta señalándome con el dedo índice, incrédulo y exultante de alegría pensando que sí. Los Bañados, el nivel de preparación de la asamblea y la inteligencia colectiva de los chacariteños y las chacariteñas desplegada en esta escuela para la defensa de su derecho a la ciudad me dan ganas de aprender la profunda creatividad y fortaleza de la lengua guaraní. Lo siento como una deuda que ya no solo es con mi familia paraguayo-argentina. Así que asiento con la cabeza y me dejo contagiar por su alegría y confianza en sus capacidades comunitarias. Esta comunidad es la constructora material e inmaterial de mi barrio, la villa 21-24 de Buenos Aires, donde atravesamos un proceso de reurbanización similar, y prácticamente la primera en llegar a esta ribera. Sus migrantes construyeron la arquitectura de mi ascendencia. Así que la creo capaz de cualquier heroicidad y de mucho más. Sucedió en Atenas y en toda Grecia. Tiene que suceder en Asunción y en Paraguay, más allá de cualquier privación material, social y cultural extrema. En los Bañados está ocurriendo desde hace mucho años. Desde los bordes de la urbanidad, sus habitantes se interrogan ―como Zizek― acerca de cuál metáfora será la más apta para pensar la ciudad y la producción de identidad, señala el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) en sus informes sobre los barrios populares asuncenos. En esa búsqueda, sus asambleas formulan las preguntas y las respuestas que nuestras democracias raquíticas no quieren dar y muestran el camino con una claridad y lucidez que me dan ganas de llorar de emoción y de vivir acá. Sus asambleas dan testimonio sobre dos maneras opuestas de entender la reproducción y el cuidado de la vida: la de los sistemas maquinales representados por las instituciones estatales y la de los organismos “plástico-sociales” de las comunidades relegadas.

Asunción, octubre de 2019

 

(Imagen destacada: © Imágenes: SERPAJ (2019) El Bañado: Vida y arraigo en disputa. Territorio, desigualdades sociales y derechos humanos. Asunción).

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BIBLIOGRAFÍA

Albiol, A. (2008) Población dedicada a la pesca en Paraguay: el caso de Mariano Roque Alonso. Revista Población y desarrollo, Año 2008, Número 38.

Auyero, J. (2001) La política de los pobres. Buenos Aires:  Ediciones Manantial.

Bauman (2008) La globalización: consecuencias humanas. Buenos Aires: Fondo De Cultura Económica.

Pereira, H (2018) Urbanismo excluyente versus resistencia en el espacio popular construido en Asunción. Asunción: Quid 16, Junio-Noviembre, Año 2018 (p. 91-120)

Preciado, P. B. (2019) Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce. Barcelona: Anagrama

SERPAJ (2019) El Bañado: Vida y arraigo en disputa. Territorio, desigualdades sociales y derechos humanos. Asunción: SV Impresiones.

Zizek, S. (2002) “El malestar en la democracia formal” en Zizek (2002) Mirando el sesgo: una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular. Buenos Aires: Paidós

 

PÁGINAS WEBS CONSULTADAS

Diario Página 12 (2020) Franco ‘Bifo’ Berardi: Asistiremos al colapso final del orden económico global. Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/287069-franco-bifo-berardi-asistiremos-al-colapso-final-del-orden-e

Radio Ñandutí (2019) Pescadores se oponen a la construcción de un complejo y exigen indemnización. Disponible en: http://www.nanduti.com.py/2019/09/10/pescadores-se-oponen-la-construccion-complejo-exigen-indemnizacion/

Ezequiel Filgueira Risso és especialista en Política y gestión cultural (FLACSO Argentina y Universidad Nacional de Córdoba). Responsable de la Fundación Red ECCCO: para la Educación, la Ciencia, las Culturas comunitarias y la Cooperación; cuyo programa La voz ciudadana y sus jornadas de arte y cultura comunitaria han sido declarados de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz y la Comprensión Internacional. Mail: ezequielfr@gmail.com

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