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Spotlight

03 febrero 2021
Cuarto propio y red social

Ourownroom es un proyecto curatorial de la historiadora de arte Inés Ruíz Artola. El proyecto se inició en octubre de 2020 y está planificado que termine el 8 de marzo de 2021, coincidiendo con la celebración del Día Internacional de la Mujer. Un proyecto comisarial en progreso, donde las veinte artistas participantes han ido publicando su trabajo en las redes sociales Facebook e Instagram; realizado bajo las premisas determinadas en un continuo intercambio y diálogo de las condiciones entre las artistas y la comisaria. De este modo, Ourownroom se articula a lo largo de seis meses, durante los cuales cada semana, la cuenta creada con el mismo nombre en ambas redes, sirve de cuarto propio a cada una de las artistas invitadas, que desplegarán en ese tiempo un proyecto realizado aprovechando al máximo las características del formato. La idea es finalizar con las aportaciones de cinco escritoras, Florencia Abbate, Francisco Casas Silva, Belén García Abia, Margo Glantz y Kinga Stanczuk. Todas han querido participar aportando desde el ámbito literario, precisamente el que dio origen al proyecto, permitiendo así cerrar el círculo.

Podríamos pensar que existe una paradoja en el planteamiento de este ejercicio de creación que propone Artola. El título, que remite al texto de la escritora inglesa Virginia Woolf, Un cuarto propio, donde reclamaba para las mujeres creadoras el espacio privado necesario para poder concentrarse en el modo de ver femenino y así poder describir el mundo en sus propios términos, apelaba a un espacio situado más bien, en el contexto victoriano, en un interior. En cualquier caso, un cuarto íntimo y oculto a las demandas sociales y las miradas a las que estaban sometidas, y lo siguen estando aún hoy en día, las mujeres. Sin embargo, este cuarto propio situado en las redes sociales, abierto a la mirada ávida de los y las internautas del mundo, parecería muy alejado de la idea que resuena en el título, si no fuera porque todas las artistas participantes son performers. Como argumenta la historiadora Maite Garbayo, la performance “está fuertemente arraigada al contexto en el que se presenta, a las connotaciones físicas y simbólicas del lugar en el que acontece, a lo incalculable intrínseco al cuerpo de quién aparece” (Garbayo 2016, p. 58).

Por lo tanto, lo que nos plantea este proyecto es precisamente este aparecer en el espacio simbólico que representa actualmente en nuestra cultura la red social. Se suma, y convierte en cotidiana la extrañeza de mirar a otras en la pantalla, situación a la que la pandemia del Covid19 y el consecuente confinamiento nos ha desviado a todas. En Ourownroom, se nos invita a compartir un espacio, que por momentos se nos antoja muy físico ante el hecho performativo abordado desde la mirada scroll de las narrativas Facebook o Instagram, asumida con incomodidad y recelo. De este modo, compartimos un tiempo diferido que nos distancia de la performance pura, cuya naturaleza es la presencialidad, la sincronía de actor y espectador en el ritual de la puesta en acto de lo indecible, de la idea (Ferrando 2009, p.11). Miramos toda esa energía que no puede alcanzarnos, que no podemos recoger con nuestro propio cuerpo para compartir la experiencia y devolver algo. Nos llega su comunicación como un hecho suspendido y tratamos de participar con cierta dificultad debido a la distancia, al corte digital que propicia la solitaria práctica del rito. Un mostrar desde la lejanía, flotando en la representación frente a la acción directa que postula la performance. Tal vez Facebook e Instagram nos acompañan en la ficción del verdadero acontecimiento que ha sucedido en otro lugar, allí donde las artistas lo realizaron. ¿Cómo nos llega ese deseo?

