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Spotlight

04 agosto 2022
Curators, go home!      documenta fifteen

Diana Padrón

Permítanme la ironía si digo que con esta hospitalaria consigna nos recibía el manifiesto de Sandra Ceballos, artista y fundadora del Laboratorio Aglutinador de la Habana, primer espacio independiente de dicha ciudad y refugio para las voces más desafiantes con las instituciones del país. Sandra Ceballos participa en documenta fifteen junto a Ezequiel Suárez, invitados por INSTAR (Instituto de Artivismo de Hannah Arendt fundado, entre otras, por la artista Tania Bruguera), uno de los 14 colectivos de base –los lumbung members– los cuales han invitado a su vez al resto de colectivos participantes sumando, entre unos y otros, los más de 1000 lumbung artists de la presente edición. Si bien el manifiesto de Sandra Ceballos tiene su origen en una exposición de 2008 bajo el mismo título en la cual la artista denunciaba el papel de los agentes culturales en el aparato del gobierno cubano, ubicado en el espacio de Documenta Halle, el texto esclarece en buena medida muchos de los nuevos paradigmas que han estado en el aire en la esfera artística de los últimos años y que sin duda esta nueva Documenta ha llevado hasta las últimas consecuencias. Me refiero a la cada vez más extendida sospecha hacia la curaduría en tanto que ejercicio autoritario, plagado –según la artista– de “eruditos veredictos”. Sandra Ceballos reconoce además “que esta muestra no ha sido curada por ningún especialista, crítico o curador, ha sido únicamente resuelta bajo voluntad impúdica y sin ataduras patológicas por los propios artistas participantes. El límite de expositores lo impuso el propio espacio físico”.

documenta fifiteen: Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), Espacio Aglutinador, 2022. Vista instalación, Documenta Halle, Kassel, 12. Junio 2022, Foto: Nicolas Wefers

Efectivamente, el colectivo interdisciplinario ruangrupa, responsable de la dirección artística de la documenta fifteen, ha reconocido que “nadie puede gestionar toda la Documenta”. Ese espíritu libertario que desafía toda estructura curatorial parece atravesar toda la propuesta, empezando por la ausencia de un tema o eje conceptual que habitualmente recoge el statement de un comisario. La documenta fifteen es más bien un despliegue de modos de hacer, de metodologías de acción y colaboración que sustituye lo curatorial por lo comunitario. Tampoco se puede decir que se corresponda con esa exposición que podía visitarse durante 100 días en Kassel, sino que es, contrariamente, un organismo dinámico que ha sido gestado colectivamente y que se irá activando a lo largo de los días con encuentros, conversaciones, performances, lecturas, talleres, fiestas…Ya se ha dicho que la documenta fifteen no es para verla, sino para vivirla. Las salas del Fridericianum y otras venues se han convertido en estudios de artistas, espacios asamblearios, living-rooms, escuelas, huertos, salas de videojuegos. Los procesos de trabajo de cada uno de los colectivos –presentados sin una mediación curatorial unificada– conviven con un skatepark, una sauna o un rururkids que, más que displays expositivos, configuran espacios en los que se reivindica la reunión, el juego y lo doméstico, tal vez una cierta utopía de comunidad post-pandémica, a la vez situada y globalmente orientada.

documenta fifteen: Asia Art Archive, 2022, The Black Archives, 2022. Vista instalación, Fridericianum, Kassel, 11. Junio 2022, Foto: Frank Sperling

Nada de ello remite pues a la lógica de un museo, en todo caso a un “desmuseo”, como el Folk Un-Museum del colectivo Inland en el Ottoneum, que reivindica los orígenes simulando el interior de una cueva en la que se proyecta un video producido en colaboración con Hito Steyerl, junto a un archivo de antropología sonora y la puesta en circulación de una cheesecoin. Y es que la documenta fifteen es en el fondo una gran cosmología que, además de tener la voluntad de dotar de servicios a la comunidad más allá de la propia Documenta, aspira a una nueva forma de producción, distribución y, sobre todo, de organización el mundo. Por supuesto, toda organización del mundo necesita una mitología originaria de la que parten todos los relatos y la de la documenta fifteen es el lumbung, un sistema indonesio de recogida y almacenamiento de arroz que no sólo organiza los recursos compartidos, sino que construye un nuevo lenguaje: lumbung members, lumbung artists, lumbung press, lumbung radio, lumbung kios, lumbung gallery, lumbung stories… No es casualidad, en este sentido, el peso que tienen en esta Documenta las diversas publicaciones que han sido editadas –con la coordinación del colectivo consonni– así como el rol de la lumbung press, una imprenta instalada en una de las salas de la Documenta Halle que representa, de manera literal, el espíritu de la documenta fifteen de apropiarse tanto de los medios de producción –extendiéndose además por primera vez al barrio industrial de Bettenhausen–, como del poder de construir las maneras de decir. La capacidad de nombrar los conceptos ha sido siempre la pretensión de todo proyecto que aspire a sustituir un tipo de poder por otro, como fue el caso de la Revolución Francesa, que renombró los meses y los días. Precisamente, el proyecto Manifold del artista Erick Beltrán en el Museum für Sepulkralkultur, desarrollado junto a estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Kassel, se pregunta, a través de una compleja instalación de esculturas, dibujos e infografías, qué imágenes (no siempre evidentes) surgen al preguntarnos por las diversas manifestaciones del poder.