Llamamos a Facebook e Instagram redes sociales y los solemos imaginar como irreales, transparentes, continuos. Los leemos con las claves y mapas del espacio físico en el que nos movemos y desplazamos nuestros cuerpos para relacionarnos con otras personas. Pero esa transparencia y la continuidad perceptiva del espacio, son una ficción. La realidad es que nos conforman fronteras físicas y especializadas del espacio (Lefebvre). Cada cosa en su sitio y cada acción en su lugar, del mismo modo que vestimos para la ocasión, caminamos y nos relacionamos en espacios específicos a cada relación social y nos proponemos también en cada caso como un fenómeno visual, que debe contar con las restricciones legales de la plataforma y gestionar la autocensura. ¿Qué régimen de visualidad forman y emplean Facebook e Instagram? Como espectadores y habitantes de las redes sociales, nuestra mirada nos introduce en estos espacios desplegados ante nuestras pantallas sobre la lógica de una conciencia intermitente, de atención pluridispersa, de disponibilidad culpable, de procastinación que, huyendo de una alienación laboral, cae de cabeza en la más sofisticada e implacable del mirar compulsivo.

En Ourownroom, cuerpos y espacios se despliegan en acciones tan diversas como las autoras que las ejecutan. Podríamos articular algunas categorías, solo para poder entrar en el trabajo propio de las artistas, sin ánimo de encerrarlas en criterios que, sin embargo, veremos desbordarse en muchas ocasiones y cruzar estas fronteras conceptuales sin decidir su pertinente ubicación en una más que en las otras. Así pues, si hablamos de cuerpo, transformaciones, deconstrucción sexo-género-raza, encontramos acciones que se desarrollan, sobre todo, en espacios exteriores; tanto Agata Zbylut (Polonia) como Frau Diamanda (Héctor Acuña, Perú) se situarían aquí con discursos, sin embargo, muy distantes. La segunda categoría comprendería el cuerpo, los textiles y fluidos, en las que el lugar suele ser la casa y el estudio, pero no exclusivamente. Las artistas que podríamos englobar en esta categoría, Gabriela Carmona (Chile), María Abaddon (Perú), Valeria Ghezzi (Perú), Cristina Savage (España), Izabela Chamczyk (Polonia), Wynnie Minerva (Perú) y Eliza Proszczuk (Polonia), trabajan situaciones vinculadas a la sexualidad, la autobiografía, la memoria social y el punto de vista feminista. En una tercera categoría definida por el cuerpo, el paisaje, el entorno, la ecología y el archivo, se situarían Mabe Bethônico (Brasil), Magdalena Firglag (Polonia/México), Liliana G. Cuellar (México), Natalia Jiménez Gallardo (España) y Jazmin Bakalarz (Argentina), desde planteamientos muy distintos, que merecerían un análisis en profundidad que, por cuestiones de extensión, no tienen cabida en esta reseña.

Las performers modifican con su trabajo el espacio de la red social al usarlo como no estaba previsto. Nos proponen un intercambio de un tipo diferente al que puede ser usual en Instagram o Facebook. Nos piden detenernos, mirar el desarrollo de una acción ante la cámara, leer ciertas notas manuscritas, seguir pistas, imágenes, ideas, significados; establecer comparaciones e interpretar. Es un experimento que pone en juego un modo específico de relación entre la obra y un espacio al que nos hemos visto impelidos a transitar los últimos tiempos. Sin duda las piezas aquí propuestas nos llevan a ampliar nuestro campo de experiencias, al articular una máquina de subjetivación y una visualidad narrativa que nos interpela como espectadores y testigos; que cuestiona nuestra situación como sujetos frente a la obra desde una distancia a la que ya no estábamos acostumbrados.

 

 

Isabel Garnelo Díez es Profesora Contratada Doctora, en el departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga. Su trabajo se centra en la creación e investigación artística y en la investigación teórica relacionada con el arte contemporáneo y la teoría del arte; interesándose especialmente por los discursos surgidos en los periodos de vanguardia y neo vanguardia del siglo XX, que tienen continuidad en las prácticas y teorías del arte del siglo XXI. Es miembro del proyecto de I+D: Prácticas de subjetividad en las artes contemporáneas. Recepción crítica y ficciones de la identidad desde la perspectiva de género (2016-2020)

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