documenta fifteen: Fridskul Common Library, Fridericianum, Kassel, 17. Junio 2022, Foto: Victoria Tomaschko

Con todo ello, la documenta fifteen sin duda nos invita a abrir definitivamente el debate sobre el comisariado –o la curaduría– en tanto que apología del statement, esa en la que cualquier metáfora puede ser estirada y encajada gratuitamente, cuando no a poner en duda el poder de ese curator que actúa casi como un bróker de las finanzas especulando con los contactos. Tal vez ello justifique que cada vez sean más los artistas que reivindiquen no somerterse a la lógica comisarial entendida como vehículo de selección y se dejen seducir por el do it yourself. Incluso puede que explique la proliferación de workshops en los que se apela a una “curaduría de la escucha”. Aunque cabría preguntarse si acaso toda curaduría bien entendida no consiste precisamente en esa escucha, en ese complejo proceso de mediación donde además de una atención a los artistas, se ha de dialogar también con los distintos trabajadores culturales implicados y, por supuesto, los diversos públicos. ¿O acaso podría negarse que toda curaduría es por definición colectiva? ruangrupa ha manifestado además que su proyecto para la Documenta está basado en la friendship. Aristóteles sabía que por amor a los amigos mismos no es posible serlo de muchos, que una suerte de selección afectiva es en el fondo una forma de cuidado. Quizás la selección curatorial pudiera ser entendida, de hecho, como un modo de responsabilidad y compromiso. Una responsabilidad y un compromiso cruciales a la hora de defender, no sólo la interpretación discursiva de un proyecto, sino sobre todo la presencia de los artistas y los equipos seleccionados.

Antes de que el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier llegara afirmar en el pleno opening de la documenta fifteen que existen límites en la libertad de los artistas, antes de que la obra del colectivo indonesio Taring Padi acabara siendo censurada, antes de que se suspendieran actividades y festejos, nos dio tiempo al menos de celebrar quien sabe si el inicio o el final de un ciclo en la fiesta queer BDSM organizada por Party Office b2b Fadescha en WH22, en el karaoke de Gudskul y Rururadio, en la rave convocada por el colectivo japonés Cinema Caravan y hasta darnos un baño en el Fulda tras visitar las instalaciones de MAMA en el Karlsaue y el puente Jumping in Hanoi de Recetas Urbanas. Y luego, eso sí, con resaca y con todo esto rondándome en la cabeza, me fui pa mi casa.

 

[Foto de portada: documenta fifiteen: Baan Noorg, The Rituals of Things, 2022. Vista instalación, Fridericianum, Kassel, 13. Juni 2022, Foto: Nicolas Wefers]

Diana Padrón: Trabajo porque me dijeron que era un juego, un debate, un baile y sí, muchas veces me lo paso pipa. Porque tengo un compromiso con la ciudad donde vivo, con el arte, con la crítica, con la esfera pública. Evidentemente trabajo porque es imperativo ser autosuficiente, pero sobre todo lo es acumular capital simbólico. Me parecería obsceno equipararme al trabajador asalariado, nuestro modelo es más bien el del empresario. Trabajo para reproducir el capital, para innovar en flexibilidad laboral, para experimentar lo último en autoexplotación y para que me inviten a fiestas divertidas. Paradójicamente, también trabajo para imaginarme alguna clase de colectivo. Porque al final, no vayamos a ser nihilistas, algo debe haber en el arte que apunte a alguna suerte de afuera. Trabajo por si algún día, entre todos, nos inventamos otro mundo / dianapadronalonso.com

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